Banderas, estandartes y trincheras: Los Borjitas.

Aquí me tienen con lo prometido. Les traigo la primera parte de mi caracterización política del país. Tras una amplia experiencia con estos especímenes, considero que mi disección les resultará precisa. Más aún sabiendo que  estuve “infiltrado”. Si, hoy toca hablarles de los Borjitas. Y no, no piensen que aplico el diminutivo  por el hecho de referirme a infantes, no. Al menos no en el sentido estricto del término.  Ciertamente su modus operandi es heredado de una actitud infantil, simplona y maniquea, como ya advertí en el anterior post. Pero esto nuestro país esta lleno de Borjitas con hijos, nietos e hipoteca. Podríamos referirnos a ellos en términos genéricos como “gente de derecha” para que nos entendamos. Todos conocemos un Borjita, incluso puede que hasta nos caiga bien y sea buena persona. Pero incluso dentro de una “tribu” tan diferenciable como esta, encontramos varios estadios de la enfermedad. Y como la enfermedad nos iguala a todos, los tenemos ricos y los tenemos pobres. A ello:

El “de refilón” o el Borjita por contagio.

Esta acepción la empleamos para aquel Borjita de poca monta, en fases primarias de la enfermedad, aunque bien enraizadas. Se trata de ese chaval que en fondo pasa un poco de “todo esto” pero para el cual el voto al PP es un acto reflejo. Y digo reflejo porque realmente no es muy consciente de dónde le viene eso. Chaval de familia acomodada, de la cual hereda dicho germen. Y ojo no me confundan lo de “familia acomodada” con un niño “bien”. Cansado estoy de ver como el poligonero del BMW de papá te acusa de pijo por calzar zapatos en vez de unos muelles de luces.

Este tipo de Borjita no es demasiado problemático. Consciente de su condición de segundón, nunca seguirá una conversación más allá de las proclamas habituales de la tribu y un par de comentarios escuchados a su padre durante el telediario. No te dará la razón, pero amablemente dejará que te despaches a gusto sin ofenderse ni mentar al caudillo.

Se jacta de su orgullo español, no lee el periódico,  los inmigrantes y los homosexuales le parecen “bien” mientras no los tenga muy cerca, y no sabe quién narices es Carrero Blanco, ni maldita falta que le hace. Un ser bastante tolerable dentro de los parámetros.

El “avanzado” o el Borjita crónico.

Este individuo es posiblemente el más numeroso entre los Borjitas en libertad. En este caso la enfermedad está bastante más avanzada que en el caso anterior y ya la cosa no tiene arreglo. Esta variedad ha convivido demasiado tiempo en la zona de influencia del germen y es tarde para el.

Tanto el pijo estándar como el poligonero “taquicárdico” pueden presentar este nivel de la afección.  Por lo tanto el germen afecta de forma semejante a dos individuos en apariencia diferentes.

Por un lado, el poligonero o Borhitah, indefectible carne de reclutamiento militar. Como consecuencia de su “malotismo”  ilustrado suele desarrollar un intenso rechazo por los “tupacas” y los “maricas”. En la firme línea de sentirse profundamente orgulloso de todo lo que hace y dice – desde haber dejado preñada a la Vane cuando tenía 16 “tacos” hasta de haber “inflado a bucos” al Isra – el Borhitah siente verdadero orgullo de su patria y de sus raíces. El rey manda porque sí y a quien no le guste España, “ahí tiene la puerta”.  A pesar de sus evidentes problemas con el correcto uso del  castellano básico, puede conseguir que te exasperes tras cuatro gritos – habitualmente acompañados de abundante esputo – cargados de orgullo nacional y patriotismo. No hay datos concluyentes al respecto de su capacidad para leer y comprender instrucciones sencillas, por lo que la opción de la prensa queda descartada. A pesar de no suponer un rival en una conversación civilizada y obviando los dolores de cabeza que causa, su principal peligro reside en sus frágiles fusibles, con los cuales has de tener aún más cuidado si viene de fiesta. Ojo. “Te ríes de España, nosotros de tu puta madre”

Por otro lado encontramos al individuo más irritante del menú, al menos para los Angelitos, ya que el Borjita-pachá resulta ser el prácticamente único individuo con cierta habilidad dialéctica dentro de la tribu, y fruto de sus años en el colegio del opus,  posee unos conocimientos aceptables sobre historia o economía. Se parte la polla cantando borracho el “cara al sol” en capeas dentro de fincas de parientes, normalmente cerca del coto de caza preferido de su progenitor.  Suele tener familiares militares o cercanos a la iglesia católica. Normalmente no trabaja hasta los “veintitantos”, más o menos cuando termina su carrera en la universidad privada, también católica. Se sabe las consignas de “pe a pa” y a diferencia de los enfermos por contagio, atesora cierta habilidad para defenderlas y proclamarlas continuamente. Lector habitual de La Razón o La Gaceta, es consecuencia del radicalismo progresivo que nos persigue, y que ya sufrieron sus padres. Muestra la bandera nacional en cualquier parte de su vestimenta, por ridículo que resulte. Considera la homosexualidad como un trastorno depravado y voluntario. Por supuesto, los inmigrantes sólo vienen a delinquir y quitar trabajo a honrados  trabajadores españoles. Sin embargo, y debido a su habitual gusto por las putas y las drogas, en muchos casos tiene que tratar con gentuza de ese calibre. Aún con todo, no se trata de gente en exceso censora, ya que tras esa imagen de retrógado malcriado realmente sólo hay un niñato inofensivo. Sin embargo, y en función a su asiduidad al Santiago Bernabéu, tiene una preocupante propensión a llegar a la forma terminal,dónde pierde la condición de inofensivo.

El “profundo” o el Borjita terminal.

Aquí nos encontramos con lo último en lo que a Borjitas se refiere. El crack. El mejor. La repanocha. El terminal.

En este apartado encontramos desde Borjitas-pachá pasados de rosca hasta a los celebérrimos “skinhead”, amén de unas cuantas variedades intermedias. Este individuo además de defender los habituales preceptos del enfermo avanzado, añade consignas nazis o fascistas, lo que en muchos casos provoca que ciertos autores se refieran este singular espécimen  como “el eslabón perdido”. Unos defienden el holocausto, y otros lo niegan. Ven en la homosexualidad una enfermedad curable y  sostienen el poder curativo del fuego.

Habitual de campos de fútbol y de reuniones de Borjitas-pachá, esta sub-especie disfruta de la violencia gratuita tanto como de una buena loncha de coca. Algunos temerarios investigadores han tratado de mantener contacto con ellos, sin resultados reseñables. Por esta razón no sabemos a ciencia cierta lo que piensan o si en verdad son capaces de pensar. Excepto ciertos individuos, conocidos como los “rapados intelectuales”, estudiosos de la obra hitleriana y de la segunda guerra mundial. Ciertamente consiguen ofrecer cierta resistencia dialéctica, herencia de la carismática capacidad propagándistica de régimen. Consideran un inculto a cualquiera que no sepa especificaciones técnicas del Messermitch o el Panzer, o no haya leído “Mein kampf”. Se jactan orgullosos de conocer la “verdadera historia” y no la manipulación sionista que hemos recibido el resto. Aunque parezca disparatado, se defienden bastante bien con sus proclamas, por algo son los reclutadores de la tribu. Como dato curioso, también encontramos a este cerebro rapado en la fase terminal de los Angelitos, con síntomas muy similares. Pero a ellos ya les tocará.

La  involución hasta llegar a esta fase terminal, suele ser producto de un bulling mal digerido, almas ansiosas de protección y respaldo, chavales faltos de mimos con afán de protagonismo reprimido. Necesitan dar miedo para sentirse seguros.  Se ha observado que en comunidades de Borjitas-pachá, suelen disfrutar de respeto y admiración, lo que explicaría el reciente aumento en su proliferación.

Una vez entran en fase terminal, sólo pueden seguir tres caminos.

Normalmente, se “reforman” ligeramente al primer susto serio, y  pasan sus días como Borjitas-pachá. Las otras opciones, son la prisión o acabar con “treinta y muchos” con una sobredosis o un navajazo, ambos recibidos en el cumplimiento del deber. Una bonita historia.

Bueno, pues esto les he contado. Espero les sea útil. La próxima semana, los Angelitos. No se lo pierdan.

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