Archivos Mensuales: octubre 2013

Inseguras seguridades. Seguras inseguridades.

Y todos los viceversas posibles.

Bienvenido,  insensato que sigue pasando a supervisar mi camino inexorable hacia la locura marginal. Aquí estoy de nuevo. Este resulta ser mi post número treinta, así que la evolución desde el primero debe de ser tirando a espeluznante.

Durante este mes de ausencia no he tenido tiempo ni de cabrearme, entre el inicio del curso, fin de año (el año acaba con el verano, te lo digo yo) y demás adaptaciones. Pero una vez uno va abrazando la tan confortable como maldita rutina, las cosas empiezan a volver a su cauce. Entre la doctrina Parot, Catalunya saliendo del armario y la enésima reposición de “El diario de Noah”, uno va acumulando ira y desprecio en sus facetas más anti-constructivas, y ya va siendo hora de hacer algo con ello.

Y ya les tocará a cada uno de estos montruos, sobretodo a Gosh y al puto moñismo romántico de cartón piedra. Hoy no toca contar porque detesto “El Diario de Noah”. Antes en mi lista tenía ganas de hablaros de seguridades.

Y me refiero, para evitar equívocos, a seguridad en uno mismo. Aunque tengo dudas de quien pelotas es uno mismo, pero vaya.  Les hablo de ese convencimiento en su capacidad para conseguir lo que quiera que se hayan propuesto. De lo estable de la fe en su competencia para resolver problemas. Les hablo de aplomo, no les hablo de huevos, y ya les explicaré por qué.

No pretendo hacer del post un documento de rigor psicológico, así que no se me alteren los gestálticos gafapasta. Simplemente baso mi opinión en una capacidad de observación casi sociópata y mi torcido critero.

Y en lo que a seguridades se refiere, veo de tres tipos. Principalmente de dos. Y de dos que no se sostienen, no cuelan, no son congruentes, y, en definitiva, no me valen. De esos mismos (cómo no) es de los que les hablaré hoy.

Inseguras seguridades. Seguridad ignorante.

El primer tipo de mierda personal mal llamada seguridad, es aquella basada en la ignorancia. En ignorar muchas cosas de muy distintos ámbitos. Pero sobretodo, en ignorar que siempre hay uno mejor que tú, ya sea en parte o en todo. En este contexto, la arrogancia resulta casi inevitable.

Esa en la que te pitan por “ser guapo, rico y buen futbolista”, ignorando que hay muchos guapos, ricos y buenos futbolistas que no son pitados en casi todos los campos del planeta. Igual es por otras cosas.

Esa en la que siempre “a ese lo matas de una hostia” y en la que todo en general tiende a ser culpa de los demás, porque no hacen las cosas como tu las harías, que es la única forma correcta y absoluta.

Esa en la que te meas sobre el hecho de que el mundo no está ahí para contentarte a ti. Que vives con gente a tu alrededor con sus derechos y con sus problemas. Esa en la que desechas cualquier tipo de evolución personal, ya que “Yo soy como soy (maleducado, borde, paleto y hortera) y a quien no le guste que no mire”. Bravo, soplapollas.

Esa en la que la grosería, la violencia y la falta de formas parecen ser la base para “tener personalidad”. Habrá que joderse.

Comentan que la ignorancia es la madre del atrevimiento, hablan de lo atrevida de la ignorancia. Siendo discernir. Sería atribuir algún mérito a esta chusma. Considero que el atrevimiento sólo existe cuando hay un miedo que superar. Dicen que un héroe no es quien no teme a nada, sino aquel que se sobrepone a esos temores. Los individuos que “gozan” de este tipo de seguridad no son en absoluto atrevidos. Porque, ignorantemente, no temen a nada. Creen ser descendientes de la pata del Cid por intercesión divina, aunque sean incapaces de freír un huevo, escribir dos frases sin faltas de ortografía, leer un libro sin muchos dibujos, o simplemente respetar normas básicas de educación. Ellos están por encima de todo eso, no jodamos.

Seguras inseguridades. Seguridad postproducida

Aquí tenemos el otro caso de seguridad inconsecuente. Además, no es sino consecuencia directa del primero. Lamento ser pesado, pero si no fuera tan largo, me lo tatuaría: “lo jodido del más funesto de los postureos no es la pérdida de esencia, no es el teatro, es que siempre habrá una multitud dispuesto a tragárselo”. De esta forma, el individuo cargado de inseguridades acaba viendo como el cretino anteriormente descrito se va quedando con muchas cosas que desearía para sí, en connivencia con esa multitud dispuesta. Desde la guapita, hasta el puesto de trabajo. En esta situación, y consciente de sus limitaciones, nuestro sujeto crea un nuevo sistema de valores, donde él manda. Al abrigo de un puñado de memeces de superación personal buenrollistas,  se convierte para sí en la perfección absoluta, protegiéndose así de toda la mierda que le ha tocado hasta ahora.

Con un poco de práctica acaba por creérselo del todo, y finalmente tenemos un tolai inadaptado, super independiente, y segurísimo de sí mismo , con un saco de complejos bajo el brazo.  Normalmente esta gente estaba leyendo o estudiando entre paja y paja, mientras los primeros estaban de feria de las vanidades. Así que, a diferencia de los ignorantes, estos mendrugos de seguridad postproducida saben defender su postura de una forma aceptable.

Sin embargo, armados con la bandera de la pedantería más necia, estos mentecatos se permiten ir por la vida dando lecciones y (esto es común a ambos engendros) creyéndose por encima de las normas más básicas de civismo y convivencia. De esta forma, pasan de ser unos toláis inofensivos y agradables, a convertirse en unos seres maleducados, redichos y pretenciosos, alérgicos a cualquier espejo. Lo verdaderamente triste es la inestabilidad de este aplomo autoestablecido. Cuando vienen malas, todo se derrumba y acaban sintiéndose la misma mierda que antes de engendrar su coraza, y se ven reflejados como en realidad son en los pedazos de esta.

Una vez dicho esto, y en pos de la concordia, aclararé que todos, incluido yo, pecamos alguna vez de alguna de las actitudes descritas. Que no es lo mismo que basar nuestra vida en esa basura postureosa y egoísta.

Es más, si estaban pensando que soy un listo de los que pienso que mi seguridad es la número tres, la guay, la congruente, la que mola, la del prota de las pelis, están equivocados. Realmente considero que no gozo de nada cercano a la seguridad en general. Antepongo mi congruencia y mi evolución personal, a ser, y sobretodo a parecer, seguro de mí mismo.

Desahogo finalizado, besos y abrazos.

Vale.

JJG.

Anuncios