Archivos Mensuales: diciembre 2013

La Navidad mola

Muy buenas gentecilla, here i am, retorno a mis labores con una confesión. Me encanta la Navidad. Y no se crean que es algo simple de aseverar. Es una de esas ideas (tan habituales en mi) que son tan difíciles de decir como fáciles de criticar. Pero ya saben que eso me pone sobremanera, y en esto andamos. Aunque reconozco que lo impopular del asunto estimula mi costumbre de dar por culo, puedo justificarlo en muchos más puntos. y por ahí tiramos.

El caso es que cansado me hallo (para variar) de tanto cinismo anti-navideño pre-establecido. Si, me gusta la Navidad. ¿Que si me gusta que el Santa Claus de coca-cola me sodomice mientras suena “All I want for Christmas is you“? no es por donde tiro. Todos sabemos del negocio mundial que supone para las multinacionales las grandes cenas y regalos y ahhhhhhhhhhh ME ABURRO. Efectivamente, ya nos conocemos la maldad capitalista intrínseca al monstruo de la Navidad. Ni me molestaré en tratar de negar su evidente existencia (aunque podría). Todo correcto. Pero no podemos (no puedo) quedarnos ahí. Por todo esto:

Familias

Y no me salten a la yugular, dejen que me explique. Se que suena a topicazo, pero considero que se trata de uno de esos argumentos tan trillados como cargados de sentido. Uno de los “aceptables”. Como lo es la excusa de verse y/o juntarse en Navidad. He puesto familias por incluir a todos “los tuyos”. Los que te quieren por obligación (familia directa) y los que lo hacen por costumbre (amigos).

Si toda la parafernalia consumista sirve para que vea a ciertos familiares más allá de los velatorios, me vale. Y créanme que cada vez somos menos. Recuerdo cenas de más de 15 personas y doscientos kilos de croquetas. El menú que preparamos para esta misma noche, será para ocho. Parece que sólo nos juntamos para cosas malas, y aunque a todos nos de una pereza estimable todo el mogollón, a fin de cuentas te juntas, y nunca es tan horrible como queremos contar. Al final hasta los malos rollos familiares (que los tenemos todos, no se piensen que mis Navidades son “La casa de la pradera”) acaban por aparcarse, e incluso volverse extrañamente entrañables. El suegro plasta o el tío impertinente acaban siendo como las peladillas: siempre están, nadie se las come, pero resultaría rara su ausencia.

Y con los amigos, lo mismo. Si no es por la excusa proporcionada por el consumismo festivo, dónde quedarían esas cenas que acaban con discursos etílicos, los ¡aupa Atleti!,  y el “¡camarero!… Qué?!”. ¿Dónde tendrían cabida esas Nocheviejas de elegancia premeditadísima dónde contamos batallitas hasta que el hígado nos pide el divorcio?. ¿Qué sería ese maravilloso vídeo que siempre hace tu amigo el artista? ; )

Cine

Como cinéfilo empedernido y amante de la Navidad, tengo mi ciclo navideño al uso, el cual intento agotar durante el tiempo que duran las fiestas. Y es que la Navidad ha inspirado auténticas maravillas, auténticos mitos, y otras auténticas aberraciones que me encantan.

“Love Actually” es posiblemente la comedia romántica más digerible que ha conseguido fabricar el hombre, y esto amigos, no es moco de pavo. “Sólo en casa”, (con Culkin, Pesci, y música de John Williams) es de lo más mítico de los 90. Tim Allen consigue que me trague “Vaya Santa Claus” casi todos los años en sus infinitas reposiciones. Mi debilidad por Jim Carrey haciéndo el imbécil sin parangón, en la pésima adaptación del clásico cuento del Dr. Seuss, consigue que no pueda faltar “El Grinch”. El papelón de la rana Gustavo, interpretando a Bob Cratchit en “Los Teleñecos en Cuento de Navidad”, solo es equiparable al gruñón Scrooge del Michael Caine que lo acompaña. Sin embargo, si Charles Dickens hubiera podido ver “Qué bello es vivir”, no habrían hecho falta tres espíritus para Ebenezer. Su amargo corazón no habría durado ni medio asalto ante la ternura de Clarence, el ángel sin alas, junto con Jimmy Stewart interpretando al bueno de George Bailey (a las órdenes del gran Capra, por cierto). Para todo lo demás, “Plácido”.

Espíritu Navideño

Aunque sea un concepto completamente manido, prefabricado y que se alimenta del sentimiento de culpabilidad del burgués medio como yo, a fin de cuentas se nota, se palpa. Que si “operación kilo”, que “Un juguete una ilusión” y tal tal, todo muy publicitable, de acuerdo. Pero a la hora de la verdad aumentan las donaciones y las acciones altruistas, y aunque no vengan impulsadas por una genuina y pura bondad, ahí están siempre. Que, durante unos días, parece que las cosas no están tan mal.

Ambiente

Reconozco que quizá sea la condición más personal y por tanto menos compartida, pero me atonto con las luces y los villancicos. Me encanta ver Madrid iluminada en las frías noches de invierno. Me gustan las enormes colas en la cafetería San Ginés por un chocolate. Admiro a la legión de abuelos que inundarán la acera de  la iglesia de San Judas Tadeo, patrón de las causas imposibles, con un frío de mil demonios, para escuchar Misa del Gallo. Me ponen nostálgico los mercadillos con  puestos de figuras de belén artesanas, y las bufandas made in Tejenova.

Creo que ya lo cogieron. No pretendo convencer a nadie. Entiendo que no todo el mundo ha podido disfrutar de unas buenas Navidades como yo. Comprendo que no todo el mundo tiene siquiera familia cercana para compartirlo, o simplemente no les va esta tradición. Soy consciente de que en un análisis meramente intelectual podrían tirarse todos mis argumentos, pero no vamos a jugar a ese juego. No esta vez.

Con todo esto, solo quiero que cuando sientan un ligero cosquilleo de felicidad navideña, no renieguen de ello. Solo intento que vean las cosas un poquito desde mi perspectiva. Que entiendan que esto no es tan malo como el cinismo anti navideño, tan prefabricado como el reno Rudolph, nos hace creer. Que esto no es el apogeo de la bondad humana y la caridad sin límites, pero que un torpe intento, tal y como está el panorama, no está del todo mal.

Solo quiero desearles felices fiestas a todos mis lectores y que entren razonablemente bien en nuevo año, que este ya fue suficientemente jodesto, digo yo.

Feliz Navidad y tal.

JJG

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