Archivos Mensuales: marzo 2012

Banderas, estandartes y trincheras (1)

Muy buenas a todos ustedes, que resbalan de de nuevo por este, mi nuevo feudo. Empiezo mi primer post en esta nueva plataforma, espero les guste, les ponga, les agrade,  les incomode,  les joda…  Y es que ando  jodido para variar. Y es que uno no aprende. Uno no se entera de .

Y no se rían, que a uno ya a cierta edad, y a pesar de ser amante celoso y pasional de “The west wing”, le daba en la nariz  que las cosas en el (qué palabro más socorrido) convulso  mundillo de la política, al menos en esto nuestro país, no estaban muy allá que digamos. Vamos digo yo. A poco que uno posea o desarrolle un mínimo interés o conciencia política, se pispa, más pronto que tarde, de que el temita tiene miga.

Desde que Angelito, aquel chavalín del tuto,  con 15 años, y una determinación atroz, enfundado en su palestina, te dice que Dios no existe y que “Asnar es un facista “, que se lo ha dicho su padre, a uno ya le pica algo. Más cuando compruebas la firmeza y sensación de superioridad con la que lo suelta el campeón, coronándose rey a falta de respuesta factible a tan contundentes afirmaciones.

Picor que pasa a sarpullido cuando compruebas que Borjita, hasta hace poco amigo inseparable de Angelito, y también buen tipo en general, lleva contando toda la semana que  su tío le  “llevó el pasado viernes a un nitin del pepé” mientras luce una pegatina con dos pajarillos con orgullo. Mientras, ha dejado de referirse al bueno de Angelito como amigo y ahora le asigna un curioso adjetivo al que no encuentras mucho sentido, no más allá del que le dabas para describir el coche de Ferrari, las manzanas de la tele y la piel de algún indio de esas pelis que pacientemente veías con tu abuelo en verano, después de la etapa del tour.

Si ya lo comentas en casa, la puedes liar. Cuando seguro que la cagas, es si se te ocurre narrar la curiosa anécdota en medio del cumple del yayo. A cambio de tu más que interesante información, sólo recibes miradas incómodas, una patadita por debajo de la mesa de tu padre, y uno de esos pellizcos de tu madre, producto de la más depurada técnica transmitida durante generaciones. Prudentemente te callas, aunque el daño está hecho. Acabas de ver cómo comentarios de inocentes infantes desestabilizan la paz del mundo de los adultos, has comprobado como las cosas se tensan y se violentan. Y todo por las tonterías de Angelito y Borjita. Y bueno, las de su padre y su tío. Ya no puedes evitar meterte de cabeza en eso que cariñosamente llamamos “política”.

Lo irritante es cuando compruebas que años después la cosa sigue prácticamente igual. Incluso viendo a tus mayores, no tiene indicios de mejorar, más bien  se vuelve aún más tenso y jodesto el temita .

Es duro comprobar como lo único que cambia con el tiempo, es la dimensión de la discusión. Digamos que se tocan otros temas y de forma más profunda. Con argumentos más elaborados y tal. Y es todo lo que diferencia la discusión entre  los Borjita y Angelito del tuto, y los de la uni. Todos esos años, sólo han servido par acumular argumentos para su causa, el objetivo es tener razón y por ende y sobretodo no estar equivocados. Y tampoco les culaparé. Así les han enseñado y así lo han mamado. Porque la infinita retahíla de obtusos argumentos para su causa que son capaces de engendrar nuestros dos chicos, como podrán imaginar, no es consecuencia de un abierto y concienzudo hábito de lectura, de una búsqueda sincera de la verdad, o de animadas conversaciones con diplomáticos o periodistas honestos (si, alguno queda). Toda esa bilis, sólo diseñada para tragarla y vomitarla a cualquier indicio de replanteamiento o puesta en duda del esquema que a cada uno le ha tocado (o a elegido), es producto de generaciones y generaciones de Borjitas y Angelitos.

E insisto, la cosa no mejora. Cada vez la trinchera es más profunda, ya sólo se ven las puntas de banderas y estandartes. Los contendientes instalan ascensores para poder salir a la superficie. Algunos se quejan de que hace calor ahí abajo. Se está más comodón, no jodamos, a dónde va a parar.

Todo esto se hace más grave al comprobar que como jefes de trincheras, como pregoneros de proclamas, aleccionadores y líderes, tenemos gente que está pasada de todo esto. Gente que con la formación, experiencia, inteligencia y sabiduría que atesoran, debe de hacer mucho que no se creen la historia. Y hablo de periodistas, religiosos, sindicalistas y estrellas del rock. Aquí, para variar, tenemos de todo, y para todos.  No podemos negar, que la cosa está fea.

Esta desalentadora verdad es la que vive el panorama político español. Y está más allá de crisis, reformas laborales, terrorismo y decretazos. En el fondo todo eso nos importa una mierda. Lo que importa es tener razón. Es no estar equivocado. Es ganar un punto para los míos. El problema es que a cada punto, la trinchera se profundiza, y la cosa ya es crónica.

Siendo una persona profundamente política (que no partidista), esta es una realidad que vislumbraba desde hace tiempo. Pero hasta hace poco no he podido ser testigo directo de las titánicas dimensiones que alcanza esta división. Concretamente, desde que gasto “twitter”. Esa plataforma maravillosa para ver, compartir y aprender opiniones y puntos de vista. Todos los que quieras y más.  Y, salvo contadas maravillas, todo esa diversidad sólo me ha servido para darme cuenta de lo que hasta ahora os cuento. He acabado hasta los genitales de Borjitas y Angelitos. Hasta los mismísimos, vaya. Incluso, he descubierto, que cuando más éxitos cosecho (traducidos en ReTuits y Followers) es cuando escribo las sentencias menos elaboradas, más instintivas, y más provenientes de un cabreo momentáneo o una reflexión poco justa. Llegando incluso a acumular 4 ó 5 RT’s sobre un comentario completamente irónico y/o sarcástico, y créanme que se notaba. Y es que nos encanta la carnaza (aunque eso ya es para otro post).

Por todo esto y por poco más (lo se, me he vuelto a poner plasta), inicio esta colección de tres capítulos, dónde además de la introducción que acaban de disfrutar, incluiré una descripción totalmente objetiva, sana y constructiva (risas) de nuestros Angelitos y Borjitas, y de lo que más me repatea de todos ellos.

PD: Emulando al señor Reverte (Don Arturo, si) , referencia y ejemplo para mi persona, y con el afán de no caer en la misma trampa en la que tropezó tan curtido opinador , añadiré que Borjita y Angelito, podían haber sido Clarita y Sandrita, Mengana y Fulano, Marianito y Mafalda. Con pitos y sin ellos, me da bastante igual, vamos que me la refanfinfla.

Ale, y eso.

JJG

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La presentación.

Bienvenidos a todos.

Empecemos con este pequeño post de presentación:

Respecto al título del blog, seguramente hayan captado el inquietante y magistralmente ingenioso juego de palabras con “montaña rusa”. Bien.

No le busquen más. En serio. Podría inventarme en los próximos treinta segundos pretenciosas explicaciones psicodélicas sobre la metáfora que supone el mismo. Podría hablarles sobre la caída libre de los ideales o de los loopings de la ilusión humana. Podría contarles historias metafísicas acerca de las colinas de ilusiones sobre las que viven nuestros afanes y deseos, y lo fácilmente colapsables que resultan al mínimo temblor.

Pero no lo voy a hacer. Porque les respeto, y no quiero que traguen más mierda. Al menos no aquí. Conmigo quiero que disfruten, se diviertan, rían, se molesten, cabreen y suelten espumarajos. Quiero que opinen, debatan y aprendamos. Pero no quiero darles mierda, o al menos no sin salsa o un buen aliño.

Así que si se preguntan el por qué del título, ahí lo tienen.  Puse la primera imbecilidad típica de un título de blog… que al mismo tiempo me sirve para criticar y para advertirles de mis sanas intenciones.

Pues eso.

Sobre mí, poco tengo que decirles.

Atiendo a Jorge, Gio o como narices quieran referirse a mí.

Hablo claro, y directo. O al menos lo pretendo. Llamo a las cosas por su nombre.

No insulto, describo. Es coña. Bueno, a medias.

Y si, resulto “porculero”, pero es lo que toca. Nadie pregunta cosas que no consigues que le interesen. Y a veces, la forma más rápida de llegar al “interés” humano, es por las bravas, provocando, apretando tuercas.

Es lo que pienso y como lo hago, quien quiera discutirlo, adelante, le animo.

Me gusta debatir y hasta discutir. Que no es lo mismo que pelear.

No tengo la verdad absoluta ni lo pretendo, saber mucho siempre acaba siendo un marrón, y a mi me sobran. Pero no me den mierda.

Considero que un hombre tiene un límite de soplapolleces que es capaz de digerir. A partir del cual empieza a creerse superior a quien le rodea. Hago esfuerzos por no ser tan pretencioso, espero, no me pongan al zancadilla.

No trago los formalismos absurdos ni las correcciones protocolarias. Ahora bien, soy un admirador de las buenas maneras, la buena educación y la conversación civilizada (o al menos de mis conceptos al respecto). Por ahí donde quieran.

En contra de lo que podría parecer, me alejo bastante de sentir alegría por haberme conocido. De hecho, siempre me he considerado un soberano gilipollas. Simplemente creo que la mayoría de la gente me supera en ese aspecto.

Acostumbro a hablar sobre política, sociedad, deporte o incluso moda (próximamente).

Anteriores a este post de presentación he subido publicaciones antiguas que compartía a través de otro formato. Ahí podrán ver por donde cojeo.

¿Objetivo?, ¿sinceramente? el desahogo más catártico que pueda conseguir. Y el pacharán con dos hielos es trampa. No me puedo permitir la rehab. Y bueno, si ya de paso consigo que dos o tres valientes incautos, piensen un poco como yo,  quizás haga del mundo un lugar ligeramente más habitable y mi propia existencia mas dulce. Pero eso ya es onanismo.

Para insultos, calumnias, amenazas o donaciones (cada uno se divierte como quiere, y buenamente puede) usen los comentarios.

Henry Ford dijo que “pensar es el trabajo más difícil que existe; quizá sea ésta la razón por la que haya pocas personas que lo practiquen”. Quédense con la copla.

Gracias a todos, y permítanse el gustazo de pensar, es lo mejor que puedo decirles.

Ladrones y piratas

Ya está. Aquí lo tenemos. Ese momento que pensamos que nunca llegaría, está aquí. A pesar del abrumador rechazo mayoritario. A pesar de la postura de sabios y entendidos. A pesar de la evidente falta de respaldo legal. Las llamadas leyes antipiratería, se han impuesto.

Ayer cerraba MEGAUPLOAD, una de las más grandes webs de intercambio de archivos, y a su vez, una de las más visitadas de España, estando MEGAVIDEO, una de sus secciones, en el número trece del ranking. El FBI asegura que los arrestos y el cierre de servidores nada tienen que ver con las leyes que pronto verán la luz de forma oficial (conocidas como SOPA y PIPA), que son en base a delitos de blanqueo de dinero y demás. Como con Al Capone, encarcelado por evasión de impuestos. Les ha costado encontrarle las cosquillas, pero al final, lo han conseguido.
Con este suceso las descargas gratuitas a través de este tipo de páginas empiezan a ver su final. El debate es de sobra conocido, no me entretendré en desgranarlo de nuevo. Lo que pretendo es dar una nueva visión a este debate.

No me malinterpreten, entiendo que siendo autor, el hecho de que tu trabajo se distribuya de forma gratuita (por encima de tu consentimiento) no te haga puñetera gracia. También es tu trabajo, y, en muchas ocasiones, además vives de ello. No entraré en eufemismos y tergiversaciones sobre lo saludable que es “compartir” y que no hay nada de malo en ello. Seamos honestos. Un porcentaje muy bajo de las personas que utilizamos estas páginas “compartimos” nada. Aprovechamos el trabajo de otras personas, conocidas por “uploaders”, para tratar de pasar un rato entretenido o al menos perder el tiempo de forma cuasi honrosa con una buena película o una buena serie. Y de paso nos ahorramos unas pelas. Que no está la cosa para caprichos. Pero no nos engañemos. A fin de cuentas consumimos trabajo ajeno por el cual tendríamos que pagar, no deja de ser un servicio. O al menos yo lo entiendo así.

Ahora bien, por el contrario no podemos obviar la importancia a nivel cultural que tienen estos servicios. Precisamente en un país en el que tristemente no podemos presumir de ser “los más listos de la clase” -aunque a menudo nos lo creamos- no estaría de más facilitar el acceso a la cultura, especialmente a los más jóvenes. Y no me salgan con lo de siempre. También me sé la del “carnet joven”, el día del espectador y demás pantomimas a todas luces insuficientes, sólo útiles de cara a la galería. Considero que la inaccesibilidad que tenemos a la cultura no es por falta de oferta o publicidad. Es porque es cara. Así de simple. Acérquense a cualquier librería y busquen la edición más barata de “Crimen y castigo”, de Fiodor Dostoievsky, por poner un ejemplo. Descubrirán, como hice yo, que lo más barato ronda los 5 euros y buscando en librerías de segunda mano y en ofertas cutres de amontonamientos de supermercado. Si buscan, como hice yo este verano, la filmografía de Billy Wilder, descubrirán que con suerte las ediciones en DVD más cutres, rondan los doce euros por filme. Vamos, que comprando los “clásicos” la gracia saldría por unos cincuenta o sesenta euros.

De acuerdo que a primera vista no parecen unos precios tan desorbitados como pretendo que los vean. Pero no podemos olvidar que tenemos una tasa de paro juvenil que asusta. Por no hablar de fracaso escolar, o de niveles de cultura general. Y todo esto, si además pretendemos que los chavales estudien, y por tanto no puedan trabajar o al menos no por algo más de unos pocos euros para pagarse un par de cervezas, pues entonces sí que es caro.

Y si, llámenme carca si lo desean, pero considero los bienes culturales expuestos en ambos ejemplos como fundamentales para cualquier mente susceptible de ser cultivada. Además de suponer un placer maravilloso para cualquier individuo que “se deje”, ya sea infante o vetusto.
Por todo esto considero que obras como las anteriormente citadas deberían de tener un acceso prácticamente gratuito para cualquier ciudadano, con más inri tratándose de población joven. Pienso que habría que pagar, pero pagar un precio simbólico, que no suponga para nadie dejar de tomarse una cerveza o no poder pagar el metrobús. Pagar porque es trabajo de alguien y es justo que se remunere. Sin más.

Y es aquí donde encuentro el problema de base del debate. Aceptamos sin remilgos que un artista de éxito, debe, por imperativo, cobrar indecentes cantidades de dinero. Tanto que no sepa qué narices hacer con esos ingresos. Partiendo de esta premisa, el precio de libros, discos, Dvd’s , merchandising y demás, no puede sino, estar a la altura de tan titánicas cantidades.

Diagnostiquen mi trastorno si quieren, pero sinceramente no comprendo por qué un artista exitoso no puede tener su sueldo acorde a la media de trabajadores. Evidentemente, cuanto más éxito tenga, más venderá, y más ingresos acumulará, y en función de esto variará su poder adquisitivo. Como todos los trabajadores. Apuesto a que, si por ejemplo, Lady Gaga cobrara sus doce millones de discos vendidos a dos euros en vez de a dieciséis, no sólo no se moriría de hambre, sino que seguramente viviría mejor que la mayoría de nosotros. Quizá tuviera que cambiar el yate por un velero, o la limusina por una berlina, pero seguro que no saltaría a la comba con el umbral de la pobreza como le ocurre a cada vez más gente en este país. Y todo eso, sin contar con los conciertos, contratos de publicidad y demás ingresos extra que tienen los “damnificados” por la piratería. Por no meterme solo con la Gaga, en el mismo saco meto a actores, escritores, guionistas, productores etc.
Acepto que mi postura de no alimentar egos ni crear divas con mi dinero puede no ser lo más popular para este sector, que lleva siendo sobrevalorado y excesivamente remunerado desde que la industria se globalizó.Por no hablar del favor indirecto que les hacemos a esos autores aún por despegar y que de no ser por la red, no tendrían la difusión necesaria para salir adelante.Un gran ejemplo de ello, lo tenemos en  los blogger que empezaron escribiendo su blog de forma gratuita y casi anónima, y ahora mismo cobran por ello o ya están fichados como guionistas o novelistas.

Como colofón, me declaro culpable de poseer todas las películas de Wilder, “Crimen y castigo”, y un disco de Lady Gaga descargados de internet. Me gustaría ver al bueno de Jack Lemmon en versión original subtitulada, y con extras. Me encantaría no dejarme los ojos en la pantalla del ordenador leyendo las desventuras de Ródion. Y por supuesto me alegraría escuchar sin distorsiones “Bad romance”. Todo eso no lo puedo hacer. Porque el contenido descargado pierde en calidad, y porque no puedo permitirme comprarlos todos originales, porque a estos artistas no les apetece ser “menos ricos” (evidentemente ni Wilder ni Dostoievski siguen con vida, pero apuesto que hay una larga lista de ratas lucrándose con su trabajo).

Por eso no he sufrido, ni sufro ningún remordimiento por consumir estos bienes gratis. No al menos por aquellos que hacen de la avaricia, la frivolidad y la vanidad su “way of life”. Pero oye, somos ladrones y piratas.

Por todo esto y mucho más, somos cada dia, un poquito más gilipollas.

Pues eso. JJG

Deportes nacionales (3)

Buenas de nuevo a todos. Con este “negro sobre blanco” que os presento, inauguro mis delirios del 2012. Esperemos que la cosa siga prosperando.

Dadas las fechas inhábiles que vivimos (al menos los estudiantes), en los que muchos hacemos del domingo el día de la marmota, y aprovechamos para dormitar y reposar con amigos y familiares, es una época más que propicia para ver cine. Y no me refiero a acercarse a la cutre multisala de extrarradio y pagar un riñón para ver la última exhibición de la asociación nacional del rifle o las nuevas tecnologías en implantes mamarios. Tampoco me refiero a visionar grandes joyas del cine en blanco y negro, con tu padre demostrándote que se sabe la película de memoria. Aunque personalmente siempre me reconforta compartir mi tiempo con el bueno de George Bailey en esos momentos.

Me refiero a ese cine agradable, más o menos navideño, clásico en muchas ocasiones, del que disfrutamos especialmente en estos momentos de modorra transitoria. Aludo a ese cine comodón, entretenido, mítico si me lo permiten, del que tiramos en estas fechas. Las televisiones no son ajenas a esta arraigada costumbre y emiten muchos filmes de este palo. Títulos como “Breavehart”, “Pretty Woman”, “Love actually”, “Nothing Hill” o “El día de la marmota” cumplen con la descripción que propongo. Incluso recibes gratas sorpresas, en forma de obra maestra, como la trilogía de “El padrino”, cuya magnífica segunda parte he degustado hace unos instantes.

El otro día, durante mi sondeo de algo con lo que perder el tiempo de una forma cuasi honorable, pillé, casi de inicio, “El diablo viste de Prada”. En mi opinión, una simplona, aunque eficaz, entretenida e incluso divertida comedia romántica, que cuenta con la siempre inestimable interpretación de Meryl Streep, haciendo las veces de mala. Para quien no la haya visto, su compleja trama se resume de forma bastante elocuente.

Chica lista, estudiosa, dedicada , medio nerd, y, por supuesto, “hecha a sí misma”, y además con un novio monísimo, consigue trabajo como asistente personal de la jefazo en la revista de moda de fama y tirada mundial “Runway”(extraoficialmente, creo recordar que alude a la celebérrima publicación de Condé Nast, “VOGUE”). Dicha chica tiene la misma gracia para vestir que Carmen Polo aquejada de daltonismo. Su jefa, una cruel, currante, seria, cínica y firme “mujer de éxito”, le mete más caña que la que llevaría Pocholo por Colombia sin correa. Nuestra pequeña ogro, con ayuda de sus estresados compañeros, se convierte en toda una princesita de cuento. Y ahí va ella, divinísima con sus Louboutin y sus faldas de Escada partiéndolo mazo por las grandes oficinas y cafeterías de la gran manzana, currando como una necia hasta que se vuelve cojonudiclástica en lo que hace y se convierte en una gossip girl (pero con curro). Con el tiempo se separa de la gente que la quiere y, en definitiva, se vuelve un poco zorra. Finalmente ve su error, deja el trabajo y vuelve con el pusilánime de su novio y con un trabajo de la leche en un periódico “serio”.
Final feliz, historia curiosa (ya que está basada en hechos reales) y otro rato procrastinando que me pasé aquel día.
La moraleja, aunque débil y simplona, te recomienda abandonar el snobismo desilustrado y la excesiva aplicación al trabajo, por cosas mucho más “de pobres”, como la gente que te quiere y la integridad moral. Hasta aquí, todo ok.
Esa noche, como no podía ser de otra forma, #eldiablovistedeprada fue Trendic Topic en España.

Y en este punto es donde he localizado el deporte al que dedico mi coñazo de hoy. Anonadado y patidifuso me quedé al contemplar los comentarios en el Twitter.
Iluso de mí, imaginé que quien más quien menos pillaría la moralina obvia y asequible, además de enamorarse de los Marc Jacobs del minuto 36:09 y del chulazo de novio de la prota. No me molestaré en describir los comentarios porque se retratan por sí mismos.
Esperpentos del orden de “me encantaría tener ese trabajo” “mataría por irme de copas con la jefa”, “yo de mayor quiero ser como ella”, “la pago lo que sea para que elija mi armario”, “la jefa queda de gilipollas porque es mujer, machistas de mierda”, “hay que ser tonta para dejar ese trabajo” maltrataron mis ojos. Y eso que me he ahorrado la lista completa de la larga retahíla de abortos manuscritos de esta índole, aportados por españolitas de todas las edades. E incluso algún españolito también.

A este deporte lo llamaré “El sesgo de la moraleja”, o la malinterpretación interesada, parcial, absurda y maniquea de las moralejas, en este caso, del cine. Tamaño despropósito este. Como cortarle la cabeza a Calleja. Como mear sobre la tumba de los hermanos Grimm.

Ahora bien, aquí hay para todos, y aunque el caso expuesto (por más reciente) condecore casi exclusivamente sólo a “deportistas” femeninas, hay otras muchas muestras del mismo patrón ejecutado con eficiencia por atletas macho.
Una de las que más espasmos me provoca es la interpretación de la moraleja del cine negro (más o menos clásico) que acostumbra a hacer el soplapoyas de turno.
Estos individuos, tras ver, por ejemplo “Scarface, el precio del poder”, entienden que lo que mola es ser un Tony Montana de la vida, asesino, maltratador, toxicómano y en definitiva, cuanto menos grotesco y mala persona. Muy malote y esas cosas.
Lo de que el poder te nubla y que esa vida realmente no te hace feliz se lo pasan por el forro de los genitales. Genitales, con los que deben de elaborar sus más profundas reflexiones.
De la nombrada anteriormente, “El padrino” podemos hacer la misma observación. Nadie se queda con el amor a unos orígenes, el respeto, el cuidado a la familia, el trabajo duro, y las consecuencias fatales que traen la corrupción, la venganza y el crimen. Se quedan con los tiros, los cochazos, las putas, y el acento italiano, “Io nun mo scordo”.

Decía el genio de Bonn, Ludwig Van Beethoven, “La bondad es el único signo de superioridad que conozco”.
Puedo aceptar que la mayor parte de la gente no comparta este interesante punto de vista, puedo entender que ser buena gente no queda todo lo “cool” o “gansta” que el timorato medio podría desear, pero al menos traten de no ciscarse en las moralejas, ese último reducto que influencia bondad a pesar de todo.
Hay que ser mierda.

Y ya está.
JJG.

Deportes nacionales (2)

Muy buenas de nuevo a todos mis entusiastas lectores. Tras un tiempo de letargo, regreso con el segundo (y esperado, al menos por mi) capítulo de mis “deportes nacionales”.
Antes de soltar el peñazo habitual, ante la insistencia de muchos críticos, y a pesar de que mis amigos no las necesitan y que mis enemigos no las creen (como bien apuntaba el bueno de Wilde), haré una aclaración, daré una explicación. Normalmente, cuando escribo, lo hago jodido. Lo hago cabreado, mosqueado, molesto y resentido. Lo hago conmovido e indignado, lo hago “hasta los huevos”. Porque me inspira, porque sale sólo, porque me motiva, porque quiero, y porque así me gusta hacerlo.
Una vez aclarado el tema, sinceramente espero, que mi nuevo desvarío, les sea leve.

Una de las razones de mi tardía reaparición, no es otra que el esfuerzo que me ha costado identificar el problema. Me explico. Durante cierto tiempo, ando observando muchos comportamientos merecedores de ser considerados uno de mis “deportes”, la cuestión es que iba cayendo en que muchos compartían trasfondo, el cual creo haber identificado.

Llevo un tiempo madurando esta idea que rebota en mi mal carburada sesera. Honestamente, desconozco si por el hecho de buscarlo lo he querido encontrar o si es algo tan arraigado en nuestra sociedad como firmemente creo que lo es la “búsqueda de culpables”, deporte al que dediqué mi última publicación.

Se trata pues de un deporte que abarca múltiples disciplinas, una especie de triatlón de ridículas costumbres tan molestas impropias y agarradas como una garrapata. Y todas ellas motivadas, al menos en parte, por lo mismo.

El síndrome de Peter Pan. O ese ansia ciega por no crecer. Y no. No les hablaré de cremitas y fajas reductoras. Ni de maquillajes ni babas de hermafroditas. Me refiero a esa sensación que un buen observador capta en la gente, ese sentimiento de que nunca crecemos del todo.

Siempre he pensado que uno de los momentos clave en la evolución personal de un individuo no es otro que aquel en el que descubre la humanidad de sus adultos. Esa revelación que a todos nos trastornó en su día. Esa epifanía mediante la cual comprobábamos que los adultos no eran perfectos. Ni siquiera maduros o responsables. Incluso muchas veces no eran mejores que los críos.

Y aquí tenemos los cimientos del problema. En ese traumático descubrimiento. O más bien en el atajo por el cual optamos.
Esa decisión que tomamos ante la vicisitud de ser hombres-mujeres de verdad o seguir siendo niños. Y no es otro que algo también muy nuestro, tirar por la tangente. Decidimos emplear nuestras energías en disfrazarnos de adultos y sin embargo seguir siendo niños.

Al ser algo que todos sufrimos de alguna manera, la variopinta lista de variedades de este deporte resultan inescrutables. En esta ocasión me centraré en uno de esos ejemplos, por la evidencia del mismo. Y porque me repatea sobremanera, todo sea dicho.

Y para explicar esta variedad, regresaremos a nuestros más inocentes y entrañables años de guardería. Cuando los niños y las niñas ni nos mirábamos, nos tirábamos piedras y nos soltábamos arañazos. Y pobre de aquel que quisiera sentar cabeza porque entonces “Fulanito tiene novia” y en menudo marrón te metes tan pronto. Esa guerra de sexos invisible pero palpable, como el cristal bien limpio, y con las mismas terribles consecuencias, si no aprendes a verlo, una buena ostia, te comes el vidrio.
Sinceramente, deprime ver como la gente a pesar de la experiencia y madurez tan erróneamente relacionadas con la edad sigue buscando culpables en el sexo contrario. Y ahí hay para todos.

Por un lado, el machismo más tradicional y patético, digno del más tonto de los primates, cuyo mayor exponente es la obtusa demostración de virilidad con jerarquía, violencia y maltrato físico (tanto hacia el propio sexo como hacia el contrario). Verdaderamente triste. Un fallo criminal en la educación y ejemplo que damos de lo que debe ser un hombre. Un hombre, que nunca deja de ser un niño. Solo que mucho más fuerte, con más mala ostia y tres horas en el bar de guarnición. Repugnante.

Ahora les toca a ellas. Más pena me producen las mujeres de hoy en día que los hombres. La hembra del ser humano. Ese mayúsculo y admirable ser, capaz de soportar miles de años de machismo y humillación, de menosprecio social y aún así, desde la sombra, sacar el ser humano adelante, como madres, abuelas, esposas, reinas y princesas. Y cuando se terciaba, también como cazadoras y soldados. Ese maravilloso ser, con su momento por delante, un momento histórico en el que toda su lucha empieza a tener sus frutos, cuando la igualdad es algo alcanzable y no sólo un espejismo. Ese momento en el que los hombres parecemos entender que ni mucho menos somos superiores, y cuando toca, arrimamos el hombro. Ese momento de dar un paso adelante, lo están dejando pasar.
No se si es ira, afán de venganza o simplemente incapacidad humana lo que lleva a la ¿mujer? de hoy a desperdiciar tan dulce oportunidad.
Alguna mojigata dirá que de que voy, que ella es muy feminista y que todos somos iguales (los hombres, claro).
A uno le hace gracia encontrarse con muchachas o incluso a mujeres con todas las letras reivindicando derechos de los que siempre han disfrutado, o actualmente disfrutan. Buscando el culpable en el sexo opuesto que en muchos casos (como el mio), está de su parte. Buscando la ofensa en auténticas soplapoyeces. Viviendo en un estado de susceptibilidad permanente ante todo lo que para estas zumbadas es machismo.
Evidentemente los que estamos de parte de la igualdad quedamos en tierra de nadie. En ese contexto, tendemos cada vez más hacia un matriarcado burdo y evidente, mas interesado en una compensación para las supuestas víctimas que en una búsqueda verdadera de la igualdad. Eso se llama discriminación positiva. Y por ahí no paso. Ahora, llámenme machista si les sale de los ovarios, (o de los cojones, que también hay hembristas macho).
Si no me hallo en una confusión como resultado de lo machista y carca que soy, la igualdad se basa en tratar de la misma forma a hombres y mujeres, y, sinceramente, hoy por hoy, no se me ocurre decirle con la misma normalidad a un hombre que a una mujer cosas tan triviales como “por favor, recoge tu, que hoy estoy cansado” o “hazme el favor de servirme una copa”. Mas de una apelación al ganado porcino me he ganado por tamaña ignominia. Y que Dios y sus ángeles te protejan como hagas una broma en tono completamente jocoso sobre el tema. Estas jodido. Huye tan rápido como puedas, la tribu Cosmopolitan te persigue.

Y todo esto sin nombrar el machismo entre féminas, pero eso ya es harina de otro costal.

Lo dicho, menos niños y más hombres, o lo que es lo mismo, menos niñas y más mujeres. Vale de pataletas de infante que solo provocan más odio y terribles actos. Familias y amistades rotas por una guerra absurda y sin sentido. No me pasen las facturas de dramas de otro tiempo. A otro perro con ese hueso.

Conflicto absurdo, porque, como todo todo el mundo sabe, la guerra de sexos la ganamos los hombres cuando el baile en barra de streap-tease pasó a considerarse deporte.

Pues eso.
JJG