Archivos Mensuales: septiembre 2012

La parte representante de la primera parte…

… será considerada como la parte representante de la primera parte.

Muy buenas a todos de nuevo, mis saludos y maldiciones (según les toque) para todos tras este largo descanso estival, durante el que he enfocado mi torcida literatura hacia otros proyectos. Mis disculpas a quien las requiera, me alegro de volver a mi desahogo “habitual” y espero que les guste, o les joda. A lo nuestro.

Vivimos últimamente en un estado de constante manifestación. Tanto personal e interior, como física y urbana. Ya saben que me va mucho este tema, me convence la descripción social que genera, valoro su perspectiva global. Vamos que me pone. Me pone porque siendo un amante practicante de la conversación estimulante, podría decirse que hablo mucho y con mucha gente, de este tema. Soy lo que en términos del analfabeto medio podría llamarse un plasta, un “no me ralles”. Y de esta conversación cuasi perpetua uno saca muchas conclusiones. Y lamento resultar lo que ustedes quieran que resulte, pero la idea general que uno se forma al respecto de todas estas manifestaciones me parece más cercana a la realidad que cualquiera que quieran crear los panfletos nacionales, tanto los de aquí como los de allá.

Reciente tenemos el revuelo de este 25 de Septiembre, la última gran protesta dirigida a nuestra clase política, la que decide en esto nuestro país. Presión social y física, rodeando el edificio del organismo de máximo poder en esta nuestra democracia. El estrangulamiento continuo de nuestras anteriores comodidades acaba por repatear la conciencia o la paciencia de más de uno, y la gente, esta mosqueada. Y se manifiesta. Y con razón.

Hasta aquí sencillo, panorama jodesto (entre jodido y molesto) el que se nos presenta. La gente reacciona ante los innumerables atropellos a sus derechos, comodidades, libertades, y sobretodo a su confianza. De acuerdo.

Las proclamas y reclamaciones más populares se centran en lo que les comentaba con el título. En la representación. Muy bien, hablemos.

No seré yo quien venga a contarles como esta el tema. Yo mismo considero que la cosa está fea. Y que aquí nadie se salva de la hoguera. O más bien pocos. No se puede confiar en los políticos modernos. Y esto ocurre principalmente porque han caído en la gran trampa de la democracia. Y no es otra que aquella que te impide llegar a la azotea sin pasar por los treinta pisos anteriores. Y que cada piso tiene su peaje. Que cuando llegas arriba en tu partido, debes tantos favores que aunque por obra y gracia de una mala digestión aflore en tu persona una magra responsabilidad cívica y política, estas atado de pies y manos. Que si no ganas las elecciones, no puedes gobernar. Y que ha quedado más que probado que se ganan más elecciones con caramelos y falsas promesas que con ejercicios de responsabilidad política, dosis de cruda realidad y acciones propias de servidores del pueblo vocacionales. Por eso, al igual que el enamorado pusilánime contempla impotente como la destinataria de todos sus esfuerzos cae rendida ante el pasotismo del macarra de la moto, el “buen” político (ya extinguido), sufre viendo como el pueblo adora becerros de polvo bañados en oro. A fin de cuentas, a este “buen político” sólo le queda el onanismo, o comprarse la Harley. Ahora bien, el rencor es innegociable. Que quede claro, ni a nosotros nos gustan ellos, ni a ellos les gustamos nosotros. Los votantes no somos más que el enemigo a engañar en los gabinetes de las altas esferas políticas.

Si amigos, la cosa está fea. Las diferencias entre los tortolitos cada vez se hacen más grandes y llegados a un punto, parecen insalvables. La incompetencia manifiesta de los falsos ídolos, vestidos de gaviota o de rosa, está cada vez mas presente. De hecho, últimamente no se percibe demasiado esfuerzo ni por plantear un disimulo eficaz.

Y como no podía ser de otra forma, la gente sólo ve el conflicto en bloques. Si consideras que el PP lo está haciendo rematadamente mal, eres un sociata provocador. Si consideras que parte de la culpa de que el PP lo haga tan rematadamente mal es de la inefable herencia recibida del PSOE, eres un pijo pepero. Si piensas que la policía se pasa tres pueblos “controlando” las manifestaciones y que es vergonzoso y humillante el trato que reciben muchos ciudadanos inocentes por parte de algunos de estos animales, eres un anti-sistema. Si también piensas que a más de uno esos energúmenos les vendría bien uno o dos porrazos de regalo, eres un fascista represor. Si defiendes que la constitución actual está desfasada para el problema actual, y que deberíamos de modernizarla en la medida de lo razonable, eres un golpista. Si comprendes que diez millones de españoles votaron a este gobierno y que eso le aporta una legitimidad importante a todos los niveles de democracia parlamentaria, eres un facha retrógrado. Y yo pienso todo eso. Imagínense como me han puesto últimamente. Y no es por hacer alarde de nada, pero quizá, sólo quizá, no sea yo el que tiene el problema, y los votantes de este país sean unos ineptos, incultos, radicales, tendenciosos y juiciosos. Igual no, eh.

Y es que a uno le aflora la bilis cuando observa  que al perroflauta estándar,  pasado de rosca y cansado de reafirmar su opinión sin escuchar ninguna otra, se le llena la boca pidiendo dimisiones. Alegando que no, que no nos representan. Y repito, no seré quien diga que todo está bien, no diré que todo es un complot comunista contra la estabilidad de la gran España. No caeré en “marhuendadas”. Pero eso sí, “antes de ayer”, aproximadamente 24.600.000 españoles acudieron a votar a sus representantes, cerca de tres cuartas partes de la población con derecho a voto (concretamente un 71,7%). De esos, unos 10.800.000 votaron al gobierno actual. Y la historia nos la sabemos todos.

Ojo, no estoy tratando de deslegitimar la protesta. Como ya he comentado anteriormente (y volveré a recalcar para los duros de sesera), es más que razonable que haya mucha gente hasta las gónadas de tanta tontería. Pero oiga, estimado Sr. Perroflauta, no trate de venir a dar lecciones a nadie. No desempolve otra vez ese sanbenito de libertador, ya no cuela. No hable de derechos humanos ni de democracia rodeado de banderas comunistas y “segundorepublicanas”, y lo que es más preocupante, ninguna de la España en democracia. No me cuente que son todos pacíficos (que lo serán la mayoría). No llame a la revolución cuando la represión policial (que hideputas son un rato) le espante las pulgas de un porrazo. No me cante “ETA mátalos”. No venga esgrimiendo de nuevo esa superioridad moral auto-asignada que cree poseer más allá de toda duda. No me hable de Lenin y de revisionismos históricos. Madure, coño. No jodamos.

Resumiendo y acabando. Esto está hecho una mierda. El sistema es débil, va de mal en peor. La ley electoral es injusta. Los políticos son corruptos, mentirosos y tramposos, y en pocos casos reciben el castigo que merecen. El capitalismo actual obliga al estado a mantener a flote empresas privadas que en muchos casos se lucran del mal y la miseria ajenos, como son los bancos. Y, evidentemente no parece que la cosa vaya a cambiar próximamente. Al menos no se puede esperar esa iniciativa por parte de un gobierno que en escasos tres meses ha incumplido más veces su programa electoral que yo mi promesa de abstemia perpetua de los domingos por la mañana. No jodamos, las cosas están mal, y no tienen pinta de mejorar. Coño, deberíamos cambiarlas, de acuerdo. Pero sobre un ejercicio de criterio responsable. Desde luego no explotando el trincherismo más banal e interesado, que sólo alimenta a los radicales. No buscando a los culpables siempre fuera de los propios votantes, que manque joda, aportamos esa legitimidad representativa. No por estos derroteros. No guiados por el Sr. Perroflauta, tan ignorantemente orgulloso.  Así, no.

Y dale.

JJG.

Anuncios