Ladrones y piratas

Ya está. Aquí lo tenemos. Ese momento que pensamos que nunca llegaría, está aquí. A pesar del abrumador rechazo mayoritario. A pesar de la postura de sabios y entendidos. A pesar de la evidente falta de respaldo legal. Las llamadas leyes antipiratería, se han impuesto.

Ayer cerraba MEGAUPLOAD, una de las más grandes webs de intercambio de archivos, y a su vez, una de las más visitadas de España, estando MEGAVIDEO, una de sus secciones, en el número trece del ranking. El FBI asegura que los arrestos y el cierre de servidores nada tienen que ver con las leyes que pronto verán la luz de forma oficial (conocidas como SOPA y PIPA), que son en base a delitos de blanqueo de dinero y demás. Como con Al Capone, encarcelado por evasión de impuestos. Les ha costado encontrarle las cosquillas, pero al final, lo han conseguido.
Con este suceso las descargas gratuitas a través de este tipo de páginas empiezan a ver su final. El debate es de sobra conocido, no me entretendré en desgranarlo de nuevo. Lo que pretendo es dar una nueva visión a este debate.

No me malinterpreten, entiendo que siendo autor, el hecho de que tu trabajo se distribuya de forma gratuita (por encima de tu consentimiento) no te haga puñetera gracia. También es tu trabajo, y, en muchas ocasiones, además vives de ello. No entraré en eufemismos y tergiversaciones sobre lo saludable que es “compartir” y que no hay nada de malo en ello. Seamos honestos. Un porcentaje muy bajo de las personas que utilizamos estas páginas “compartimos” nada. Aprovechamos el trabajo de otras personas, conocidas por “uploaders”, para tratar de pasar un rato entretenido o al menos perder el tiempo de forma cuasi honrosa con una buena película o una buena serie. Y de paso nos ahorramos unas pelas. Que no está la cosa para caprichos. Pero no nos engañemos. A fin de cuentas consumimos trabajo ajeno por el cual tendríamos que pagar, no deja de ser un servicio. O al menos yo lo entiendo así.

Ahora bien, por el contrario no podemos obviar la importancia a nivel cultural que tienen estos servicios. Precisamente en un país en el que tristemente no podemos presumir de ser “los más listos de la clase” -aunque a menudo nos lo creamos- no estaría de más facilitar el acceso a la cultura, especialmente a los más jóvenes. Y no me salgan con lo de siempre. También me sé la del “carnet joven”, el día del espectador y demás pantomimas a todas luces insuficientes, sólo útiles de cara a la galería. Considero que la inaccesibilidad que tenemos a la cultura no es por falta de oferta o publicidad. Es porque es cara. Así de simple. Acérquense a cualquier librería y busquen la edición más barata de “Crimen y castigo”, de Fiodor Dostoievsky, por poner un ejemplo. Descubrirán, como hice yo, que lo más barato ronda los 5 euros y buscando en librerías de segunda mano y en ofertas cutres de amontonamientos de supermercado. Si buscan, como hice yo este verano, la filmografía de Billy Wilder, descubrirán que con suerte las ediciones en DVD más cutres, rondan los doce euros por filme. Vamos, que comprando los “clásicos” la gracia saldría por unos cincuenta o sesenta euros.

De acuerdo que a primera vista no parecen unos precios tan desorbitados como pretendo que los vean. Pero no podemos olvidar que tenemos una tasa de paro juvenil que asusta. Por no hablar de fracaso escolar, o de niveles de cultura general. Y todo esto, si además pretendemos que los chavales estudien, y por tanto no puedan trabajar o al menos no por algo más de unos pocos euros para pagarse un par de cervezas, pues entonces sí que es caro.

Y si, llámenme carca si lo desean, pero considero los bienes culturales expuestos en ambos ejemplos como fundamentales para cualquier mente susceptible de ser cultivada. Además de suponer un placer maravilloso para cualquier individuo que “se deje”, ya sea infante o vetusto.
Por todo esto considero que obras como las anteriormente citadas deberían de tener un acceso prácticamente gratuito para cualquier ciudadano, con más inri tratándose de población joven. Pienso que habría que pagar, pero pagar un precio simbólico, que no suponga para nadie dejar de tomarse una cerveza o no poder pagar el metrobús. Pagar porque es trabajo de alguien y es justo que se remunere. Sin más.

Y es aquí donde encuentro el problema de base del debate. Aceptamos sin remilgos que un artista de éxito, debe, por imperativo, cobrar indecentes cantidades de dinero. Tanto que no sepa qué narices hacer con esos ingresos. Partiendo de esta premisa, el precio de libros, discos, Dvd’s , merchandising y demás, no puede sino, estar a la altura de tan titánicas cantidades.

Diagnostiquen mi trastorno si quieren, pero sinceramente no comprendo por qué un artista exitoso no puede tener su sueldo acorde a la media de trabajadores. Evidentemente, cuanto más éxito tenga, más venderá, y más ingresos acumulará, y en función de esto variará su poder adquisitivo. Como todos los trabajadores. Apuesto a que, si por ejemplo, Lady Gaga cobrara sus doce millones de discos vendidos a dos euros en vez de a dieciséis, no sólo no se moriría de hambre, sino que seguramente viviría mejor que la mayoría de nosotros. Quizá tuviera que cambiar el yate por un velero, o la limusina por una berlina, pero seguro que no saltaría a la comba con el umbral de la pobreza como le ocurre a cada vez más gente en este país. Y todo eso, sin contar con los conciertos, contratos de publicidad y demás ingresos extra que tienen los “damnificados” por la piratería. Por no meterme solo con la Gaga, en el mismo saco meto a actores, escritores, guionistas, productores etc.
Acepto que mi postura de no alimentar egos ni crear divas con mi dinero puede no ser lo más popular para este sector, que lleva siendo sobrevalorado y excesivamente remunerado desde que la industria se globalizó.Por no hablar del favor indirecto que les hacemos a esos autores aún por despegar y que de no ser por la red, no tendrían la difusión necesaria para salir adelante.Un gran ejemplo de ello, lo tenemos en  los blogger que empezaron escribiendo su blog de forma gratuita y casi anónima, y ahora mismo cobran por ello o ya están fichados como guionistas o novelistas.

Como colofón, me declaro culpable de poseer todas las películas de Wilder, “Crimen y castigo”, y un disco de Lady Gaga descargados de internet. Me gustaría ver al bueno de Jack Lemmon en versión original subtitulada, y con extras. Me encantaría no dejarme los ojos en la pantalla del ordenador leyendo las desventuras de Ródion. Y por supuesto me alegraría escuchar sin distorsiones “Bad romance”. Todo eso no lo puedo hacer. Porque el contenido descargado pierde en calidad, y porque no puedo permitirme comprarlos todos originales, porque a estos artistas no les apetece ser “menos ricos” (evidentemente ni Wilder ni Dostoievski siguen con vida, pero apuesto que hay una larga lista de ratas lucrándose con su trabajo).

Por eso no he sufrido, ni sufro ningún remordimiento por consumir estos bienes gratis. No al menos por aquellos que hacen de la avaricia, la frivolidad y la vanidad su “way of life”. Pero oye, somos ladrones y piratas.

Por todo esto y mucho más, somos cada dia, un poquito más gilipollas.

Pues eso. JJG

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