La paranoia del agravio comparativo.

Saludos de nuevo a toda mi gente.  A todos ustedes que se pasan de cuando en vez a comprobar si mi trastorno crónico evoluciona como debería.  Buenas noticias, tengo gilipolleces para rato. Y es que soy de los que piensan que sólo existen dos tipos de cosas, las gilipolleces y las que no lo son del todo. Me especializo sobretodo en las primeras.

Hoy vengo con una jodienda que sin ser nueva, creo haber desgranado con cierto tino. De esas que bien podría formar parte de mis apreciados “Deportes nacionales”.  En este caso, tristemente, tengo la certeza de su acogida y práctica a nivel internacional.  Si el título no les es del todo elocuente, presto les explico el asunto.

Seguro que les ha pasado. Seguro se acuerdan de aquella vez. Esa en la que sin comerlo ni beberlo, sin incurrir (aparentemente) en ningún tipo de afrenta o torpeza protocolaria, marcharon a casa abroncados y etiquetados. Aquella ocasión en la que sin alejarse de su comportamiento habitual (aceptablemente cívico, quiero suponer) se les tachó de esto, aquello y lo otro.

Pues a esas voy. Por ahí tiro. Por esa búsqueda continua de la ofensa. La puta paranoia del agravio comparativo (PAC). Y aunque existen innumerables registros de esta cada vez más acostumbrada práctica, les contaré tres casos destacables por habituales.

PAC por supuesto machismo.

Uno de los grandes (y por desgracia cada vez más) casos de PAC de nuestros días es el que se da por supuesto machismo. Ojo, no me salten, que les veo venir. Claro que existe el machismo. Por supuesto que sigue siendo una lacra a combatir y erradicar. Evidentemente no debemos perderlo de vista. Sin lugar a dudas la igualdad y (sobretodo) la equidad de sexos deben de ser un objetivo para nuestra sociedad. Correcto, afirmativo.

Ahora bien, y no me jodan. Estoy muy cansado de recibir apelativos referidos al machismo con tanta gratuidad. Estamos formando un ejército de auténticas taradas para las cuales cualquier lunar en su vida está sostenido por un machismo judeo-masónico. Cualquier acción o comentario, por inocente o jocoso que sea, es susceptible de convertirse en una terrible ofensa machista por tu parte.  Pero ojo pasmao, entérate, que no sabes hacer dos cosas a la vez, eres demasiado torpe para comprenderla, el fútbol es de cavernícolas, eres genéticamente desordenado, eres igual que todos… . Eso son verdades universales e ingeniosas sátiras. Habrá que joderse.

PAC por supuesto racismo.

Esta, viene con historia. En una de mis últimas escapadas nocturnas, cruzamos con una pareja de norteamericanos. Él, alto, delgado y blanco. Ella, menuda, gorda y negra (y no se me alarmen a estas alturas, los eufemismos para otro). El caso es que no recuerdo muy bien a cuento de qué, surgió cierto conflicto con dichos individuos. Con afán apaciguador y diplomático, y con ganas de dar rienda suelta a mi inglés etílico, traté de mediar con la susodicha. Tras unos cuantos intercambios  cargados de hostilidad por parte de la dulce señorita, conseguí arrancarle un par de sonrisas y tal. Tras la ardua negociación, me dispuse pues a firmar el tratado de paz tan duramente litigado. Me armé de mi mejor sonrisa, un torpe “¿friends?”, y el ofrecimiento de un amigable choque de puños. Craso error.

Por un momento me imaginé en las páginas de sucesos:  “Joven madrileño en coma tras sufrir una merecida agresión por parte de otra víctima del racismo”. Y ojo que no bromeo. Pareció por un instante que me había cagado en su estirpe o le había preguntado por su plantación de algodón natal.  Quizá le había pedido crack, cd’s pirata o indagué sobre el paradero de su amo.  Pero lo cierto es que no hice nada de eso. Le ofrecí un conciliador choque de puños, como tantas veces hago con mis amigos blancos, negros, marrones, amarillos o magentas. Y eso me convirtió en un terrible monstruo. “¡That’s so fucking racist!” oiga. Creo que poco puedo añadir, que ya me entendieron ¿no? pues eso. Desde ya, propongo una de Crash.

PAC por supuesta creencia de superioridad.

Vamos que eres un listillo. Que como has leído algún libro, te acuerdas por dónde pasa el Pisuerga, ves las noticias y no lo escondes, eres un resabido y te crees mejor que el pobre individuo que ignora tus asuntos.

Supongamos que haces un alarde inocente de culturilla, preguntando a la “Holly Golightly fan” de turno por Capote, con la esperanza de que no te nombre a Jesulín. La cagaste. De acuerdo, es  un poco pedante. Pero no más que el compi contándote que levanta su peso en press de banca. Pero una mola y la otra te convierte en un cultureta. Jodesto.

Lo peor de todo es que el alarde es innecesario para convertirte en un listillo. Ante cualquier muestra de un conocimiento cultural básico, la has liado. Eres un arrogante y vas de listo por la vida. Y es que debes comprender que a él “no le gusta leer” y ha estudiado en la “universidad de la vida”. Con dos cojones.

Siempre he pensado (como el bueno de Albert) que todos somos unos ignorantes, simplemente cada uno ignora lo que quiere. Y evidentemente tengo mis prioridades al respecto. Y por supuesto no pretendo que todos las compartan.

Comprendo que no todo el mundo tiene acceso a la cultura, comprendo que no es un ámbito muy jugoso en este país de tronistas y toreros, comprendo que pueda no ser lo tuyo. Entiendo que no lo compartas, incluso que no lo valores. Pero por favor, no lo rechaces. Entonces tú mismo me estas “coronando” superior.

O en palabras del president:

Si uno es un buen vecino, hace bien su trabajo, de vez en cuando se rie, si asimismo piensa un poco en los demás, y si sobretodo sabe ser compasivo y tolerante, entonces es mi hermano y me importa un bledo si no tiene estudios.
Lo que no soporto es los que intentan convencer a los demás de que los que tienen estudios son seres privilegiados que te desprecian. Esa gente que dice cosas como “el tiene esdudios, pero yo soy un hombre de la calle como tú”.
Especialmente cuando sabemos que la educación puede ser la panacea, ¡la panacea Toby!, contra el crimen, el desempleo, las drogas, el odio…

En resumen. Hasta las gónadas me hallo de tanta soplapollez. De hacer de la vida una búsqueda constante de una ofensa que ni se pretende ni existe. Si la buscas, la acabarás encontrando campeón/a.

Lo que sí es una ofensa, es que te acusen gratuitamente y sin fundamento, de machista, racista o arrogante.

Ya.

JJG.

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