Archivos Mensuales: noviembre 2012

Post pre-derbi. Madrid-Atleti.

Saludos, aquí me tienen de nuevo. Últimamente me dejo caer con más asiduidad de la habitual, cierto. Algo tenía que tener de bueno ser pisoteado por el celebérrimo “Plan Bolonia” y tener prácticamente todas las asignaturas sin docencia, a pesar de salirme la gracia por casi dos mil eurillos. Pero dejemos el tema, que me caliento y hoy la cosa no va por ahí.

Hoy les voy a hablar de fútbol. Y ojito “mounstros” , que ya me las se :

¡Oh no, mi admirado juntaletras intelectual disfruta con el nuevo opio del pueblo!

¡Oh Dios mío, es un forofo pirado más, de esos que alaba a veintiún tíos dando patadas a un balón!

¡Harr, seguro que prefiere irse de cervezas a un bar con los amigotes a ver correr a palurdos sudorosos en vez de ver un documental checo subtitulado!

¡No puede ser, es un payaso!

Y salvo en la última declaración, estarían gravemente confundidos. Si, me gusta el fútbol. Y no, no soporto al pseudohipster-gafapasta que lo ataca con argumentos tan obtusos como los expuestos. No aguanto a esa masa inmunda que considera al futbolero (o al amante del deporte en general) un palurdo intelectual, un borrego down.

Porque el fútbol es muchas cosas. Es historia. Es cine. Es moda. Esto de tíos corriendo tras un balón, también es sentimiento, pasión, épica y gloria. Y el balompié también conoce de héroes, villanos, dragones y princesas. El fútbol es sexo, es drogas y es rock’n roll. El fútbol es algo maravilloso, y no existe ser (humano o no) en este planeta capaz de convencerme de lo contrario.

Hechas las aclaraciones pertinentes (o no), vayamos al meollo.

Este sábado tenemos de nuevo derbi en la capital. Los dos grandes de la capi (y en su día del fútbol patrio) se enfrentan en el estadio Santiago Bernabéu. Y para los suspicaces, no, no es un derbi más. O no al menos de los que están acostumbrados a ver los más jóvenes. Por primera vez en muchos años, la rivalidad histórica se hace patente en la clasificación (el Atlético, aventaja en ocho puntos al Real Madrid) y en el césped. Porque si bien los de Concha Espina nos tienen acostumbrados a un fútbol deslumbrante con grandes estrellas y éxitos, lo cierto es que en las dos últimas décadas, los indios han (hemos) pasado una mala racha, en absoluto acorde con sus (nuestros) galones históricos. Sin embargo, en los últimos cuatro años, parece que el gigante dormido despierta, y este Atlético ha conseguido nada menos que cuatro títulos europeos y jugar cinco finales (aunque parece importar menos que las uñas de Cristiano, o las botas de Messi). Además, ha encontrado en el Cholo Simeone a su guía espiritual, logrando en las últimas fechas unos números de escándalo. Resumiendo, estamos sin duda,  ante el derbi más igualado y disputado de los últimos años.

Los contendientes vienen en rachas opuestas, llegando el Atleti lanzado y el Madrid en plena crisis deportiva. Sin embargo, el Atlético no gana un derbi desde la fatídica temporada 99/00, en la que finalmente descendió a  segunda división. Si me preguntan las razones, les diré que la principal razón es que el Atleti siempre ha tenido peor equipo que su vecino rico. Ahora bien, durante estos años, los de la ribera del Manzanares han sido capaces de derrotar al Barça de Rijkaard o al de Guardiola sin mayores aspavientos. Lo cierto es que en los derbis el Atleti empequeñece y el Madrid se crece, haciendo de la victoria colchonera prácticamente una utopía.

Y tristemente, no creo que la historia cambie el sábado. Y hay dos razones en las que apoyo mi teoría. La primera es lo de siempre. Siempre perdemos, el Madrid juega con los mejores del mundo, tienen (literalmente) cinco veces más presupuesto que nosotros, salimos con miedo, ellos se crecen, llegan necesitados etc. . La segunda, y no tan obvia, es que de darse una victoria colchonera, la liga quedaría sentenciada, al menos para el Real Madrid, que quedaría con pocas opciones de alcanzar al Barça, o quien sabe, al Atlético. Y no soy amigo de teorías de la conspiración, pero afrontemos la realidad. No interesa.  No interesa a una Liga-Federación, que ha hecho lo que ha querido con los horarios de ¿la mejor liga del mundo? sólo por dinero (por no hablar del decisivo y completamente innecesario amistoso en Panamá).  No interesa a la masa mediática y forofa que tantos periódicos vende y tantas panzas alimenta. No interesa porque nos quedaríamos sin carbón para la máquina de improperios y absurdeces con las que se desahoga el españolito medio. En definitiva, no interesa que una de las niñas bonitas de la liga se quede fuera, y más si el encargado de tan deleznable tarea no es otro que el molesto Atlético, tan porculero el.

Por todo esto, y llámenme pesimista, dudo horrores que el Atlético salga con una victoria del Santiago Bernabéu. Si finalmente sucediera, me alegraría como el que más, pero, honestamente, no la espero. Deberían darse demasiados factores para obrar el milagro. Considero que está fuera de lo razonable.

Ahora bien, no soy seguidor del Atléti desde que tengo uso de razón por seguir las sendas de “lo razonable”, así que si me preguntan qué necesitan los del Cholo para ganar, les contestaré. Les diré que necesitan orgullo, trabajo, sacrificio, sangre fría, cabeza, orden, huevos, piernas, garra, y, procurar que el balón pase más por Arbeloa o Khedira que por Alonso, Ozil, Modric, Cristiano o, que demonios, cualquier otro. Hasta Casillas genera peligro. Pero sobretodo, necesitan dos tazas de esto:

PD. Los más avispados comprobarán que pongo este maravilloso vídeo (creado por un camarada atlético, un saludo, crack) todos los años. No por pesado, que también. Sino porque creo que merece la pena recordarlo siempre. Porque eso es el Atlético de Madrid. Eso es el FÚTBOL.

Y tal y tal.

JJG

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Deportes nacionales (5) “Los desgraciados”

Hoy estamos de celebración. Llegamos al esperado número cinco de mis deportes nacionales, nunca esperé que la cosa prosperase tanto. También es cierto que los habitantes de esto nuestro país apoyamos firmemente la causa. Es innegable el esfuerzo  y esmero que le ponemos al asunto. La caña que le damos a medrar y prosperar en la ejecución de todas esas ridículas costumbres, que tan fuertemente abrazamos.

Por ser el quinto capítulo, hoy les traigo una disciplina maravillosa. Una en la que quien más quien menos (manque joda) hemos hecho nuestros pinitos. Y es que al igual que el chavalito español recibe un balón de fútbol alguna vez en la vida, a todos nosotros nos han adiestrado (o al menos así lo han intentado) en el noble arte de lo que yo llamo “La guerra de desgracias”.

Como no podía ser de otra forma, sus participantes serán conocidos como “Los desgraciados”. Supongo que más de uno ya sabrá por dónde voy. Y es verdaderamente fascinante comprobar como en más de una conversación civilizada, suelen aparecer sin previo aviso dos o más desgraciados, dispuestos a jugar una pachanguita. Y es que estos fabulosos intérpretes aprovecharán cualquier momento para un envite, y de paso para dejar claro que lo pasan mal. Lo pasan muy mal. Bueno, concretamente lo pasan mucho peor que .

A saber, una infancia dura, unos padres autoritarios, un jefe cabrón, un profesor injusto, una sanción arbitraria, la muerte de algún familiar (aunque sea su tío tercero el del pueblo) y demás dramas telenovelescos. Podrían pensar que llegado el caso, estos seres no atacarán si no se les provoca. Puede ser. Pero créanme, es tremendamente fácil provocarles. Cualquier comentario inocente sobre tu estado al respecto de casi cualquier aspecto de la vida, puede provocar la chispa. Porque da exactamente igual por lo que hayas pasado o por lo que estés pasando, que ellos siempre lo habrán pasado peor que tú. Lo suyo sí que es sufrir, así que no te quejes, que eres un mierda. Y es que “¿Qué me vas a contar a mi?”.

Porque si tienes gripe una semana, ellos pasaron el tifus. Si tienes que estudiar  para un examen, ellos mucho más, aunque estudien un módulo de cromatismo (quiero pensar que no existe). Si lo has dejado con la novia, ellos se han divorciado tres veces. Si tu jefe te tiene un poco harto, el suyo es Hitler. Si andas triste con la muerte de tu perro, a ellos se les murió el tío Paco. Si un día pinchaste en carretera, su coche sufrió combustión espontánea. Y así hasta el infinito. Ellos siempre sufrirán en más cantidad, con mayor intensidad, y por ende, con más razones que tú. Cuanto antes asumas esta realidad, mejor para todos.

Huelga decir que en la mayoría de los casos su quejumbrosa tendencia no está en absoluto justificada. Pero como todo en la vida, si practicas lo suficiente, puedes llegar a ser un experto. Y el ancestral arte de ser un imbécil, no es una excepción. Ciertamente mantienen una habilidad sobresaliente para persuadir a sus allegados al respecto de su desgracia, llegando a convencerte (al menos en primera instancia) que son auténticas víctimas. No obstante, lo curioso de verdad es la competición. No deja de ser irónico ver cómo esta gentecilla mantiene auténticas discusiones sobre quien lo ha pasado peor, debatiendo quien ha sufrido más desgracias, o luchando por ver quién tenido peor suerte en la vida. Paradójicamente, el vencedor será el timorato que más desgracias acumule, o en su defecto, el que más trágicas las haga parecer a ojos del público expectante. Ahora bien, no jodamos. Si por un casual resulta que has tenido una “buena vida”, con sus problemas y sus marrones aquí y allá, sus pérdidas y sus dramas, sus bajones y sus obstáculos, pero en definitiva, soportable para cualquiera con un poco de amor propio, eres un auténtico mierda. Si eres feliz, o andas cerca, eres un patán y un iluso. No conoces la tragedia de la vida. La tragedia que, sin lugar a dudas, los hace mejores que tu, y que por supuesto les excusa de no haber conseguido nada de lo que habrían esperado de la vida.

Los más atentos comprobarán que esta disciplina tiene mucho en común con la practicada por los “Esclavos torturados” (la variación estival-hostelera del deporte que hoy tratamos) o con los “Buscadores de culpables”. Y lo cierto es que unas variantes se alimentan de otras sin remedio.

Por acabar con mi moralina particular, por aquello de dejarlo bonito, y a ver si cala en más de uno, recomendaré un poco de empatía. Así sin más. Aceptemos (que en muchos casos es mucho aceptar) que usted (desgraciado) lo ha pasado mucho peor en la vida que el pobre individuo que osó provocar a la bestia. De acuerdo, para usted la perra gorda. Pero debería de comprender, que lo que menos necesita esa persona, con su problemilla a cuestas, es que usted le haga sentirse todavía más mierda (o al menos así lo intente).  Y así ocurrirá si consigue convencerlo de que su problema es una soplapollez, y que si se encuentra afectado es un blandengue.

Al margen, sólo puedo entender  su reacción como una proclama de excusas. Parece ser que usted necesita gritarle al mundo que si es un fracasado es porque la vida le ha dado duro. Y no es por ser cruel, pero suena bastante patético, oiga. No estaría de más pensar en cambiar las sábanas, en vez de rebozarse en los meados. Aparte de que en muchos casos, lo que me pueda contar, en serio, no me importa una mierda.

Y ya.

JJG

No huelga decirlo

…aunque debería. Y lo repetiré, por si no lo pillaron anteriormente. Y no me cansaré por aquello de que me jode. Me jode mucho. Y la rabia, el resquemor y el desprecio pueden ser tan buen motor como cualquiera. Para los moralistas, añadiré, que las consecuencias, supongo, ya me tocarán. Pero es que manda huevos. No aprendemos, y lo peor de todo, no tenemos maldita intención de hacerlo.

Los más avispados, habrán deducido por el título que les voy a sacar el tema de la huelga general “celebrada” el pasado miércoles catorce de Noviembre. Los que ya me ha leído saben que estas cosas me gustan, me ponen, me motivan. Y es que es en estos momentos cuando todo el mundo parece tener opinión, y eso me gusta. Y es que soy partidario de que la gente hable. Que hablen hasta que se cansen. Lo que ocurre es que como quien dice, todo en exceso es malo. Y no me salgan ya los censores y las alusiones al fascio, denme ligera cancha, que me explico.

No creo que exista mayor artilugio generador de conocimiento para el ser humano que la conversación. Y a más de uno le dejo que me tire un libro a la cabeza, pero yo a lo mío. De hecho, si esta se practica lo suficiente, puede llegar a ser uno de los mas exquisitos placeres. A lo que iba. Por lo que se, -díganme loco- para conversar se necesita que la gente hable, si. Pero es tan importante como que la gente escuche. Y ahí es dónde la cagamos. Estrepitosamente. Y si algo fue el miércoles, fue un día de bocas abiertas y de oídos tapados (que no sordos). Y es que está muy bien que la gente hable, pero si no escucha, es como una tortilla de patata a la que le faltan huevos o patatas. Que o no es tortilla, o no es de patata. Pues eso.

Como observador externo y “neutro” que me considero, (no estoy afiliado a ningún partido, y jamás he votado por ninguno) lo que vi no fue una huelga. No vi un cese, una interrupción con fines reivindicativos. No me encontré con gente bien organizada “luchando” por nada. Tampoco me encontré un gobierno preocupado o alerta por el movimiento de un sector importante de la población. Nada de lo que hacían parecía perseguir ningún objetivo real. Más que nada y principalmente, porque como todos sabían, sindicalistas románticos al margen, no serviría de nada o más bien de poco. Lo que vi fue ira, furia, impotencia, rencor, mala baba, llámenlo como se les venga. Vi desahogo. Me encontré con todo el mundo soltando mierda y con nadie dispuesto a recogerla para tratar de hacer con ella algo mejor.

Lo que vi fue que por primera vez desde que gobiernan, todos los diputados del PP acudieron a su puesto en día “habitual”, en una especie de “toma ya”. Lo que vi fue a gente, a plena luz del día, pasar como la caballería de Atila por las calles, dejando destrozos y desorden a su paso. Lo que vi fue a un mosso d’esquadra con los huevos negros, soltar un porrazo en la cabeza a un menor. Lo que me encontré fue a niñatos imberbes increpando e insultando a señores que vieron jugar a Gárate. Lo que apareció, fue una delegada de gobierno manipulando de forma consciente las cifras de la manifestación de la tarde, en una acción que sin merecerme la menor importancia, roza el delito. Lo que vi fueron insultos, improperios, presiones, alaridos contra la gente que decidió abrir sus negocios. Entre ellos, un grupito que, al grito de “fascistas”, obligaba e imponía su doctrina a los comerciantes, en un acto digno de figurar al lado de la palabra “hipocresía” en el diccionario. Vi como la gente defendía una acción más contundente y sin miramientos por parte de los anti-disturbios contra la masa de manifestantes, queriéndolos vestir de gris. Vi como se quemaban coches de policía y algunos proclamaban la revolución a base de sangre. Vi como uno de los panfletos nacionales, en una labor de patetismo ridículo (y no puedo decir que sin precedentes), insultaba rabioso a los manifestantes. Vi como los mismos manifestantes que pedían justicia, derechos e igualdad, se dejaban comandar por payasos de la farándula, chupasangres de sindicato y por alguno de los miembros del antiguo gobierno negligente. Lo que vi fue a gente pretendiendo tacharme de insolidario y oportunista, porque “me aprovecharé de sus logros sin hacer nada”, al margen de la pedantería y soberbia pseudo-heroica que rezuma el temita, muy en la línea de esa “superioridad moral auto-asignada” que tanto les gusta a los angelitos, por el momento lo único que han conseguido es que me coma un par de atascos.

No me negarán que tanta “expresión” no deja si no un panorama completamente desolador. Sobretodo para los que creemos firmemente que esto no es un juego de buenos, ni de malos, ni de regulares. Para los que pensamos que esto no es un “conmigo o contra mi”, sino un todos juntos. Porque claro, como critiques algo que afecte a los unos, ya te acusan de justificar todo lo que hagan los otros, y viceversa.

Para explicar esto, haré referencia a una escena de “The newsroom” la nueva serie de Aaron Sorkin, (altamente recomendable) que nos muestra el día a día detrás de un canal de noticias y su lucha entre la audiencia y la honestidad periodística. Pues bien. En una de estas, durante la serie necesitan a una chica para llevar como invitada al programa. La chica no parece andar muy por la labor, pero finalmente y tras la insistencia de algunos redactores, acepta. Durante la entrevista en directo, la chica se calienta y se le escapan un par de proclamas pro-abortistas, una metedura de pata, ya que la cadena es tradicionalmente republicana y el propio presentador  y protagonista (Will McAvoy) se declara militante. Esa noche, cuando la joven vuelve a su casa, encuentra que su puesto de trabajo (una tienda de moda) ha sido acribillado a ladrillazos y una pintada que reza “Baby Killer” (mata bebés) adorna el escaparate. El presentador llega a la zona avisado por sus colaboradores, mientras la policía cerca la zona. Al acercarse a la chica, que pulula preocupada y asustada por la zona, y preguntarle por su estado, la chica le contesta: “Lo siento, se que tu eres pro-vida”. A lo que Will contesta algo como “lo que no soy es pro- tirar ladrillos por las ventanas”. Y a eso vamos, joder.

Cuando el radicalismo se vuelve más goloso e irresistible, cuando toda la bilis se impone y sólo importa tener razón e imponerla, es cuando más esfuerzo de criterio debemos hacer. Porque cuando para tener razón, tengamos que obviar la realidad, habremos perdido el rumbo. Porque si algo debe de irnos quedando claro en en esto nuestro país, es que no puedes ni sugerir que el votante-expectador-militante no lo sabe todo. En este país todo el mundo lo sabe todo, y todo el mundo tiene razón. Porque si no, eres un fascista comunista represor rojo facha progre carca. Y eso no puede ser, ¿verdad?. Pues si. Aquí me tienen. Debo ser todo eso. Al menos eso saco en claro de las múltiples conversaciones “civilizadas” que he tratado de mantener estos días. Ahí queda.

Por todo eso y por mucho más, cada vez somos un poquito más gilipollas.