Archivos Mensuales: noviembre 2013

T_D_S P_T_S (PARTE 2)

Puntual cual filósofo teutón borracho, aquí regreso con la segunda parte de mi último post, “TDS PTS”. Como pueden comprobar, el bradshawismo español me ha dejado con vida lo suficiente como para acabar lo que empecé. Para vivir un día más.

Por no alargarme más con la entradilla y sabiendo como sabéis que acabo escribiendo prácticamente lo mismo… al lío. Les dejo además la segunda parte del vídeo que enlacé.

Empecemos por aclarar asuntillos sobre la primera parte. Sabiendo que no son tontos del todo, aunque ni Cristo se apunte a dejar comentarios (y mira que el tema tiene su miga), sí que mucha gente ha debatido conmigo, de palabra, sobre el temita.

Punto número uno: Que esté en nuestros genes, no significa que esté bien.

O al menos no bajo mis sistema de principios. O al menos, no fuera de un estricto darwinismo social.  Pensaba que había quedado claro.

Y, sobretodo, podemos hacer algo con ello.

Aunque haya demasiados Fulanos y Menganas por este mundo dispuestos/as a creerse lo que la gente dice sobre sí misma (y es que este sistema requiere de poco esfuerzo intelectual), a una amplísima mayoría de hombres, que generalizaré a todos (sí, a todos), nos gustan las mujeres físicamente atractivas. Las tías buenas, las cachondas, las buenas jacas, utilice el término machista-represor (ja) que prefiera.

Y recalco lo anterior para incluirme como miembro activo dentro del espectro. Y aún asumiendo esta condición, desde luego, en ningún caso soy de aquellos que andan detrás cual baboso en llamas. Y eso que esta costumbre me vale no pocas burlas entre mis compañeros macho.

Resumiendo, si. Me gustan, me encantan las tías buenas. Ahora bien, en mi (des)orden mental soy un meritócrata sin remedio (ya les contaré), y evidentemente estar muy buena no suele tener ningún mérito. No te vas a ganar mi atención perpetua sólo porque mis genes me chillen que te haga un churumbel a la de ya. Y créanme que lo gritan muy fuerte.

Que haya una explicación lógica y natural, no aporta virtud a la elección de una pareja (estable o de cama) sólo por dinero o atractivo físico. De esta forma, en el momento en el que el reguerillo de sangre procedente de mis oídos llega a mancharme la camiseta, la cachonda es descartada. Y no me malinterpreten, si me lleva de la mano a enseñarme su última tarde de compras por Agent Provocateur, seguramente lo pasáramos muy bien. Pero eso no va a pasar, o al menos no sin un trabajo por mi parte. Trabajo el cual, en el momento de escuchar “Mario Casas en el reservado” por tercera vez, queda completamente excluído de la probabilidad matemática.

Punto número dos: Hay excepciones. ¿No afecta la sociedad, la educación o la edad?.

Por supuesto que hay excepciones. Por supuesto que afecta el ambiente social o la educación recibida, así como la edad. Pero el “rol reptiliano” y el “rol social” actúan de forma compatible y conjunta, no necesariamente uno por encima del otro.

Todos nos sabemos las clásicas historias de princesas enamoradas de plebeyos, visto este amor como un capricho por los reyes, que tratarán de sabotearlo. Bien, eso existe, y también es lógico. La digamos “carga reptiliana” respecto al atractivo de un hombre con muchos posibles, se basa como ya expliqué, en un cimiento de dependencia, en que la hembra no los tiene. Así, se da la circunstancia que si desde que tiene uso de razón, la princesita ha ido al cole en Bentley, tu Boxter pagado a plazos no le llama la atención. O en palabras de la señorita  Van der Woodsen “Oh god, the lifeguard’s got a camero. And not an ironic I’ve got a camero way”.

Digamos que si la reprogramación socio-educacional es lo suficientemente fuerte y alargada en el tiempo, puede dejar al cerebro reptiliano bastante confuso, tan confuso que se hiere a sí mismo, quedando KO.

Con la edad ocurre lo mismo. Y lo expongo por supuesto en el contexto limitado del mundo occidental actual. La mayoría de los jóvenes de clase media occidental no tienen que buscarse la vida de forma completamente independiente hasta bien entrados en una edad, y esta edad cada vez se amplía más. En ese contexto en el que lo tienes todo (gracias Mamá y Papá, dejaré de ser un parásito en cuanto pueda), no te planteas por ningún lado ya no lo que el dinero puede darte, sino la necesidad del mismo. Porque todos sabemos lo guapo que es ese cantautor comprometido y  la profundidad filosófica que esa barba de tres días aporta a sus sandeces pretenciosas y enlatadas. Pero aún no he encontrado una barba que pague pañales. ¿Me siguen? pues eso.

 

Una vez aclarados estos puntos, y haciendo gala una vez más de mi inexistente habilidad lacónica, sigo por dónde iba. El dinero es mucho más que billetes. Apunten.

El dinero no da la felicidad, el dinero no compra amor. Lo de siempre. Pero facilita las cosas. Me explico. Pongamos dos versiones sobre los dos mismos enamorados y ustedes me dirán cómo ven el asunto.

Versión 1

Llega Luisito a su primera cita, con ese aire grunchel que tan poco le gusta a tu madre. Te recoge caminando en un punto intermedio entre vuestras casas, y esperáis al autobús que llega justo para salvaros de la hipotermia. Llegáis al buffet libre dónde hay dos chavales con la misma camiseta del Pull&Bear que Luisito, y a uno, hasta le queda mejor. Después de un ratejo de cola aguantando las chorradas de los chavales de instituto que os han tocado detrás, batalláis con el fondo del bolsillo para poder pagar a medias, así que al final pedís que os cobren por separado. A pesar de compartir mesa con los niñatos del tuto, y de la mejorable calidad de la carne de rata, la cita es un éxito y acabáis juntando vuestros cortados labios en un beso precioso. Años después os casáis y engendráis a Luisito junior. Nadie podría imaginar que Luisito jr. pudiera cagar, mear y llorar tanto. Mientras Luis padre tiene dos trabajos de lunes a sábado y puede compartir un más que limitado número de horas contigo y vuestro retoño, tu te haces como puedes con la casa, el chavalín y las estrías que te han salido hasta en el dedo gordo del pie. Además, sin que se entere Luis, llamas a tu padre para que te preste 300 eurillos más, para poder llegar a final de mes.  Pasado el tiempo, y a pesar del amor tan infinito como pobre que os procesáis,  y el loable intento de las vacaciones en Benidorm, la convivencia entre vosotros se hace insostenible, demasiados problemas, demasiadas deudas, demasiado todo.

Versión 2

Llega Luisito bajándose del taxi y abriéndote la puerta en el portal de tu casa. Se nota que ha ido a ver a su peluquero, y que ese traje italiano es capaz de estilizar cualquier barriga cervecera. Aunque no tragas mucho a los pijoteras de sus amigos, la verdad es que te parece un buen tipo. Llegáis puntuales a la reserva del restaurante, dónde os esperan para sentaros en una mesa que el maître ha elegido para ustedes, previo soborno elegante del detallista de Luisito. Lo cierto es que aunque la conversación no es algo increíble (se le nota nervioso) el ambiente es inmejorable. Velas, música agradable, y ¡joder qué buenos estaban los boletus!. Además el vino empieza a sacaros el lado divertido, y todo es casi mágico. La copa del final confirma lo que te temías, te encanta Luisito. El beso en el portal de tu casa te eleva a las nubes, y Luisito espera apoyado en el taxi a que le saludes desde la ventana de tu casa,  a pesar del tremendo frío.  Años después os casáis y engendráis a Luisito junior. Nadie podría imaginar que Luisito jr. pudiera cagar, mear y llorar tanto. Pero lo cierto es que con la ayuda de Svetlana y la colaboración de Luis padre, que siendo directivo puede escaparse del trabajo, y así lo hace siempre que puede, todo se lleva mejor y tienes tiempo para tus clases de pilates y las cenas con las amigas. Por supuesto que tenéis problemas, Luis tiene que viajar mucho por trabajo y te da que igual te la pega. Cada vez discutís más y el sexo es muy ocasional, está claro que aquello no es el paraíso. Sin embargo, Luis te sorprende con un viaje a la Patagonia y pedrusco de Cartier, así que encasquetáis a Luisito jr. un finde a los abuelos y  os dais otra oportunidad.

Espero que se hayan quedado con la copla.

El dinero no compra amor, pero si posibilita estar más tiempo con tu familia, probablemente ayude. Si posibilita que puedas parecer un poco más atractivo para tu chica, apuesto a que contribuye. Si posibilita que no te preocupes del propio dinero, seguro que viene bien. Si hace la vida más fácil y el conflicto algo más excepcional, seguro que no está tan mal.

Pues eso.

JJG

 

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T_D_S P_T_S (Parte 1)

Los espabilados más resentidos entre mis lectores ya entenderán el avanzadísimo criptograma del título, digno de la máquina Enigma. No se me asusten tampoco los más susceptibles. He optado por este título únicamente como señal de aviso. Se trata de un resumen rápido (y de enorme sutileza, ja) de muchos comentarios a raíz de un vídeo que ha cobrado fama en los últimos días.

Aquí estoy de nuevo. Los que siguen mi amplísima trayectoría sabrán que no soy mucho de polemizar temas de actualidad. Bien porque ni soy ni quiero que crean que soy un caza-visitas, bien porque considero que las cosas empiezan a aclararse pasado un tiempo de la polémica en cuestión. Esta vez cambio mi modus operandi porque entiendo que ya saben por dónde tiro y lo que pretendo con el blojjj. Y lo hago para hablarles de otra cosilla que me repatea sobremanera (sí, me molesta de todo, qué sorpresa). Y no es otra que la reactividad visceral hacia algo que ni se entiende y lo peor, ni se pretende entender. A lo nuestro.

Por no marear la perdiz, les dejo ya el vídeo, que nunca se me dio bien hacerme el interesante. Como si lo hubiera necesitado.

(Para los menos angloparlantes, activen los subtítulos)

Para ir aclarando el asunto, yo fui una de las personas que compartió el vídeo. Principalmente porque me pareció gracioso. Además no negaré que es refrescante comprobar que esa actitud que sólo podíamos ver antes en un James Bond, puede darse también en la vida real. La cosa empeoró  cuando me dediqué a indagar entre los comentarios. Quedó claro el enorme resentimiento latente que existe por parte del individuo (macho) medio hacia la mujer. También quedó claro que la mayoría de mujeres se defienden al respecto como gato panza arriba, y, por qué no decirlo, con cierto resentimiento.

Una magnífica frase de Futurama decía algo así como “me siento terriblemente ofendido por ese tópico tan sorprendentemente acertado sobre mi persona”. Ya les daré la plasta sobre el asunto, apuntado queda. Aquí sólo quiero ilustrar como muchas mujeres se defendían del ataque sabiendo que algo de razón llevaban los contrincantes, y expresándolo con, digamos, una mala hostia divertida.

Por el otro lado, hordas de simplistas cavernícolas y  pajilleros desenterraban el hacha de guerra exponiendo que ellos no chuscan por falta de cash, todas zorras, les gustan más los billetes que… y demás parafernalia super estudiada.

Bien. En un país en el que una mitad está enfrentada con la otra media, sea el tema que sea, yo formo parte de ese reducto de gilipollas redomados que estamos en medio.

Los unos dicen que a las mujeres sólo les importa el dinero en un hombre. Las otras dicen que “no a todas” y que sobre todo a ellas no.

Pues ni tanto ni tan poco.  Lo único común a ambas simplísimas posturas es que consideran el asunto como algo malo, denunciable y terrible.

El primer punto de mi visión al respecto se basa en que no sólo no es tan terrible que las mujeres elijan a hombres con dinero, sino que además es lógico y natural.  Ojo, no digo que sea lo único que las importa, sólo afirmo que tiene importancia. Y que es completamente comprensible. Y les voy a explicar por qué lo creo así, y me voy a apoyar en la psicología evolucionista para ello.

Vamos a ver. Es un hecho histórico ( y prehistórico) que la hembra del ser humano hasta finales del siglo XX no ha podido ser  independiente en lo referente a su subsistencia. No por falta de capacidad obviamente, sino porque las circunstancias (muchas veces impuestas por el macho) no se lo permitieron. Y no me salgan con las amazonas, la reina Isabel de Castilla o con lo bueno que está Rodolfo Sancho, siempre hay excepciones marginales (valga la redundancia semántica).

La hembra del ser humano, obligada a cargar con dos vidas durante nueve meses cada vez que le tocara cumplir su objetivo reproductor, en unas condiciones de debilidad por ende, dependía de la protección de un macho, o  una manada para la subsistencia propia y de su progenie. Si a esto sumamos las exigencias físicas que imponían la necesidad de cazar, la falta de calefacción y medicinas o el conflicto bélico constante, la hembra ha necesitado “siempre” del amparo del macho para que la manada y la propia especie salieran adelante.

Lo que somos ahora, es consecuencia y, más acertadamente, descendencia de esos tiempos. En nuestra programación genética y cerebral, queda un sedimento más que importante de todo aquello. Digamos que tenemos unas copias de seguridad sobre supervivencia archivadas en lo que se llama “cerebro reptiliano”. Copias dejadas por nuestros antepasados. Antepasados que, presuntamente gracias a ello, lograron reproducirse.

De esta forma, sería más que pretencioso pretender cambiar la programación cerebral del homo sapiens (y en este caso de la hembra) adquirida y acumulada durante 260000 años, en sólo unas pocas décadas. Y unas pocas décadas de forma sesgada y únicamente en lo que conocemos como “mundo civilizado”, porque no podemos olvidar que la supuesta independencia que la mujer merece y en algunas ocasiones obtiene, sigue siendo la excepción en rangos mundiales.

¿Me van siguiendo? Aunque en una parte limitada de la sociedad actual la mujer pueda valerse por sí misma y para su descendencia, y no necesite de las comodidades económicas que representa un macho adinerado, ese poso queda y es insalvable. Entiendo que no sea plato de buen gusto aceptarlo, ya que en términos estrictamente éticos no es lo más deseable. Si les sirve de consuelo a mi tampoco me hace mucha gracia volverme tonto del culo al ver unos grandes pechos, una cara dulce y una falda corta, pero es lo que me toca. La naturaleza y la supervivencia a menudo poco tienen que ver con la ética, y aquí cada uno tenemos lo nuestro. Como dije en su día, hay que aprender a aceptar, e incluso a amar, nuestra mediocridad implícita.

Por eso muchachotes, no se mosqueen cuando no encuentren mujer que reconozca sentirse atraída por un hombre con dinero. No se sorprendan aunque observen como los tíos pastados ya sean guapos, feos, altos, bajos, graciosos, idiotas, listos, tontos o Paquirrín siempre disponen del deseo de un número más que considerable de mujeres.

Por eso quiero aclarar que la pequeña crítica hacia la mujer en el post (dentro de lo que considero una defensa trabajada en general), la refiero hacia esa falta de ovarios o argumentos para decir “Si, me gusta que un hombre tenga dinero.” “Es tan lógico como que a ti te mareen dos buenas tetas”.

Hasta aquí.

En la segunda parte, si la patrulla COSMO aún no me ha liquidado (soy consciente de la mierda que me va a tocar tragar), hablaré de como el dinero no son sólo billetes, sino mucho más. Y esto hace mucho más lógico, y por tanto menos juzgable, si cabe, el atractivo de un hombre con posibles.

JJG

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