Deportes nacionales (piloto) (1)

Estoy de estreno. Inauguro secciones. Y ya que estamos, inauguro la primera, y por ello (hasta el estreno de la segunda parte) la mejor.
A partir de ahora, entre mis ¿habituales? desvaríos trataré de incluir pormenorizados aquellos asuntos que taladran más insistentemente mi torturada sesera.
¿Que por qué? Porque quiero. Porque queda mas “pro” y porque me sale de los adentros.
Y no se me ocurre otra forma mejor de empezar, que con aquello que me gusta llamar cariñosamente “deportes nacionales”.
Si, todos aquellos campos en los que los españoles destacamos tradicionalmente más alla del futbolín y del mus.
Y no, no esperen crónicas del eurobasket o medidas exactas de los meñiques de Cristiano Ronaldo a nivel del mar.
Me refiero a todas esas prácticas tan “nuestras”, que tanto cultivamos y en las que personalmente creo que tenemos serio potencial de éxito a nivel competitivo.
Aquellos actos ¿instintivos? de los que tantas veces pecamos y que a fin de cuentas, acaban haciendo nuestro particular “way of life”.

A modo de aclaración añadiré que me considero un depurado intérprete en muchos de estos apasionantes deportes, lo que no me quita derecho a destripar su práctica sin piedad. Pero la hipocresía es para otro día.

Al meollo.

Me lanzo con una de las disciplinas estrella, (aunque la mayoria tienen cierto grado de consanguiniedad entre ellas, como podréis comprobar si la cosa prospera). Aquella que tan bien serena nuestras conciencias y tanto nos facilita el noble acto del sueño.
Y no es otra que el maravilloso juego de “La búsqueda de culpables”. Una práctica que algunos grandes consiguen elevar a la categoría de arte, llegando a alelar sus propios remordimientos por completo.

Y es que somos autenticos virtuosos en el sondeo incansable de posibles culpables para nuestros problemas, así como en la creación de estos reos, en el caso de que el escudriñamiento de candidatos resulte infructuoso.

Conocemos de sobra el procedimiento.

Tras lamentar cual plañidera nuestro fracaso, comienzan a aparecer atisbos de que la responsabilidad pertenece a otro individuo y que nuestra colisión no es más que el fruto de una zancadilla de un fulano o fulana peor persona que nosotros.

Esta entrenada técnica vomita por si sóla la mayor retahíla de soplapoyeces que uno -en su infinita paciencia- puede digerir.

Desde pulidas gemas (por su exitoso nivel de aceptación social) como “tengo la regla y tu eres un machista” o “soy de letras, y tu un pedante fanfarrón que sólo trata de ir de listillo “.
Pasando por clásicos de ayer y de hoy como “soy miembro de una minoria X y por eso no me aceptan”, “el profesor de “pinta y colorea” me tiene manía y por eso suspendo” o “mi jefe me exige más por ser beduino-masai”.
También están las actuales “soy licenciado en pictografía y desarrollo del cromatismo básico en contrastes bajos – comunicación audiovisual y no tengo trabajo ni piso en propiedad, es indignante” o “la culpa es de los bancos que son unos ladrones, no es que yo quisiera vivir como Tony Montana currando de reponedor a media jornada”.
Evidentemente no podia dejarme las ridículas y obtusas aberraciones regurgitadas más a menudo de lo que pudiera parecer y que mis oidos sufren con resignación, como (deléitense)
“Yo nunca se la chupo a ningún tío, y ni me planteo que me den por detrás (que asco), pero tia, de verdad, que difícil es encontrar un tio hoy en día que te folle bien”

Auténticas obras de arte. Nadie podrá negarme la innata habilidad del españolito medio en esta maravillosa practica de buscar culpables a cualquier precio.

Terminando con mi demencia particular, y con sincero afán de buscar soluciones, apuntaré que sería interesante calcular cuán provechoso sería para nuestras bienmandadas personalidades realizar una sencilla operación. Invertir el mismo tiempo en indagar posibles fautores de nuestros males que en solucionarlos sin más. Quédense con la copla.

No es sólo que cada fulano tenga bastante con lo suyo como para tragarse encima desatinos ajenos. Es que el cálculo de la propia responsabilidad sobre nuestras -siempre- apocalípticas desavenencias hará cuajar el tierno fruto de nuestra madurez, e incluso, con el azar de tu parte, quizás hasta aclaremos el desaguisado.

Como regalo final os dejo una bonita frase de un campeón de España de boxeo que resume drásticamente bien el gran deporte de buscar culpables:

“Cada mañana me miro en el espejo, y lo que veo, no me gusta.
Y entonces, en vez de comerme mi propia mierda fresca, entonces, te jodo a ti, te jodo a ti, te jodo a ti y te jodo a ti. ¿Por qué? porque la culpa amigos, siempre es de los demás. Y la enfermedad se llama vivamos la vida de los demás porque no tengo cojones, ni sangre para vivir la mia”

Ahí queda.
JJG

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Un pensamiento en “Deportes nacionales (piloto) (1)

  1. […] torturados” (la variación estival-hostelera del deporte que hoy tratamos) o con los “Buscadores de culpables”. Y lo cierto es que unas variantes se alimentan de otras sin […]

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