No huelga decirlo

…aunque debería. Y lo repetiré, por si no lo pillaron anteriormente. Y no me cansaré por aquello de que me jode. Me jode mucho. Y la rabia, el resquemor y el desprecio pueden ser tan buen motor como cualquiera. Para los moralistas, añadiré, que las consecuencias, supongo, ya me tocarán. Pero es que manda huevos. No aprendemos, y lo peor de todo, no tenemos maldita intención de hacerlo.

Los más avispados, habrán deducido por el título que les voy a sacar el tema de la huelga general “celebrada” el pasado miércoles catorce de Noviembre. Los que ya me ha leído saben que estas cosas me gustan, me ponen, me motivan. Y es que es en estos momentos cuando todo el mundo parece tener opinión, y eso me gusta. Y es que soy partidario de que la gente hable. Que hablen hasta que se cansen. Lo que ocurre es que como quien dice, todo en exceso es malo. Y no me salgan ya los censores y las alusiones al fascio, denme ligera cancha, que me explico.

No creo que exista mayor artilugio generador de conocimiento para el ser humano que la conversación. Y a más de uno le dejo que me tire un libro a la cabeza, pero yo a lo mío. De hecho, si esta se practica lo suficiente, puede llegar a ser uno de los mas exquisitos placeres. A lo que iba. Por lo que se, -díganme loco- para conversar se necesita que la gente hable, si. Pero es tan importante como que la gente escuche. Y ahí es dónde la cagamos. Estrepitosamente. Y si algo fue el miércoles, fue un día de bocas abiertas y de oídos tapados (que no sordos). Y es que está muy bien que la gente hable, pero si no escucha, es como una tortilla de patata a la que le faltan huevos o patatas. Que o no es tortilla, o no es de patata. Pues eso.

Como observador externo y “neutro” que me considero, (no estoy afiliado a ningún partido, y jamás he votado por ninguno) lo que vi no fue una huelga. No vi un cese, una interrupción con fines reivindicativos. No me encontré con gente bien organizada “luchando” por nada. Tampoco me encontré un gobierno preocupado o alerta por el movimiento de un sector importante de la población. Nada de lo que hacían parecía perseguir ningún objetivo real. Más que nada y principalmente, porque como todos sabían, sindicalistas románticos al margen, no serviría de nada o más bien de poco. Lo que vi fue ira, furia, impotencia, rencor, mala baba, llámenlo como se les venga. Vi desahogo. Me encontré con todo el mundo soltando mierda y con nadie dispuesto a recogerla para tratar de hacer con ella algo mejor.

Lo que vi fue que por primera vez desde que gobiernan, todos los diputados del PP acudieron a su puesto en día “habitual”, en una especie de “toma ya”. Lo que vi fue a gente, a plena luz del día, pasar como la caballería de Atila por las calles, dejando destrozos y desorden a su paso. Lo que vi fue a un mosso d’esquadra con los huevos negros, soltar un porrazo en la cabeza a un menor. Lo que me encontré fue a niñatos imberbes increpando e insultando a señores que vieron jugar a Gárate. Lo que apareció, fue una delegada de gobierno manipulando de forma consciente las cifras de la manifestación de la tarde, en una acción que sin merecerme la menor importancia, roza el delito. Lo que vi fueron insultos, improperios, presiones, alaridos contra la gente que decidió abrir sus negocios. Entre ellos, un grupito que, al grito de “fascistas”, obligaba e imponía su doctrina a los comerciantes, en un acto digno de figurar al lado de la palabra “hipocresía” en el diccionario. Vi como la gente defendía una acción más contundente y sin miramientos por parte de los anti-disturbios contra la masa de manifestantes, queriéndolos vestir de gris. Vi como se quemaban coches de policía y algunos proclamaban la revolución a base de sangre. Vi como uno de los panfletos nacionales, en una labor de patetismo ridículo (y no puedo decir que sin precedentes), insultaba rabioso a los manifestantes. Vi como los mismos manifestantes que pedían justicia, derechos e igualdad, se dejaban comandar por payasos de la farándula, chupasangres de sindicato y por alguno de los miembros del antiguo gobierno negligente. Lo que vi fue a gente pretendiendo tacharme de insolidario y oportunista, porque “me aprovecharé de sus logros sin hacer nada”, al margen de la pedantería y soberbia pseudo-heroica que rezuma el temita, muy en la línea de esa “superioridad moral auto-asignada” que tanto les gusta a los angelitos, por el momento lo único que han conseguido es que me coma un par de atascos.

No me negarán que tanta “expresión” no deja si no un panorama completamente desolador. Sobretodo para los que creemos firmemente que esto no es un juego de buenos, ni de malos, ni de regulares. Para los que pensamos que esto no es un “conmigo o contra mi”, sino un todos juntos. Porque claro, como critiques algo que afecte a los unos, ya te acusan de justificar todo lo que hagan los otros, y viceversa.

Para explicar esto, haré referencia a una escena de “The newsroom” la nueva serie de Aaron Sorkin, (altamente recomendable) que nos muestra el día a día detrás de un canal de noticias y su lucha entre la audiencia y la honestidad periodística. Pues bien. En una de estas, durante la serie necesitan a una chica para llevar como invitada al programa. La chica no parece andar muy por la labor, pero finalmente y tras la insistencia de algunos redactores, acepta. Durante la entrevista en directo, la chica se calienta y se le escapan un par de proclamas pro-abortistas, una metedura de pata, ya que la cadena es tradicionalmente republicana y el propio presentador  y protagonista (Will McAvoy) se declara militante. Esa noche, cuando la joven vuelve a su casa, encuentra que su puesto de trabajo (una tienda de moda) ha sido acribillado a ladrillazos y una pintada que reza “Baby Killer” (mata bebés) adorna el escaparate. El presentador llega a la zona avisado por sus colaboradores, mientras la policía cerca la zona. Al acercarse a la chica, que pulula preocupada y asustada por la zona, y preguntarle por su estado, la chica le contesta: “Lo siento, se que tu eres pro-vida”. A lo que Will contesta algo como “lo que no soy es pro- tirar ladrillos por las ventanas”. Y a eso vamos, joder.

Cuando el radicalismo se vuelve más goloso e irresistible, cuando toda la bilis se impone y sólo importa tener razón e imponerla, es cuando más esfuerzo de criterio debemos hacer. Porque cuando para tener razón, tengamos que obviar la realidad, habremos perdido el rumbo. Porque si algo debe de irnos quedando claro en en esto nuestro país, es que no puedes ni sugerir que el votante-expectador-militante no lo sabe todo. En este país todo el mundo lo sabe todo, y todo el mundo tiene razón. Porque si no, eres un fascista comunista represor rojo facha progre carca. Y eso no puede ser, ¿verdad?. Pues si. Aquí me tienen. Debo ser todo eso. Al menos eso saco en claro de las múltiples conversaciones “civilizadas” que he tratado de mantener estos días. Ahí queda.

Por todo eso y por mucho más, cada vez somos un poquito más gilipollas.

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Un pensamiento en “No huelga decirlo

  1. Guille404GF dice:

    Completamente de acuerdo con todo.
    He llegado al blog de manera completamente fortuita, a través de google, me ha hecho gracia el título y a raíz de ello me he puesto a leer entradas, cada vez con más interés. No conozco de nada al autor, ni sé que edad tiene ni de donde es, pero quería felicitarle por saber expresar tan bien muchísimas ideas que comparto. Casi nunca dejo comentarios por la red, pero de verdad que me he sentido especialmente identificado con las opiniones de muchas entradas, lo que es difícil. Saludos y felicidades al autor de parte de un estudiante de arquitectura de Madrid.

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