The times ¿they are a-changin?

Puede que a simple vista parezca sencillo dar la razón al bueno de Bob y contestar por ende al ocurrentísimo (que te cagas) juego de palabras que me he sacado por título.

Y ahora no me salgan los puristas blogueros. Que si, que ya lo sé. Que había que ponerla. Pero he sido incapaz de encontrar una versión decente del tema de Dylan en youtuba, (y si, como siempre, está puesto a posta) manda huevos.

Al tema, que hoy el asunto va de preguntas.

Y es que son innegables las consecuencias del paso del tiempo por y para con la especie humana.  No les aburriré con los cambios de paradigma en formas de vida y tecnología. No les contaré otra crónica sobre cómo cambian los tiempos. No les daré otra charla de padre. (No) lo siento, no me sale. La circunstancia y el ámbito humano han cambiado. Sin duda. Y sin remedio. Para usted la perra gorda.

A lo que vamos. Lo que quiero contarles.

¿Ha cambiado el ser humano como individuo?.  ¿Acaso en el fondo no ansiamos lo mismo que querían nuestros padres y abuelos?. ¿De verdad la aspiración humana es tan distinta de la de “antes de ayer”?

¿Tu abuelo no quería también a la más guapa del pueblo? ¿O piensas que  no quería ser el macho alfa? ¿Tus “mayores”, no querían comodidad y poder?

Cuando tu padre le abría la puerta al bombón de turno, algo pretendía. Cuando tu madre iba de pura delante del chulazo de la moto, algo reclamaba. Siempre ha sido así, y así siempre será. Manque joda.

Buscando en el baúl de los recuerdos, toda historia contada nos parece mejor. Quemamos responsabilidades indagando acerca de un tiempo más acorde con lo que hoy nos apetece creernos. Con lo que a menos responsabilidad nos encadene. Como siempre, somos incapaces de coger a la vaca por los cuernos. Y es que hace mucho que el toro se nos quedó grande.

En un mundo occidental avanzado y con acceso a la cultura, no hemos dejado de querer las cosas como Dios manda. Simplemente hemos creado nuevos ídolos, quizá menos oficialistas. No jodamos. Llámenlo como quieran

A saber: el dinero, el placer,  la patria, la fama o el ego (y apúntense este último), se han convertido en los nuevos dioses a venerar y de los cuales esperamos recompensa divina.

¿Son los únicos dioses que siempre existieron?.

El deseo, el capricho, todas esas cosas que nos creemos con derecho a poseer, son el rezo perpetuo. Vivimos de expectativas. De expectativas que nos han inculcado, si, pero que (sobretodo) nos hemos querido crear.

A fin de cuentas lo cierto es que el juego siempre ha sido el mismo, simplemente hemos cambiado el terreno, el clima, las normas.

 

Y tal.

JJG

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