Deportes nacionales (7): “El buenrollista cosmopolita”

La vuelta es jodesta. Y no digo ni del verano porque no tiene por qué narices haberse terminado el mismo, ni digo de vacaciones porque pueden quedarte otro porrón de días. Destinados estos, para que le cojas más asco adictivo a no hacer nada, si cabe. Me refiero a cuando vuelves. Tampoco tiene que ser necesariamente de un sitio físico (y más tal y como está el asunto), simplemente cuando vuelves a la rutina titular, la del “resto del año”.

Y durante este periodo de adaptación y acomodamiento, surgen enormes obstáculos para tu recolocación.

Que has echado panza, y se acabaron las frituras y las cañas como desayuno comida y cena. Y el copazo de postre, también.

Que el aburrimiento es atroz, tengas o no gran cosa que hacer. Simplemente, te cuesta disfrutar sabiendo la que se te viene encima.

Que cuando tratas de matarlo, no están ni él ni ella para remediarlo.

Que en tu infinito pacman mental, habitualmente agravado por el tiempo libre, sigues buscando el momento. Cuándo ocurrió todo.

Que empiezas a ver fotos, joder. Y, sobretodo, que mientras te pones moñas con todo el asunto, aparece ese ser repugnante. Ese individuo que consigue que cambies tu melancolía de puesta de sol por auténtico rechazo homicida. Hablo, evidentemente del puto buenrollista cosmopolita.

Si señores, este ser es capaz de sacar lo peor de cualquier persona pseudo-digna que se vista por los pies. Y no me pongan caras raras, que saben de quien les hablo. Todos conocemos uno, o dos, o, Dios no lo quiera, es familia.

Si no, les propongo un ejercicio. Dediquen unos minutos a su plataforma favorita de moñismo nostálgico. Ya sea dándole a facebook, twitter, tuenti, o la variante que consideren más digna (ja). Ponte a repasar las fotillos de tu verano. Ya sean las cutres que te mandan por el whatsapp, o las sacadas con el camarón lanzamisiles que les sajaste a tus padres cuando pensaste que lo tuyo era fotografiar atardeceres y ponerlos en sepia. Genio.

Al caso. Mientras tus niveles de quejumbrosa autocompasión van aumentando, te da por echarle un vistazo a las correspondientes imágenes de aquel compañero de instituto, del primo Juan, o de tu colega el de Puerto Banús, aquel que antes se fue un par de semanas a la India a “coger perspectiva”. Y ya me estoy calentando sólo de pensarlo. Y si haces el ejercicio, me entenderás.

A por ese voy, a por el cretino de la perspectiva. Y ya no solo por las ínfulas pretenciosas en lo que viene siendo un “porque puedo y me apetece”. No. Es sobretodo por el tratamiento posterior del viaje. Y que nos comemos el resto.

Como he explicado, el primer indicador de que estamos ante un buenrollista cosmopolita de verdad son las fotos. ¿Qué fotos? se estarán preguntando.

Bien, aunque no me deje bien parado, ya que yo siempre fui de ponerme plasta con las palabras, y menos de la nikon, según parece, una imagen vale más que mil palabras.

Sustitúyase la silueta por la imagen sonriente de nuestro campeón de hoy.

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Poco más que añadir. Supongo que en la mente del pusilánime estándar consigue colar la idea del buen rollo internacional. Pero lo cierto, es que si miran un poco más, las imágenes transmiten una hipocresía y un “que bueno soy” que dan bastante asquete. Probablemente luego probarían a desparasitarse en casa.

Luego ya, cuando tienes la mala fortuna de tener que tratar con estos individuos, compruebas que el pestillo que dejan las fotos, no es nada más que el cuerno del monstruo. La historia suele seguir por una serie de frases enlatadas referidas al ciudadanismo sin fronteras, dignas de una campaña publicitaria de Ikea sobre biblias. La bola va creciendo cuando les da por hablar de costumbres ancestrales en términos made in Wikipedia, y Dios no lo quiera, con un nuevo acento super internacionalista de la muerte. De la muerte que empiezas a desear para ti, con tal de no tener que aguantar más sandeces. Pero no se me distraigan de lo importante. Ellos han ido “más allá”, y, sobretodo,  tu no.

Los medallistas de nuestra disciplina  de hoy son además capaces de desenvolverse maravillosamente en casi cualquier contexto. No sólo viven de las fotos con niños negritos luciendo pulsera de todo incluido. No tienen necesidad de viajar a Brasil, India o el Congo para ejercer el más funesto de los postureos. Son capaces de colarte su buen rollo humanitario en una foto con unos chavales negros, que el lumbreras consideró grafiteros underground, aunque sea en un bar del 16eme. Ay Dios mio, llévame pronto.

Pero vaya, que como siempre, el problema es que cuela. El primer problema de no ser uno mismo, no es fingir, no es ser otro, no es perder esencia, el primer problema es que siempre habrá una multitud dispuesto a zampárselo. Y así, es difícil resistirse, supongo.

Y que si, que me jode que estos payasos vayan  a la India o Brasil y yo no. ¿Qué pasa?

Bueno.

JJG

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