Memorias de la Copa de Europa

“Qué nos va a contar uno del Atleti sobre Copas de Europa. Por fin este tío hará un post breve y conciso”.  Puedo entender la reacción, la mayoría quizá no comprendan por dónde van los tiros. El caso es que escribo ahora, pase lo que pase. Hablar a toro pasado es de cobardes.

“Son veintidós tíos en calzones corriendo por un prado, y aún está por ver que alguno te ayude a poner comida en la mesa”. Es cómo decir que un libro es un puñado de recortes de celulosa unidos en un cartón prensado.

¿Es el fútbol lo más importante de la vida?  No ¿de mi vida?  Ni muchísimo menos.

Sin embargo, de la misma forma que nos identificamos con los protagonistas de la literatura, el cine u otro tipo de arte, yo me identifico (entre otras influencias) con el Atleti. Del mismo modo que las acciones de grandes héroes de ficción inspiran nuestra forma de vida o nuestros objetivos, el Atleti me sirve de motivación e inspiración en mí día a día.

¿Es realmente comparable el devenir del Atlético de Madrid con mi vida? Pues no lo sé. ¿Realmente era Aquiles el bueno para Homero? ¿lo era Héctor? ¿Eran ‘Top Gun’ o ‘El Señor de los Anillos’ historias de amor homosexual encubiertas? ¿Es Pablo Iglesias un extraterrestre invasor que desea destruir España? Quién sabe. Al final, las mejores historias son aquellas resueltas a libre interpretación. No son más que lo que entendemos que son, que lo que queremos que sean.

Hasta que no he tenido una edad, evidentemente, no he tenido capacidad para perpetrar  toda esta perorata. Así que mentiría si dijera que el Atleti es una decisión personal. A fin de cuentas,  como casi todo hijo de vecino, acabas siendo del equipo de tu familia, del de la gente que te quiere y te influencia desde canijo. Y luego por el camino. Y de ahí, de ahí vienen mis memorias.

Por paradójico que pueda parecer, la Copa de Europa ha estado en mi vida desde que tengo uso de razón.

Recuerdo a mi abuelo (paterno) Jorge, ingeniero, farmacéutico y biólogo. Profesor y militar de profesión.  Recuerdo que nunca fue muy futbolero, supongo que era alguien excesivamente brillante para sacarle el jugo a tanta frivolidad. No me olvido de aquellas tardes en las que me iba a su casa a recibir clases de Matemáticas o Física, y acabábamos viendo el partido de Champions que emitían en abierto, mientras el Ateti deambulaba por la Intertoto. Y ahí, de vez en cuando, soltaba algunas de esas pocas palabras que le dedicaba al fútbol. Unas eran para sus compañeros y amigos del Aviación, en especial para Germán. Otras eran para contarme que, una vez hace mucho, el Atleti jugó una final de aquella competición.

Una final que vieron todos juntos en casa de mi madre, como siempre rememora a pesar de sus (calculo) 12 tiernos años, allá por Mayo  del 74. Apiñados en la pequeña habitación del televisor, vio junto a sus padres y sus dos hermanas como el Atleti tuvo aquella final en la mano. Junto a mis tías, siempre recuerdan la conferencia de mi tío Pepe desde Alemania (a dónde había ido a buscarse la vida) para felicitar por el título, poco antes de que el sueño se desvaneciera. A mi abuelo Tino lo conocí poco, una lástima dada  su fama de atlético de pro. Hoy, para atestiguarlo, sólo me queda un álbum de fotos con el escudo del Atleti grabado. Eso, y el tiempo que pasé con mi yaya, que sin ser una forofa al uso siempre tenía tiempo para su Atleti y para los infantiles berrinches de su nieto, que estoicamente trataba de consolar, mientras nuestro equipo volvía a hacer de las suyas.

Recuerdo vagamente aquellos cuartos de final contra el Ajax, junto a mis padres en el Calderón, con apenas  5 años. Recuerdo las peripecias de lo que cariñosamente llamo la ‘Peña del 16’ que formamos los pocos vecinos atléticos del número de mi calle. Recuerdo perfectamente el lugar exacto en el que pateé el escritorio con el gol de Ramos. Veo la tremenda expresión de déjà vu que se le quedó a mi padre (con quien tantas veces he compartido sofá y sufrimiento), convencido de que no habría más oportunidades de llevarnos la orejona, mientras Juanfran aseguraba al micrófono que volveríamos tras la derrota. No me olvido de las lágrimas de Alberto, el insigne atlético portero del edificio, que consolaba  la rabia de mi combativo hermano pequeño (convencido de que aún se podía en la prórroga). Tampoco del abrazo que le di a Pitu en el gol de Godín, uno de tantos con cada gol del Atleti en el Calderón. Recuerdo las efusivas llamadas tras cada victoria europea a mi amigo Mota, un convencido desde hace mucho de que si se cree y se trabaja, se puede.  Tampoco olvido que Kenji no dejó que me quedara en casa tras la caída, y no me permitió regresar hasta las 12 del día siguiente. En mi cabeza están muchas aventuras europeas en el Calderón con mi madre, haga frío o calor. Está ganar mil veces la Champions en el Pro con la rojiblanca. Está aquella parábola canalla que un grande de Rugby Atleti se sacó de la manga hace dos años, y que desde entonces espera su ‘final feliz’.

También tengo buena memoria para el rival. Recuerdo madridistas de bien (sí, alguno queda), que cuento entre mis amigos, consolándome en la derrota. Ahí están  los amigables debates por Facebook con mi primo Jose tras las noches europeas o los mensajes que se enviaba mi madre con mi primo Constan mientras sufríamos contra el Bayern. Recuerdo a otro Jose, muy del Madrid, sufrir conmigo los penalties frente al PSV. No podré sacarme de la cabeza, un cariñoso mensaje de enhorabuena por la décima, que fue lo último que pude decirle a mi amigo, a quien tanto quería.

Recuerdo muchas cosas y a muchas personas, y seguro me olvido de tantas otras. Por todo esto y ‘nada más’, llevo tres semanas en vilo, alternando euforia con pesimismo,  soñando fuerte. Una hipotética derrota sería dura, pero también traería más anécdotas, más recuerdos al baúl, mas por lo que seguir luchando.

Por toda esta memoria, y por la de tantos que se fueron sin ver levantar al Atleti una Copa de Europa, para mí, persona razonable donde las haya (ja), esto no es solo un partido de fútbol. No es un examen, no es un puesto de trabajo, no es la seguridad de la gente a la que quiero. No es mi vida, pero desde luego no es solo un partido de fútbol.

Aúpa Atleti!.

El otro día

Salgo de trabajar. El árbol ya estaba puesto, el centro iluminado. Se me acerca un individuo muy de las calles de Madrid, parece escapado del casting de “El pico”.

-Oye, perdona tío…

-Cuéntame

-Joder, eres el primero que se para, con las pintas que llevo…Cómo se nota que eres de barrio

– Del de Salamanca, exactamente.

Me mira raro y va al grano :

– ¿No tendrás algo para darme? Que necesito algo para volverme y…

Me reviso apurado, aún consciente de que sólo llevo encima un euro cincuenta para coger el metro y volver a casa, y así se lo comento. No me da tiempo a terminar de explicarme, ya se había pirado.

– ¡Adiós, eh!

Ni se gira.

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                               ***

Lo cierto es que no me apetecía un carajo entrar otra vez en la discoteca, hacía frío y tal, pero de verdad que no quería bajar otra vez. Suerte la mía que doy con dos chicas hablando en la puerta, dos médicas jóvenes, traumatóloga y psiquiatra para más detalles. Agradables y con pinta de ser de esa gente de la que puedes aprender algo. Mayores que yo, algo curvys… ya lo siento, no me quedé motivado por intención sexual alguna. A mi no me apetecía entrar otra vez, y ellas amablemente me facilitaron la distracción mientras salían mis colegas, además de iluminarme sobre un par de asuntos.

Agradecido y emocionado.

El caso es que tras una interesante conversación, y con el malévolo plan de poder continuar en el futuro (y avisando reiteradamente sobre esta, mi maligna intención), pido algún número de teléfono.

– No le haría gracia a mi novio.

– No creo que yo suponga tanta tentación (por no decirlo sobre ellas).

Ríen, besos, abrazos y adioses.

O a sus novios no les gusta que hagan amistades con pene, o de verdad seguían convencidas de que llevaba media hora hablando sobre asuntos técnicos y diagnósticos porque quería meterla. Voy a pensar bien del bueno del novio, que tampoco le conozco.

Me recuerda a otra vez  (estaba yo haciendo caso a una muchacha  para que un colega pudiera estar a solas con su amiga) en que una de esas diosas en posesión difusísima de cualquier tipo de belleza, clase o gracia, me soltó algo así como “porque nuestros amigos se hayan liado, no significa que lo vayamos a hacer nosotros”.  Pensé para mí “Menos mal que me lo has dicho tú, cachonda, si no, no respondo. Bombón, que eres el cuerpo del pecado, desgraciá“.

Una de dos. O con tanto baboso suelto tenemos a las chicas con una autoestima  muy por encima de sus posibilidades; o bien debo de tener pinta de protoviolador, por muy casto y bienintencionado que sea en mi cabeza el asunto. Igual las dos.

                               ***

Leo una entrevista a Jabois de hace tiempo. Sale aquel comentario tan habitual entre las estrellas del rock,  en este caso cambiando la música por la escritura. “Todos empezamos a escribir para follar”o algo asín.

¡Joder! -pienso- debo ser el peor (escribiendo) del mundo.

Deportes Nacionales (8): El apuntillador cojonero

Aquí les vengo a contar, una vez más, lo mejorcito de esas costumbres firmemente adoptadas por el españolito medio. Esas que nos resultan tan molestas como entrañables llegado el caso, a fin de cuentas es señal de que estás en casa.

Ojocuidao, advertidos quedan. Los seguidores de la disciplina que hoy tratamos resultan especialmente irritantes,  porque, si son buenos en lo suyo, defenderse de su agresión resulta prácticamente inútil. Quien los ha sufrido, sabe que un buen apuntillador cojonero es sigiloso. No le ves venir, acecha entre las sombras, paciente.

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Ahí estás tu, que aceptémoslo,  no eres muy guapo, tienes el six pack más bien oculto, no sabes si con la reserva te dará para llegar luego a casa y el único ser para el que tienes fama e influencia es tu perro, y cuando quiere bajar. Pero nada de eso importa, porque estás hablando con ella. No entiendes muy bien por qué, pero lleva aguantándote media hora y parece que está a gusto. Y es que si algo aprendiste, es que si no tienes cara, cuerpo, fama o pasta, más te vale saber hablar, ser divertido, incluso inteligente. Y si no se puede, que lo parezca, coño. Así que juegas tus cartas. Ella se toca el pelo, apunta lo interesante que resulta tu apreciación, y hasta asegura que resulta refrescante encontrar un tío con un poco de conversación sustancial. ¡Joder! esta es la tuya. No te has visto en otra así desde los 15 años.

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Ahora no te puedes poner nervioso. Sigue a lo tuyo, convéncela de que no eres un charlatán y en cuanto puedas buscaréis un sitio más cómodo para “continuar la conversación”. Y, justo entonces, cuando estás contando la anécdota más curiosa e interesante, Zas! Aparece, te corrige, te deja por los suelos, pone esa media sonrisilla condescendiente, y se desvanece.

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Ejecución perfecta. De repente ella trabaja mañana temprano, y en cinco minutos ya estas mirando en el móvil a ver si has cobrado para echarle gasolina al trasto. De camino a casa sigues jurando que ese tío no estaba en la fiesta, no le habías visto entrar, ni le volviste a ver tras el incidente. Era bueno. El muy cabrón.

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Los expertos de Cuarto Milenio especulan con la idea de que no sea un ser del todo corpóreo, cabe la posibilidad de que sólo se manifieste cuando el capital de humillación está muy alto, llega, liquida y se larga.

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Bien es cierto que si sólo habláramos sobre lo que realmente sabemos, se produciría un rotundo silencio en esto nuestro país. Partiendo de la base de que no me callo ni debajo del agua, que soy tirando a dicharachero por no decir plasta, trato de hacerlo con propiedad. Me considero una persona razonablemente leída, con un bagaje cultural aceptable. Vaya que si digo algo, es porque así lo creo. Ahora bien, y siento decepcionar a mis más acérrimos fans, sí, a (muchas) veces me equivoco. Considero que opinar a posteriori es de cobardes y oportunistas, y si tengo opinión de algo, me la juego. Luego me llevo guarrazos, claro, aprender lo llamo. En este contexto, no me gustan las correcciones, pero las acepto como necesarias, sobre todo cuando son instructivas y me hacen ver mi error.

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Sin embargo la verdadera habilidad de estos engendros reside en que no necesitan que su corrección se ajuste a la realidad. La mayoría de ellos no dan explicaciónes y no admiten réplica. Te miran con cara de “pobre imbécil, vaya triple te has tirado” y niegan con la cabeza manteniendo una sonrisilla para que parezca que hay buen rollo. Nada importa que tú tengas razón y que su correción sea absurda, mucho menos que no te conocen de nada y acaban de interrumpir una conversación ajena, con la falta de educación que demuestra, no. Lo que importa es que te han hundido, e intentar salir replicando no va a servir de nada.

Reaction GIF: no, Christian Bale, American Psycho

Cómo expeciencia personal, les dejo uno de mis múltiples encuentros con estos individuos. Iba yo en mi línea, dando la chapa porlos pasillos de la facultad a algunos desprevenidos compañeros. El caso es que no recuerdo bien por qué surgió el asunto, les estaba comentando que San Siro (el estadio dónde juegan Inter de Milan y AC Milan) no se llenaba casi nunca, que tenía malos porcentajes de afluencia, vaya. Evidentemente, cuando me quise dar cuenta, ahí estaba un hombrecillo asegurando ser seguidor milanista de toda la vida, con residencia en Milan incluida, que afirmó tajantemente que se llenaba siempre. En los milisegundos en los que traté de recordar cuál era la fuente de mi información (hablo mucho, pero pocas veces hablo por hablar), ya se había marcado la sonrisilla, la cara de pena, y había huído.

Reaction GIF: no, what?, Dr. Cox, Scrubs

Gracias a Dios, mis compañeros ya me conocen y no les iba a persuadir a esas alturas de nada bueno sobre mi persona. Aún así, estoy por jurar que desde entonces me escuchan todavía menos, si cabe.

Pues eso, ahí tienen las herramientas para identificar a este parásito social. Lamento no poder darles pistas para contrarrestar sus ataques, se me ocurre algo con una red y un bate de beísbol, pero tengo que desarrollarlo. Por otra parte sería guay conseguir belleza, pasta o fama, y así no necesitar hablar tanto, pero no lo acabo de ver, me van los retos.  Al margen, se aceptan propuestas.

Ah! Por cierto. 58%, 41%, 49% y 62%. Por si me lees, desgraciao.

El discurso del descanso

PcINO

Bueno gente, estamos. Hemos llegado hasta aquí. No os conozco a todos, y probablemente muchos ni siquiera me caeríais bien si no os quisiera ya. Yo tampoco soy – ni de lejos – el primero que llegó aquí, para qué engañarnos. El caso es que no nos encontramos aquí porque sí. Nadie ha hecho equipos por nosotros, ni nadie ha pretendido reteneros aquí. Nunca fuimos muchos, cada vez menos. Unos cuantos se fueron ya, debe estar bien eso de cobrar en mano y no en potencial, nadie culpa, nadie juzga, quizá todos. Lo único cierto es que ya no están de nuestro lado. Si bien siguen siendo amigos, también rivales. Algunos incluso colaboradores ocasionales.

No tenemos nombre, ni título ni carnet de socio. Pero con más o menos orgullo, todos sabemos de lo que hablo. Sabemos quienes sómos, lo que somos. Nunca nos interesó la felicidad, no si no podíamos hacer las cosas bien. Y es tan pretencioso como valiente, pero sí, sabemos con más claridad de la que nos gustaría lo que es bien. No es sencillo.

Claro que, como todos, queremos las cosas fáciles. Pero igualmente sabemos que nunca priorizamos querer. No por satisfacción, no por bondad, no por culpa. Igual sólo por una enfermiza costumbre de la cual no recordamos por qué nos contagiamos. Ocurrió y no tiene cura, sólo es prólogo. Uno que se repetirá cada vez que pasemos página, los que nos dejaron lo saben bien.

Los comentaristas rumorean de un cambio de sistema al descanso, de otra forma estamos condenados, dicen. Joder, cómo si no lo supiéramos. En el fondo lo sabíamos desde el principio. Nunca fuimos mejores, nunca superiores, nunca rebotaron las balas.

Estamos fuera, pero de nada sirve lamentarse, realmente nunca llegamos a entrar. Quien quiera entrar ahora, ha de saber que hay mucha cola, y que el precio, para quien sabe de valor, es inadmisible. Lo que sólo intuyen, es que cada vez que se asoman a ver a qué cojones jugamos, ganamos una batalla.

¿Cómo hasta aquí?, nos hemos perdonado menos de lo que hemos trabajado, y desde dentro se han reído de nosotros los días de cobro. No hemos visto más allá de tratar de dejar mejor las cosas, de dejar caer relativizaciones y abrazar responsabilidades al rojo. De joderla muy fuerte, de disfrutar a nuestra manera. De pasarlo bien, qué coño. Y aunque nadie se lo crea, queremos creer que así también se gana.

Vamos a dar un verdadero espectáculo. Vamos a seguir a lo nuestro. Hasta desfallecer. Sobre todo, vamos a darles un adversario. Uno mas soñador que digno, uno jodido de verdad. Y pasándolo como enanos.

Y volver a ganar.

JJG.

Crónica gastronómica: Armonía setas y vino 2014

Buenas gente, aquí les vengo con lo prometido. Ya les conté la última vez que paré por aquí que tenía en la cabeza incluir de la manita el buen comer y el buen beber en los cimientos del ideario del blog. Todo ello por supuesto en la línea de ese afán constructivo (ínfulas de influencer) que tan bien tengo escondido y tal y tal. La idea es presentar una suerte de crónica gastronómica (no tengo ni paladar ni experiencia para atreverme con la crítica) de mi última aventura culinaria. Al lío.

Curiosamente, el asunto empieza como una buena historia de miedo: un apacible encuentro durante el puente de Todos los Santos (que no fue tal, todo sea dicho), en un pueblecito de Soria, allá donde las ánimas llevan empadronadas más de 150 años, a pesar del frío. Algo tiene Soria, oiga.

Aprovechando tan maravilloso contexto, el Restaurante Cintora (El Royo, Soria) lleva celebrando durante el último lustro toda una experiencia mística. De la mano de la Asociación Micológica de El Royo y de José Ignacio Junguitu, “Armonía setas y vino” cumplía su sexta edición, con otro original encuentro culinario.

Un menú degustación de ocho platos, cada uno acompañado de un vino especialmente seleccionado, resume el -tan sencillo como efectivo-  modus operandi en el que se apoyan estas sugerentes jornadas. De esta forma, en Cintora consiguen superarse año tras año, hecho constatable en la creciente dificultad por conseguir mesa, amén de la presencia de -cada vez más- distinguidos comensales. Los que me conocen saben que bien poco puede importarme esto último a la hora de elegir dónde comer, pero uno siempre se alegra de que el trabajo bien hecho tenga su justo reconocimiento.

Dado que no pretendo hacer un análisis gastronómico, he seleccionado las que a mi modo de ver, fueron las claves de una velada fenomenal (yo cené el viernes 31, aunque podía reservarse entre más horarios).

La carta

Armonía Menú 2014

Reconozcámoslo, no soy nadie de fiar a la hora de juzgar si algo esta bueno o no lo está. Lo que por otra parte, no significa que no tenga nada que decir. Y desde luego tengo claro que la carta de este año era una auténtica maravilla. Materias primas de primera calidad, desde las más sencillas a otras más únicas y deseadas, unidas de forma innovadora en platos que no pierden de vista la tradición ni  las influencias de otras cocinas.

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Manitas trufadas y tosta de micuit con colmenilla (morchella), dos de los platos preferidos.

Por otra parte, nos encontramos una selección de vinos variada, atrevida y (en mi modesta opinión) acertadísimamente elegida. Igualmente, la elección tanto de opciones sencillas como  de caldos más exclusivos o peculiares aportó una refrescante nota de diversidad. Curioso debate se trajo la manzanilla sanluqueña.

Selección de los vinos. Destaca el Coto de Imaz embotellado en 1970.

La magnífica elección del menú solo reafirma una conclusión con la que ya trabajaba desde hace tiempo, y que (creo) no conviene perder de vista en estos tiempos de top chefs y estrellas Michelín a la orden del día.  A pesar de que muchos productos de tinte (y coste) premium tan fomentados en algunos sectores de alta cocina, puedan suponer excepcionales vivencias culinarias (como las morchellas o el vino antiguo), para comer y beber de maravilla no hacen falta grandes desembolsos y sí buena mano a la hora de elegir.

El equipo

Una parte fundamental a la hora de conseguir que la cena resultara toda una experiencia, fue la excelente coordinación entre todas las partes del equipo responsable de las jornadas.

En primer lugar, toda la plantilla de Cintora, que encabezados por el jefe de cocina, Jesús Jimeno Medrano “Suso”, consiguieron que el desarrollo del evento resultara realmente satisfactorio, con una combinación de protocolo, buenas formas y cercanía. Desde la cocina hasta el personal encargado de las mesas, todos demostraron tanta profesionalidad como  soltura y simpatía en la atención al cliente.

El equipo en plena faena.

Siempre he considerado que para motivar el gusto de alguien por alguna cuestión en particular, hacen falta expertos, pero también es fundamental que estos sean grandes comunicadores. A los requisitos de esta idea se ajusta perfectamente José Ignacio Junguitu, todo un especialista en vinos (además de un amante de los vinos antiguos), que igualmente puede presumir de un gran carisma y una buena dosis de habilidad comunicativa. Sus explicaciones, apreciaciones y anécdotas son siempre tan ilustrativas como bien recibidas por el cliente.

Finalmente, agradecer su trabajo a todos los participantes de la Asociación Micológica de El Royo, encargados de realizar una pequeña introducción a la parte más técnica de las setas que se degustarían durante la cena, así como de la realización de fotos y la presentación del evento.

El ambiente

Sin querer desprestigiar en absoluto el resto de ingredientes de una cena maravillosa, creo que el ambiente durante la jornada resultó ser el factor que verdaderamente redondeó el asunto.

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Disfrutando rodeado de buenos amigos.

Creo que no hay una mejor forma de sazonar una experiencia gastronómica de tanta calidad que con una atmósfera distendida, cercana y divertida. Y más teniendo en cuenta que con cada plato tocaba una señora copa de vino, con lo que irremediablemente conlleva. Huyendo de egos y “estiramientos”, más habituales de lo que nos gustaría, tanto la clientela como los organizadores y el personal crearon un entorno muy agradable y festivo.

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Un colofón espectacular. Miguel Pérez, componente de Jazset, interpretando a la guitarra uno de los temas que prepara en colaboración con la Asociación Micológica.

Las bromas de Junguitu, los reparos de Suso sobre algún plato, y los cánticos de la clientela y la asociación representan una buena muestra de lo que pretendo contarles. Si mientras disfrutas de la cena los encargados son capaces de mostrar lo que estas comiendo y bebiendo, su origen y proceso de elaboración, sus propias dudas al respecto e incluso se interesan sinceramente por tu opinión,  no sólo aprendes, si no que la noche adquiere otro grado, convirtiéndose en toda una celebración.

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Alternando con las ánimas.

Para acabar, agradecer una vez más todo su esfuerzo a  los responsables de llevar todo esto a cabo, y aprovechar para mentar las jornadas de caza de Cintora, que empiezan próximamente y que no pienso perderme.

Besos y abrazos.

JJG.

*Fotos; cortesía de A. García Tabernero.

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