La historia de los torpes beodos

… y de como no se puede ser más imbécil.

Buenos días tropa, aquí me tienen de nuevo, y les vengo con un regalito. Esta vez les traigo una bonita historia bajo el brazo,  un cuento de los de siempre, que hace poco llegó a mis oídos de la mano de la juglaría madrileña, y que está siendo sensación y leyenda de las mejores mesas de las mejores casas. Deléitense.

La medianoche tornaba en la plaza de real propiedad. Algaravía y jolgorio del personal en general, mientras el néctar del diablo, fluía sin cesar.
Dos torpes beodos compartían tragos entre la muchedumbre, pensando en lo bienvenida que sería un poco de lumbre. Con buenos amigos reían como hacía mucho que era costumbre.
Llegado el momento uno de los torpes beodos sintió la llamada de las aguas menores. Su fiel compañero lo acompañó, cumpliendo con los rigores.
La calle estaba desierta, el rincón vacío. Su único enemigo, aquel maldito frío.
Con impericia y desacierto, los beodos se dispusieron a empezar el concierto.
Consiguieron llevar a buen puerto el asunto, o así  pensaron, hasta que cayeron en que tenían, dos sombras cada uno.
La autoridad de incógnito,  de entre las sombras había salido, ya era tarde, identificación y castigo.
Y así los torpes beodos perdieron la dignidad y el salario, a manos del enmascarado funcionario.
 
 

Y ahora lo más increíble. Lo que no se esperan. Yo era uno de esos torpes beodos. Al otro gran beodo,  le dedico este post.

Y si. Todo esto es para hablarles de un tema que tengo pendiente con ustedes, y que como ya saben, me repatea sobremanera. Hoy toca hablarles de nuestro querido amigo el “botellón”.

Lo cierto es que lo del botellón es una putada. Da mala imagen, las calles se manchan, los vecinos no pueden dormir y,  toca mear en la calle. Además en muchos casos acaba con peleas, drogas, o vandalismo. No es buena idea tener a cincuenta chavales (de hoy en día) borrachos como cubas de risas en la calle. En resumen, considero que es una cerdada, tirando a incívica y cuesta descanso y dinero. Hasta aquí todo correcto.

Ahora bien, también soy practicante (mas que) habitual del mismo. Y por lo que les acabo de contar supongo que deducirán que no me hace ni puta gracia. Normalmente hacemos cosas que no queremos cuando no nos queda mas remedio, o el remedio es peor que la enfermedad. Y este es uno de esos casos.

Si a alguno le da por pensar que hago botellón por placer y rebeldía que vaya centrifugándose las neuronas. Evidentemente me gustaría más estar en un sitio con música, calefacción, ropero, y baños. La cosa es que, hoy por hoy, no puedo permitírmelo.

Y es que yo (y prácticamente todo el mundo que conozco) no practica el botellón por placer o maldad sibilina. Sino porque  no les queda mas cojones si lo que quieren es estar con sus amigos y tomarse más de una copa. Si el 99,9% de los locales no tuvieran precios completamente prohibitivos sobre la entrada y las consumiciones, créanme que los frecuentaría con más asiduidad.

Pero lo cierto es que soy estudiante de ingeniería, vivo con mis padres, y, que les voy a contar, la cosa está jodida. Hace algunos años, algún bar pisaba aprovechando las pocas horas libres del día para dar clase a chavales, y así poder pagar hasta tres euros por una puta cerveza. La cosa es que ahora esas clases las dan licenciados.

Comprenderán que a muchas personas como yo, no nos queda mucho más remedio que compartir gastos con amigos y beber en la calle, tomarnos nuestras cuatro o cinco copas tranquilamente, y luego rezar porque se pueda entrar a algún garito sin pagar.

Y que cuanto más jodida está la cosa, más suben las multas por denuncias derivadas del botellón y más persecución policial existe, rozando el absurdo en muchos casos. Había visto hacer encerronas por tres calles distintas, llegando a cotar el tráfico en algún caso. Había visto llegar hasta siete u ocho motos de polícia como la novena del coronel Kilgore. Había visto multar a una mujer por beber una lata de cerveza por la calle, de camino a su casa. Había estado noches enteras huyendo de la policía como si fuera un terrorista. Pero ya lo del otro día de usar policía secreta para multar a dos pobres imbéciles meando en la calle, me pareció lo más patético. Y peor aún que ninguno de los cinco policías secretas allí presentes fuera capaz de decirme cuál era la cuantía de la misma, mas que nada por ir despidiéndome de mi riñón derecho con el cariño que merece.

Lo dicho, no lo hacemos por placer, y las medidas disuasorias cada vez son más ridículas y sobredimensionadas, llegando a cobrar una cantidad similar al sueldo mínimo por pillarte compartiendo una cerveza con un amigo en vía pública. Una lata de cerveza que te ha costado 90 céntimos en el chino, mientras en el bar cool de al lado te habrían cobrado 2,50 euros, más 20 céntimos de suplemento de terraza por una caña mal tirada y un plato con tres patatas fritas rancias.

¿Soluciones? muchas y muy variadas.

¿Qué tal una especie de subvención para aquellos bares que pongan las copas a menos de tres euros y las cervezas a menos de uno? (Ahora mismo los bares y discotecas le están cobrando entre 8 y 10 veces más de lo que a ellos les cuesta esa copa).

¿Qué tal dejar de pagar precios ingentes por calidades (y cantidades) irrisorias? (Somos cómplices necesarios de que nos estafen).

¿Qué tal sanciones ejemplares y accesibles por el botellón y no atracos económicos a quien no puede permitirse estar en un bar? (Como siempre, se recauda de quien menos tiene).

¿Qué tal un poco de comprensión para los pobres pringados, que, como yo, no pueden tomarse más de una caña en un bar sin arruinarse o sin sentirse estafados?. (NO soy un delincuente)

Y sobretodo y más importante  ¿Qué tal poner alguno de estos los viernes y sábados?. A mi me habrían ahorrado una multa.

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4 pensamientos en “La historia de los torpes beodos

  1. También hubiera estado bien hablar sobre los espacios públicos dedicados a esta praxis, los “botellódromos”, que como ocurre en Andalucía es una buena opción pero siempre están alejados de las zonas urbanas sin ser accesibles para muchos por distancias o tiempos que deberían invertir, y también sobre como los botellódromos acaban por convertirse en ring de reyertas….

  2. Como bien apuntas, los “botellódromos” pudieron parecer en su día una buena idea para solventar el problema, pero lo cierto es que acaban concentrando las peleas, las drogas y la delincuencia, al final atenúan el problema, pero no solucionan nada.

    Creo que la solución pasaría por una negociación seria con los llamados “empresarios de la noche” para solventar un problema que nos afecta a todos. El Ayuntamiento se ahorra suciedad y denuncias, los locales ganan clientes, y nosotros no tenemos que estar en la puta calle. El problema es que si me pagan la copa a 9 euros, para qué narices la voy a poner a 3¿?
    Y que no me vengan con problemas de rentabilidad que casi todos los sitios que conozco que se sumaron a este tipo de iniciativas (copas baratas, barras libres a precios razonables, bono copas, eurocopas, cañas a un euro etc.) les fue bastante bien con ello.

  3. […] Los políticos que legislan sobre digamos, uno que me guste… “el botellón”. Esos que deciden poner multas cercanas al sueldo mínimo por consumir alcohol en vía publica. […]

  4. […] Los políticos que legislan sobre digamos, uno que me guste… “el botellón”. Esos que deciden poner multas cercanas al sueldo mínimo por consumir alcohol en vía publica. […]

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