Deportes nacionales (4)

Muy buenas a todos una vez más. aquí me tienen recuperando una de mis secciones más galardonadas y vanagloriadas, mis queridos deportes nacionales.

A uno cada vez le cuesta más descubrir disciplinas nuevas, ya sea debido al mínimo tiempo del que dispongo o quizás a la ya explicada dificultad en el correcto reconocimiento de algunas de ellas. Posiblemente a ambas.

El caso es que esta disciplina lleva machacándome el coco desde hace varias temporadas,  y por fin me he lanzado a por ellos. Seguramente debido a que en estos días, tan próximos a la época estival, sus mejores atletas salen a la luz batiendo sus mejores marcas pasadas, tras un paso más discreto durante el resto del año.

Y no, no hablo ni de los maníacos adoradores del sol, (esa gentucilla que considera que el hecho de no parecer una tostada es terriblemente pernicioso para la salud)  ni de los extraños seres anti-camiseta, que deambulan ‘exhibiéndose’ durante 3  largos meses, orgullosos de sus respectivas aficiones, ya sean los bollos, los esteroides o el vómito post-ingesta. No.

Estos eficientes y concienzudos deportistas están mucho más repartidos. Y aunque lo más frecuente es encontrárselos en el negocio de la hostelería, pueden ser también dependientas del Zara (si, esas que el otro día se te cruzaron en una limusina rosa con  orejitas de conejita), o ejercer  prácticamente cualquier profesión, especialmente si es de cara al público. Me refiero, como no, a los ‘esclavos torturados’.

Cecilia F., del Zara de Cerdanyola, ha llegado a causar shocks hipotérmicos con la mirada.

Esos seres desvalidos que, dado el aumento del negocio hostelero en estas fechas, se multiplican por esporas, inundando todo nuestro país. Esas pobres gentes, habitualmente de condición “NOSI” (no estudian ni han estudiado, pero sí trabajan), que viven sus vidas (incluido su turno laboral) como almas en pena, como afectadas plañideras, llorando y rogando sin parar.

Y los tenemos de todas las edades, aunque es cierto que  como los buenos vinos, con el tiempo, mejoran su técnica. Una depurada y ancestral técnica quejumbrosa, que saca de sus casillas al más bien plantado. A diferencia de otros intérpretes, nuestros protagonistas de hoy son conscientes de su condición y así se lo hacen saber a cualquier presa, que amablemente se interese a nivel de cumplido por sus vidas, aunque bien es cierto que en muchos casos no hace falta ni preguntarles. De echo en muchos casos no hace falta ni que te cuenten la historia, con ver sus modales de teutón borracho te va quedando clarito.

¿El que?. Pues es evidente alcornoque. Que son unas víctimas de este mundo cruel. Sólo ellos trabajan de verdad. Al resto del mundo le crecen billetes en las orejas. Sólo ellos tienen jefes impertinentes. Sólo a ellos les da problemas la clientela. Sólo ellos tienen que echar horas más allá de su horario. Sólo ellos tienen que aguantar a gente que no les cae bien. Y tú, tu sólo eres un afortunado más que no entiende el nivel de sufrimiento y estrés al que están sometidos, ríase usted de Auschwitz.  Tu no eres más que un adinerado pijo que pudo estudiar (para ellos se ve que educación pública hasta el bachillerato no era gratuita) y que nunca ha sufrido en la vida. Lo realmente jodido es estar detrás de la barra de un bar atendiendo borrachos e imbéciles, y trabajar mientras están todos de vacaciones (aquí vemos que a todos ellos les han obligado por decreto a elegir su respectiva profesión).

En su defensa he de alegar que conozco a muchos de ellos que son verdaderos currantes. De los de antes. De los que llegan antes y se van después. De los que están dónde deben y te sacan las castañas del fuego. De los que no tienes que explicarles como hacerlo todo. Eficiencia, eficacia.

Ahora bien, no les pidas una maldita sonrisa. Vete mentalizando, te vas a comer la cara de ‘huele a caca’ cuando le pidas unas patatas fritas, o una talla más de esa camiseta. Olvídate del buenos días o del gracias. Y más vale que Dios te ame si  se te cae un vaso o les pides amablemente que le den una vuelta mas al cacho de carne que muge en tu plato.

Por todo eso, si, se agradece vuestra dedicación. Incluso puede que seas un trabajador modelo. Pero todos trabajamos , o estudiamos, o ambas. Todos tenemos problemas y sufrimos. Y, lo fundamental,  tu concepto de las cosas me importa lo mismo que Eurovisión. Y más estando de vacaciones.  Podrías haber estudiado, o elegido otra profesión, o montarte un huerto y vivir de ello. No es mi problema que tengas que currar mientras yo libro. No tengo por qué aguantarte. Guárdate ese victimismo lastimero para quien se lo trague, y en la medida de lo posible, quédate para ti los panfletos reivindicativos de dignidad y justicia. Más que nada y principalmente, porque pagamos tu sueldo, campeón/a.

Y no jodamos, que si, que es cierto, que para quejica, yo. Que aquí nos quejamos todos. Y que sí, que hay mucho vago viviendo de las rentas. Y que hay días interminables. Y que el mundo está lleno de imbéciles. Ahora bien, me quejo con mi gente mientras disfrutamos de una sesión de DrinkMotion al aire libre y el alcohol ahoga mis penas. Me quejo dentro del coche mientras tardo dos putas horas en aparcar. Me quejo en el gimnasio, o contra el saco de boxeo. Pero no se lo cuento al cliente que menos mal me cae, o peor,  a mi compañera delante de toda la clientela. Y desde luego, no lo demuestro constantemente con mi actitud y malas formas, y menos teniendo un negocio que vive de cara al público. Por simple educación, por simple pragmatismo.

Y tal y tal.

JJG

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Un pensamiento en “Deportes nacionales (4)

  1. […] más atentos comprobarán que esta disciplina tiene mucho en común con la practicada por los “Esclavos torturados” (la variación estival-hostelera del deporte que hoy tratamos) o con los “Buscadores de […]

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