La dictadura del moderantismo

…. o de lo “políticamente correcto”. Ambas expresiones me sirven para explicar lo mismo, ambas disfrazadas con un traje de corrección, bondad, e incluso de educación; ambas esconden un terrible y enorme monstruo bajo sus vestimentas. Un monstruo que se puede domar, o acabar devorado por sus gigantescas fauces.
A simple vista, estas conciliadoras palabras nunca podrían ir acompañadas de la cruel palabra “dictadura”. No cuadra, no pega, como el rosa con el rojo, como la leche con el zumo, como que no.
Tradicionalmente se nos ha mostrado el moderantismo como la herramienta perfecta de la razón. Una forma perfecta de tener razón siempre, porque, ¿cómo vamos a equivocarnos si somos intermedios, si no nos decantamos ni nos “mojamos”? ¿si esquivamos el debate o la discusión mediando entre las partes y repartiendo salomónicamente? ¿cómo podemos estar equivocados si no somos radicales? , sin duda, y necesariamente debemos de tener razón.
De todas esas preguntas que sirven de argumento y de muchas más se viste una de las grandes falacias de nuestro tiempo.

El moderantismo reinante en la sociedad tiene (desde mi punto de vista) una explicación sencilla, e incluso razonable:
El último siglo de historia de nuestro planeta tiene la respuesta. Un último siglo espectador habitual de grandes hallazgos, revolucionarios inventos e innumerables progresos a cargo de la ciencia. Pero también testigo de las mayores atrocidades cometidas por el ser humano contra sus semejantes (las guerras mundiales y civiles, las dictaduras, los genocidios etc) con sus tristes protagonistas (el nazismo, el comunismo, el fascismo, Hitler, Mao, Stalin, Pinochet y una larga lista de angelitos).
Somos descendientes directos de las generaciones que hicieron posible este siglo (para lo bueno y lo malo), hombres y mujeres que han vivido en la precariedad más absoluta, envueltos en conflictos en los que se veian obligados a asesinar a sus propios compratiotas, o sufriendo una insoportable espera a la de la guadaña o a un destino peor, quien sabe.
La consecuencia directa (y razonable) de todo esto, es una firme voluntad de que eso no vuelva a ocurrirles a ellos, y mucho menos a sus hijos. Una noble causa por la que lucharon nuestras generaciones más proximas en el tiempo, sin embargo, nunca dejaré de pensar, que se sirvieron de la herramienta equivocada para hacerlo realidad (y de hecho quizás con el tiempo sea hasta contraproducente a su noble objetivo).

Miedo, terror, pánico, rechazo ciego hacia todo lo que pueda sonar ligeramente fuera del registro al que estamos habituados. Registro a cargo de nuestros compositores favoritos, a saber, televisión, prensa, cualquier elemento de fácil acceso y “buena reputación” (los libros y enciclopedias son los marginados) que nos haga llegar ideas, y como consecuencia última, influir notablemente en nuestra educación (cuyos encargados de batuta, no son otros que nuestros profesores y padres). “Las ideas nuevas son peligrosas” podría ser un buen lema para ellos, que bajo la intención de evitar que seamos futuros “hombres malos” como los que ellos o sus padres sufrieron, nos inculcan camuflado en moderantismo, o en lo “políticamente correcto”, o incluso tergiversando su significado y denominándolo “buenas maneras” (concepto del que me confieso un gran admirador).
Evidentemente logran su objetivo a corto plazo, pero a un alto precio. El precio que supone aplastar y ahogar el intelecto y el afán de conocimiento hasta el punto de tener una mente basada en lo que ellos consideran “políticamente correcto”. Evidentemente a largo plazo, las consecuencias resultan contraproducentes al objetivo inicial, creando seres aplastados y encorsetados por el moderantismo reinante que o bien nunca consiguen expandir su mente ni ver con un punto de vista global y objetivo, o bien directamente huyen damnificados de la represión convirtiendose en los radicales paranoicos incultos y adoradores de la conspiración (absurda) que en un principio trataban de evitarse.

Los ejemplos los tenemos a la orden del día.

Pero tampoco se lo daré todo masticadito, piensen a ver si les cuadra. Me gusta pensar cuando escribo que esto es un trabajo de dos. Así que cabilen ejemplos. Ilumínenme con sus conclusiones.
Resumiendo, vemos las consecuencias directas en criar una población dividida principalmente entre el moderantismo radicalizado (que ironía eh) y el radicalismo descerebrado (y maleducado) de quienes huyen a toda costa de lo “politicamente correcto”.

Luego quedamos unos pocos, criticados y atacados por unos y por otros, entre la espada y la pared, en medio de fuego enemigo miremos donde mieremos, que aún parece que damos uso al coco, y que estando más acertados o equivocados, el menos intentamos pensar por nosotros mismos.

Así dicho suena hasta épico.

Por todo esto y mucho más, somos cada dia, un poquito más gilipollas.

JJG

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