T_D_S P_T_S (Parte 1)

Los espabilados más resentidos entre mis lectores ya entenderán el avanzadísimo criptograma del título, digno de la máquina Enigma. No se me asusten tampoco los más susceptibles. He optado por este título únicamente como señal de aviso. Se trata de un resumen rápido (y de enorme sutileza, ja) de muchos comentarios a raíz de un vídeo que ha cobrado fama en los últimos días.

Aquí estoy de nuevo. Los que siguen mi amplísima trayectoría sabrán que no soy mucho de polemizar temas de actualidad. Bien porque ni soy ni quiero que crean que soy un caza-visitas, bien porque considero que las cosas empiezan a aclararse pasado un tiempo de la polémica en cuestión. Esta vez cambio mi modus operandi porque entiendo que ya saben por dónde tiro y lo que pretendo con el blojjj. Y lo hago para hablarles de otra cosilla que me repatea sobremanera (sí, me molesta de todo, qué sorpresa). Y no es otra que la reactividad visceral hacia algo que ni se entiende y lo peor, ni se pretende entender. A lo nuestro.

Por no marear la perdiz, les dejo ya el vídeo, que nunca se me dio bien hacerme el interesante. Como si lo hubiera necesitado.

(Para los menos angloparlantes, activen los subtítulos)

Para ir aclarando el asunto, yo fui una de las personas que compartió el vídeo. Principalmente porque me pareció gracioso. Además no negaré que es refrescante comprobar que esa actitud que sólo podíamos ver antes en un James Bond, puede darse también en la vida real. La cosa empeoró  cuando me dediqué a indagar entre los comentarios. Quedó claro el enorme resentimiento latente que existe por parte del individuo (macho) medio hacia la mujer. También quedó claro que la mayoría de mujeres se defienden al respecto como gato panza arriba, y, por qué no decirlo, con cierto resentimiento.

Una magnífica frase de Futurama decía algo así como “me siento terriblemente ofendido por ese tópico tan sorprendentemente acertado sobre mi persona”. Ya les daré la plasta sobre el asunto, apuntado queda. Aquí sólo quiero ilustrar como muchas mujeres se defendían del ataque sabiendo que algo de razón llevaban los contrincantes, y expresándolo con, digamos, una mala hostia divertida.

Por el otro lado, hordas de simplistas cavernícolas y  pajilleros desenterraban el hacha de guerra exponiendo que ellos no chuscan por falta de cash, todas zorras, les gustan más los billetes que… y demás parafernalia super estudiada.

Bien. En un país en el que una mitad está enfrentada con la otra media, sea el tema que sea, yo formo parte de ese reducto de gilipollas redomados que estamos en medio.

Los unos dicen que a las mujeres sólo les importa el dinero en un hombre. Las otras dicen que “no a todas” y que sobre todo a ellas no.

Pues ni tanto ni tan poco.  Lo único común a ambas simplísimas posturas es que consideran el asunto como algo malo, denunciable y terrible.

El primer punto de mi visión al respecto se basa en que no sólo no es tan terrible que las mujeres elijan a hombres con dinero, sino que además es lógico y natural.  Ojo, no digo que sea lo único que las importa, sólo afirmo que tiene importancia. Y que es completamente comprensible. Y les voy a explicar por qué lo creo así, y me voy a apoyar en la psicología evolucionista para ello.

Vamos a ver. Es un hecho histórico ( y prehistórico) que la hembra del ser humano hasta finales del siglo XX no ha podido ser  independiente en lo referente a su subsistencia. No por falta de capacidad obviamente, sino porque las circunstancias (muchas veces impuestas por el macho) no se lo permitieron. Y no me salgan con las amazonas, la reina Isabel de Castilla o con lo bueno que está Rodolfo Sancho, siempre hay excepciones marginales (valga la redundancia semántica).

La hembra del ser humano, obligada a cargar con dos vidas durante nueve meses cada vez que le tocara cumplir su objetivo reproductor, en unas condiciones de debilidad por ende, dependía de la protección de un macho, o  una manada para la subsistencia propia y de su progenie. Si a esto sumamos las exigencias físicas que imponían la necesidad de cazar, la falta de calefacción y medicinas o el conflicto bélico constante, la hembra ha necesitado “siempre” del amparo del macho para que la manada y la propia especie salieran adelante.

Lo que somos ahora, es consecuencia y, más acertadamente, descendencia de esos tiempos. En nuestra programación genética y cerebral, queda un sedimento más que importante de todo aquello. Digamos que tenemos unas copias de seguridad sobre supervivencia archivadas en lo que se llama “cerebro reptiliano”. Copias dejadas por nuestros antepasados. Antepasados que, presuntamente gracias a ello, lograron reproducirse.

De esta forma, sería más que pretencioso pretender cambiar la programación cerebral del homo sapiens (y en este caso de la hembra) adquirida y acumulada durante 260000 años, en sólo unas pocas décadas. Y unas pocas décadas de forma sesgada y únicamente en lo que conocemos como “mundo civilizado”, porque no podemos olvidar que la supuesta independencia que la mujer merece y en algunas ocasiones obtiene, sigue siendo la excepción en rangos mundiales.

¿Me van siguiendo? Aunque en una parte limitada de la sociedad actual la mujer pueda valerse por sí misma y para su descendencia, y no necesite de las comodidades económicas que representa un macho adinerado, ese poso queda y es insalvable. Entiendo que no sea plato de buen gusto aceptarlo, ya que en términos estrictamente éticos no es lo más deseable. Si les sirve de consuelo a mi tampoco me hace mucha gracia volverme tonto del culo al ver unos grandes pechos, una cara dulce y una falda corta, pero es lo que me toca. La naturaleza y la supervivencia a menudo poco tienen que ver con la ética, y aquí cada uno tenemos lo nuestro. Como dije en su día, hay que aprender a aceptar, e incluso a amar, nuestra mediocridad implícita.

Por eso muchachotes, no se mosqueen cuando no encuentren mujer que reconozca sentirse atraída por un hombre con dinero. No se sorprendan aunque observen como los tíos pastados ya sean guapos, feos, altos, bajos, graciosos, idiotas, listos, tontos o Paquirrín siempre disponen del deseo de un número más que considerable de mujeres.

Por eso quiero aclarar que la pequeña crítica hacia la mujer en el post (dentro de lo que considero una defensa trabajada en general), la refiero hacia esa falta de ovarios o argumentos para decir “Si, me gusta que un hombre tenga dinero.” “Es tan lógico como que a ti te mareen dos buenas tetas”.

Hasta aquí.

En la segunda parte, si la patrulla COSMO aún no me ha liquidado (soy consciente de la mierda que me va a tocar tragar), hablaré de como el dinero no son sólo billetes, sino mucho más. Y esto hace mucho más lógico, y por tanto menos juzgable, si cabe, el atractivo de un hombre con posibles.

JJG

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4 pensamientos en “T_D_S P_T_S (Parte 1)

  1. Agapurni dice:

    Isabel de Castilla tenía pene y mucho dinero. No cuenta

  2. Evidentemente hay flagrantes excepciones, entre las que se incluyen transexuales y princesitas encaprichadas de plebeyos. Y tienen su explicación.Todo esto en la segunda parte.

  3. Agapurni dice:

    ¿Moderación? No se la pidieron a Joe Dimaggio en su memorable hazaña de 56 juegos consecutivos bateando al menos un hit, lo cual llamó la atención de Marilyn Monroe y de toda una nación orgullosa.

    ¡Qué vergüenza!

  4. […] pueden comprobar, el bradshawismo español me ha dejado con vida lo suficiente como para acabar lo que empecé. Para vivir un día […]

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