Banderas, estandartes y trincheras (1)

Muy buenas a todos ustedes, que resbalan de de nuevo por este, mi nuevo feudo. Empiezo mi primer post en esta nueva plataforma, espero les guste, les ponga, les agrade,  les incomode,  les joda…  Y es que ando  jodido para variar. Y es que uno no aprende. Uno no se entera de .

Y no se rían, que a uno ya a cierta edad, y a pesar de ser amante celoso y pasional de “The west wing”, le daba en la nariz  que las cosas en el (qué palabro más socorrido) convulso  mundillo de la política, al menos en esto nuestro país, no estaban muy allá que digamos. Vamos digo yo. A poco que uno posea o desarrolle un mínimo interés o conciencia política, se pispa, más pronto que tarde, de que el temita tiene miga.

Desde que Angelito, aquel chavalín del tuto,  con 15 años, y una determinación atroz, enfundado en su palestina, te dice que Dios no existe y que “Asnar es un facista “, que se lo ha dicho su padre, a uno ya le pica algo. Más cuando compruebas la firmeza y sensación de superioridad con la que lo suelta el campeón, coronándose rey a falta de respuesta factible a tan contundentes afirmaciones.

Picor que pasa a sarpullido cuando compruebas que Borjita, hasta hace poco amigo inseparable de Angelito, y también buen tipo en general, lleva contando toda la semana que  su tío le  “llevó el pasado viernes a un nitin del pepé” mientras luce una pegatina con dos pajarillos con orgullo. Mientras, ha dejado de referirse al bueno de Angelito como amigo y ahora le asigna un curioso adjetivo al que no encuentras mucho sentido, no más allá del que le dabas para describir el coche de Ferrari, las manzanas de la tele y la piel de algún indio de esas pelis que pacientemente veías con tu abuelo en verano, después de la etapa del tour.

Si ya lo comentas en casa, la puedes liar. Cuando seguro que la cagas, es si se te ocurre narrar la curiosa anécdota en medio del cumple del yayo. A cambio de tu más que interesante información, sólo recibes miradas incómodas, una patadita por debajo de la mesa de tu padre, y uno de esos pellizcos de tu madre, producto de la más depurada técnica transmitida durante generaciones. Prudentemente te callas, aunque el daño está hecho. Acabas de ver cómo comentarios de inocentes infantes desestabilizan la paz del mundo de los adultos, has comprobado como las cosas se tensan y se violentan. Y todo por las tonterías de Angelito y Borjita. Y bueno, las de su padre y su tío. Ya no puedes evitar meterte de cabeza en eso que cariñosamente llamamos “política”.

Lo irritante es cuando compruebas que años después la cosa sigue prácticamente igual. Incluso viendo a tus mayores, no tiene indicios de mejorar, más bien  se vuelve aún más tenso y jodesto el temita .

Es duro comprobar como lo único que cambia con el tiempo, es la dimensión de la discusión. Digamos que se tocan otros temas y de forma más profunda. Con argumentos más elaborados y tal. Y es todo lo que diferencia la discusión entre  los Borjita y Angelito del tuto, y los de la uni. Todos esos años, sólo han servido par acumular argumentos para su causa, el objetivo es tener razón y por ende y sobretodo no estar equivocados. Y tampoco les culaparé. Así les han enseñado y así lo han mamado. Porque la infinita retahíla de obtusos argumentos para su causa que son capaces de engendrar nuestros dos chicos, como podrán imaginar, no es consecuencia de un abierto y concienzudo hábito de lectura, de una búsqueda sincera de la verdad, o de animadas conversaciones con diplomáticos o periodistas honestos (si, alguno queda). Toda esa bilis, sólo diseñada para tragarla y vomitarla a cualquier indicio de replanteamiento o puesta en duda del esquema que a cada uno le ha tocado (o a elegido), es producto de generaciones y generaciones de Borjitas y Angelitos.

E insisto, la cosa no mejora. Cada vez la trinchera es más profunda, ya sólo se ven las puntas de banderas y estandartes. Los contendientes instalan ascensores para poder salir a la superficie. Algunos se quejan de que hace calor ahí abajo. Se está más comodón, no jodamos, a dónde va a parar.

Todo esto se hace más grave al comprobar que como jefes de trincheras, como pregoneros de proclamas, aleccionadores y líderes, tenemos gente que está pasada de todo esto. Gente que con la formación, experiencia, inteligencia y sabiduría que atesoran, debe de hacer mucho que no se creen la historia. Y hablo de periodistas, religiosos, sindicalistas y estrellas del rock. Aquí, para variar, tenemos de todo, y para todos.  No podemos negar, que la cosa está fea.

Esta desalentadora verdad es la que vive el panorama político español. Y está más allá de crisis, reformas laborales, terrorismo y decretazos. En el fondo todo eso nos importa una mierda. Lo que importa es tener razón. Es no estar equivocado. Es ganar un punto para los míos. El problema es que a cada punto, la trinchera se profundiza, y la cosa ya es crónica.

Siendo una persona profundamente política (que no partidista), esta es una realidad que vislumbraba desde hace tiempo. Pero hasta hace poco no he podido ser testigo directo de las titánicas dimensiones que alcanza esta división. Concretamente, desde que gasto “twitter”. Esa plataforma maravillosa para ver, compartir y aprender opiniones y puntos de vista. Todos los que quieras y más.  Y, salvo contadas maravillas, todo esa diversidad sólo me ha servido para darme cuenta de lo que hasta ahora os cuento. He acabado hasta los genitales de Borjitas y Angelitos. Hasta los mismísimos, vaya. Incluso, he descubierto, que cuando más éxitos cosecho (traducidos en ReTuits y Followers) es cuando escribo las sentencias menos elaboradas, más instintivas, y más provenientes de un cabreo momentáneo o una reflexión poco justa. Llegando incluso a acumular 4 ó 5 RT’s sobre un comentario completamente irónico y/o sarcástico, y créanme que se notaba. Y es que nos encanta la carnaza (aunque eso ya es para otro post).

Por todo esto y por poco más (lo se, me he vuelto a poner plasta), inicio esta colección de tres capítulos, dónde además de la introducción que acaban de disfrutar, incluiré una descripción totalmente objetiva, sana y constructiva (risas) de nuestros Angelitos y Borjitas, y de lo que más me repatea de todos ellos.

PD: Emulando al señor Reverte (Don Arturo, si) , referencia y ejemplo para mi persona, y con el afán de no caer en la misma trampa en la que tropezó tan curtido opinador , añadiré que Borjita y Angelito, podían haber sido Clarita y Sandrita, Mengana y Fulano, Marianito y Mafalda. Con pitos y sin ellos, me da bastante igual, vamos que me la refanfinfla.

Ale, y eso.

JJG

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2 pensamientos en “Banderas, estandartes y trincheras (1)

  1. Para periodistas de investigación y divulgadores de biografías, si, yo fui un Borjita. Y mis mejores amigos siempre fueron Angelitos. Y así me va. Y comenten, que no muerde, y me dan una alegría.

  2. […] de acuerdo. Pero sobre un ejercicio de criterio responsable. Desde luego no explotando el trincherismo más vanal e interesado, que sólo alimenta a los radicales. No buscando a los culpables siempre fuera de los […]

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