Sobre campeones

Como dice el himno del centenario, hay maneras de ganar y maneras de perder, y en definitiva como decía Leño, maneras de vivir.
Lo ocurrido este año en la final de la copa del rey en el Camp Nou se trata de un hecho insólito. Calificado por todos los cronistas (presentes y lejanos) como el mayor espectáculo de aficiones de la historia de nuestro fútbol, algo grande tenía que pasar.

Y yo, que lo viví en cuerpo presente, puedo confirmárselo. Algo que sorprendentemente no tiene que ver con el fútbol de forma directa, nada relacionado con el partido en cuestión, ni polémicas, ni arbitrajes, ni golazos ni tensión.

No existe término, expresión o conjunto de palabras lo suficientemente acertadas para describirlo. Podría hablarse de pasión, coraje, orgullo, pundonor, casta, unión, hermandad, amor. Podría describirse de muchas formas, y ni siquiera se acercaría a la realidad. Yo lo entiendo como una explosión simultanea de todo lo anterior.

La afición del Atletico de Mardrid, venida de todas partes del mapa, agolpada en las gradas del camp nou, tras ver como su equipo caía por dos goles ante un equipo de máxima rivalidad y que no había demostrado ser mejor en el campo ni futbólisticamente ni en lo que a modales deportivos se refiere (algo que en el Sevilla hace mucho que no se enseña), esa afición, con el corazon encogido de impotencia, viendo a sus jugadores abatidos en el terreno de juego tras la derrota, calló unos instantes después del pitido final, mientras los jugadores sevillistas celebraban el título. La calma que precede a la tormenta.

De repente, parecía que todas las mentes de los atléticos del mundo se conectaran, pareció como si todos supiéramos exactamente lo que ivamos a hacer a continuación.
Nadie abandonaba su puesto, nadie se bajó del barco.
Y entonces, según los sevillistas comenzaban su fiesta, el himno del atleti sonó en Barcelona, y por lo más sagrado digo que parecía que se escuchaba en todo el mundo.
Las gradas retumbaban y las gargantas se partían.
Los sevillistas anodadados presenciaban el espectáculo con absoluta incredulidad.

Durante casi una hora aguantamos los atleticos allí desplazados.
Una hora silenciando los cantos del campeón e incluso a la propia megafonía del estadio. Las lágrimas de emoción de los jugadores eran un gran indicador de lo que estaban presenciando.
Su cara lo decía todo, no entendían como después de aquel fracaso todos los seguidores lo celebráramos como si hubierámos ganado. No entendían como nos quedamos allí coreando sus nombres y aplaudiendo su esfuerzo.

Finalmente, y con la intención de no perder el autocar que 8 largas horas depués me dejaría en frente del calderón, salimos del estadio. Que sorpresa me llevé al salir de aquella monumental construcción, contemplando las caras de mis compañeros, de los que con sus gargantas me acompañaron esa noche.
No eran caras de resignación, ni de decepción, ni de dolor, ni de cansancio.
Eran caras sonrientes, caras de orgullo, caras que me mostraban que no sólo yo sentí aquello.
Caras que sabían tan bien como yo que ese día ganamos.

Finalmente, cuando llegaba a Madrid e iva hacia mi casa, otra imagen me sobresaltó.
Observe la cola de la oficina del inem de un barrio cercano a Atocha. Eran las 8 de la mañana así que pueden imaginarse tal y como estan las cosas como estaba la cola.
A simple vista parece una imagen cualquiera, para un observador inexperto.
Pero de repente me fijé en un hombre, un hombre de unos 45 años que hacía cola religiosamente como todos los demás, mendigando por un trabajo honrado.
Y cual fue mi sorpresa al contemplar que ese hombre llevaba alrededor de su cuello una bufanda del glorioso. Y tenía la cabeza más alta que ninguno.

Créanme señores cuando les digo que aquel día ganamos, y por goleada.
Ganó el sentimiento unánime de una afición sin comparación aceptable, de una afición noble y entera, de una fición orgullosa, de la mejor afición del mundo.

Enhorabuena al Sevilla por su copa y por ganar el partido de fúbol.

Tras ese día estoy aún más orgulloso de ser atlético, más orgulloso de ser del equipo débil, del equipo de barrio, del equipo desafortunado, del arruinado económicamente, del que toda España se rie, y el que hace callar a toda España.
Aupa atleti.
JJG

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