T_D_S P_T_S (PARTE 2)

Puntual cual filósofo teutón borracho, aquí regreso con la segunda parte de mi último post, “TDS PTS”. Como pueden comprobar, el bradshawismo español me ha dejado con vida lo suficiente como para acabar lo que empecé. Para vivir un día más.

Por no alargarme más con la entradilla y sabiendo como sabéis que acabo escribiendo prácticamente lo mismo… al lío. Les dejo además la segunda parte del vídeo que enlacé.

Empecemos por aclarar asuntillos sobre la primera parte. Sabiendo que no son tontos del todo, aunque ni Cristo se apunte a dejar comentarios (y mira que el tema tiene su miga), sí que mucha gente ha debatido conmigo, de palabra, sobre el temita.

Punto número uno: Que esté en nuestros genes, no significa que esté bien.

O al menos no bajo mis sistema de principios. O al menos, no fuera de un estricto darwinismo social.  Pensaba que había quedado claro.

Y, sobretodo, podemos hacer algo con ello.

Aunque haya demasiados Fulanos y Menganas por este mundo dispuestos/as a creerse lo que la gente dice sobre sí misma (y es que este sistema requiere de poco esfuerzo intelectual), a una amplísima mayoría de hombres, que generalizaré a todos (sí, a todos), nos gustan las mujeres físicamente atractivas. Las tías buenas, las cachondas, las buenas jacas, utilice el término machista-represor (ja) que prefiera.

Y recalco lo anterior para incluirme como miembro activo dentro del espectro. Y aún asumiendo esta condición, desde luego, en ningún caso soy de aquellos que andan detrás cual baboso en llamas. Y eso que esta costumbre me vale no pocas burlas entre mis compañeros macho.

Resumiendo, si. Me gustan, me encantan las tías buenas. Ahora bien, en mi (des)orden mental soy un meritócrata sin remedio (ya les contaré), y evidentemente estar muy buena no suele tener ningún mérito. No te vas a ganar mi atención perpetua sólo porque mis genes me chillen que te haga un churumbel a la de ya. Y créanme que lo gritan muy fuerte.

Que haya una explicación lógica y natural, no aporta virtud a la elección de una pareja (estable o de cama) sólo por dinero o atractivo físico. De esta forma, en el momento en el que el reguerillo de sangre procedente de mis oídos llega a mancharme la camiseta, la cachonda es descartada. Y no me malinterpreten, si me lleva de la mano a enseñarme su última tarde de compras por Agent Provocateur, seguramente lo pasáramos muy bien. Pero eso no va a pasar, o al menos no sin un trabajo por mi parte. Trabajo el cual, en el momento de escuchar “Mario Casas en el reservado” por tercera vez, queda completamente excluído de la probabilidad matemática.

Punto número dos: Hay excepciones. ¿No afecta la sociedad, la educación o la edad?.

Por supuesto que hay excepciones. Por supuesto que afecta el ambiente social o la educación recibida, así como la edad. Pero el “rol reptiliano” y el “rol social” actúan de forma compatible y conjunta, no necesariamente uno por encima del otro.

Todos nos sabemos las clásicas historias de princesas enamoradas de plebeyos, visto este amor como un capricho por los reyes, que tratarán de sabotearlo. Bien, eso existe, y también es lógico. La digamos “carga reptiliana” respecto al atractivo de un hombre con muchos posibles, se basa como ya expliqué, en un cimiento de dependencia, en que la hembra no los tiene. Así, se da la circunstancia que si desde que tiene uso de razón, la princesita ha ido al cole en Bentley, tu Boxter pagado a plazos no le llama la atención. O en palabras de la señorita  Van der Woodsen “Oh god, the lifeguard’s got a camero. And not an ironic I’ve got a camero way”.

Digamos que si la reprogramación socio-educacional es lo suficientemente fuerte y alargada en el tiempo, puede dejar al cerebro reptiliano bastante confuso, tan confuso que se hiere a sí mismo, quedando KO.

Con la edad ocurre lo mismo. Y lo expongo por supuesto en el contexto limitado del mundo occidental actual. La mayoría de los jóvenes de clase media occidental no tienen que buscarse la vida de forma completamente independiente hasta bien entrados en una edad, y esta edad cada vez se amplía más. En ese contexto en el que lo tienes todo (gracias Mamá y Papá, dejaré de ser un parásito en cuanto pueda), no te planteas por ningún lado ya no lo que el dinero puede darte, sino la necesidad del mismo. Porque todos sabemos lo guapo que es ese cantautor comprometido y  la profundidad filosófica que esa barba de tres días aporta a sus sandeces pretenciosas y enlatadas. Pero aún no he encontrado una barba que pague pañales. ¿Me siguen? pues eso.

 

Una vez aclarados estos puntos, y haciendo gala una vez más de mi inexistente habilidad lacónica, sigo por dónde iba. El dinero es mucho más que billetes. Apunten.

El dinero no da la felicidad, el dinero no compra amor. Lo de siempre. Pero facilita las cosas. Me explico. Pongamos dos versiones sobre los dos mismos enamorados y ustedes me dirán cómo ven el asunto.

Versión 1

Llega Luisito a su primera cita, con ese aire grunchel que tan poco le gusta a tu madre. Te recoge caminando en un punto intermedio entre vuestras casas, y esperáis al autobús que llega justo para salvaros de la hipotermia. Llegáis al buffet libre dónde hay dos chavales con la misma camiseta del Pull&Bear que Luisito, y a uno, hasta le queda mejor. Después de un ratejo de cola aguantando las chorradas de los chavales de instituto que os han tocado detrás, batalláis con el fondo del bolsillo para poder pagar a medias, así que al final pedís que os cobren por separado. A pesar de compartir mesa con los niñatos del tuto, y de la mejorable calidad de la carne de rata, la cita es un éxito y acabáis juntando vuestros cortados labios en un beso precioso. Años después os casáis y engendráis a Luisito junior. Nadie podría imaginar que Luisito jr. pudiera cagar, mear y llorar tanto. Mientras Luis padre tiene dos trabajos de lunes a sábado y puede compartir un más que limitado número de horas contigo y vuestro retoño, tu te haces como puedes con la casa, el chavalín y las estrías que te han salido hasta en el dedo gordo del pie. Además, sin que se entere Luis, llamas a tu padre para que te preste 300 eurillos más, para poder llegar a final de mes.  Pasado el tiempo, y a pesar del amor tan infinito como pobre que os procesáis,  y el loable intento de las vacaciones en Benidorm, la convivencia entre vosotros se hace insostenible, demasiados problemas, demasiadas deudas, demasiado todo.

Versión 2

Llega Luisito bajándose del taxi y abriéndote la puerta en el portal de tu casa. Se nota que ha ido a ver a su peluquero, y que ese traje italiano es capaz de estilizar cualquier barriga cervecera. Aunque no tragas mucho a los pijoteras de sus amigos, la verdad es que te parece un buen tipo. Llegáis puntuales a la reserva del restaurante, dónde os esperan para sentaros en una mesa que el maître ha elegido para ustedes, previo soborno elegante del detallista de Luisito. Lo cierto es que aunque la conversación no es algo increíble (se le nota nervioso) el ambiente es inmejorable. Velas, música agradable, y ¡joder qué buenos estaban los boletus!. Además el vino empieza a sacaros el lado divertido, y todo es casi mágico. La copa del final confirma lo que te temías, te encanta Luisito. El beso en el portal de tu casa te eleva a las nubes, y Luisito espera apoyado en el taxi a que le saludes desde la ventana de tu casa,  a pesar del tremendo frío.  Años después os casáis y engendráis a Luisito junior. Nadie podría imaginar que Luisito jr. pudiera cagar, mear y llorar tanto. Pero lo cierto es que con la ayuda de Svetlana y la colaboración de Luis padre, que siendo directivo puede escaparse del trabajo, y así lo hace siempre que puede, todo se lleva mejor y tienes tiempo para tus clases de pilates y las cenas con las amigas. Por supuesto que tenéis problemas, Luis tiene que viajar mucho por trabajo y te da que igual te la pega. Cada vez discutís más y el sexo es muy ocasional, está claro que aquello no es el paraíso. Sin embargo, Luis te sorprende con un viaje a la Patagonia y pedrusco de Cartier, así que encasquetáis a Luisito jr. un finde a los abuelos y  os dais otra oportunidad.

Espero que se hayan quedado con la copla.

El dinero no compra amor, pero si posibilita estar más tiempo con tu familia, probablemente ayude. Si posibilita que puedas parecer un poco más atractivo para tu chica, apuesto a que contribuye. Si posibilita que no te preocupes del propio dinero, seguro que viene bien. Si hace la vida más fácil y el conflicto algo más excepcional, seguro que no está tan mal.

Pues eso.

JJG

 

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