Ya habéis ganado

Bienvenidos sean queridos lectores a mi regreso por los fueros de la blogosfera. Lamento informar a mis seguidores más poco futboleros, que sí, que hoy toca fútbol. Y toca fútbol porque aunque ya he escrito un par de veces al respecto, no puedo dejar pasar esta oportunidad para dejar clara mi postura, me la pela la poca gente a la que le importe. Por otra parte, ojo, porque toca fútbol, pero toca (mi) vida. Cómo dice aquella famosa frase, ” Aquellos que dicen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida, no sé cuanto sabrán de la vida, pero desde luego no tienen ni puta idea de fútbol”. Al loro. Por esta vez dejaré los argumentos futbolísticos para otros. Para los analistas deportivos del carajillo y el sol y sombra. Hoy vengo a hablar de sentimientos, que si bien no son suficientes por ellos mismos, han sido el punto distintivo de este año. Un antiguo entrenador mío decía que las habilidades técnicas eran sumatorias, pero la actitud siempre resultaba por revelarse multiplicadora. Y eso ha sido este año el Atlético de Madrid. El esfuerzo no se negocia, partido a partido. Al final, a los chicos de los millones les toca batallar con el tolái que le echa cojones.       El caso es que mi Atleti esta a dos partidos de alcanzar la gloria más absoluta. Dos partidos, curiosamente contra los dos gigantes, los poderosos, los equipos más omnipresentes y de mayor presupuesto del planeta. No sólo son los títulos, también son los rivales. Y como les iba diciendo, es mi vida. O al menos como yo he elegido verla. Desde que tengo uso de razón, sólo he escuchado que debía de ser bueno. Que tenía que ser trabajador, honrado, sincero, generoso y solidario. Que con esfuerzo y buena fe todo puede llegar a conseguirse. Que los que siguen otros caminos, o consiguen sus cosas sin esfuerzo, están condenados a la frustración y a la soledad, por no decir al mismísimo infierno. Pero resulta que casi 24 años después del día de mi nacimiento aún me pregunto a veces si todo esto fue una broma pesada. Si todo ese ritual de la bondad es un arma retorcida para engañar a los chavales y quitarse rivales de en medio para el futuro. Todo el éxito que me rodeaba, siempre había venido de un talento sobrenatural, una situación privilegiada, o de unas actuaciones perversas (cuando no todo junto).  Nunca de parte de todo aquello que me enseñaron. De esa zona sólo me he cruzado con la resignación y el orgullo ciego de quien cree hacer lo correcto, y que encontraba en mí mismo. Pero un día llegó el Cholo y cambió todo eso. Demostró que se puede llegar a lo más alto sin ser los más rápidos, los más buenos ni los más guapos. Que se puede luchar por todo sin disfrutar de una posición privilegiada,  un talento por encima de la media, o dinero que lo compre. Vino a constatar que el esfuerzo sirve para algo más que para acostarte hecho mierda y llevarte de vez en cuando una medalla por participar. Esta siendo, sin lugar a dudas, el ejemplo que yo necesitaba.     Por todo esto, quiero creer, estoy obligado a creer. Pero no puedo dejar de lado ese sentimiento que todo atlético, ya sea por pupismo absurdo o por el tembleque previo a la batalla, padece. Y es que estamos todos con el corazón en un puño, sabiendo que es posible que nos vayamos de vacío. Tenemos todo en contra, menos nuestra actitud. Después de la excelencia absoluta, después de competir toda la temporada al nivel de los gigantes, incluso por encima.  Después de ser el único equipo invicto en Champions y siendo líder durante las once últimas jornadas. A la mayoría de Atléticos  les atormenta esta idea, sin descanso. Yo mismo soy incapaz de conciliar bien el sueño últimamente. Pero he tenido lo que creo, una revelación. ¿Voy a ser yo el que venga a tranquilizarles con mi predicción del doblete? no. Pero si voy a ser el que venga a tratar de poner los puntos sobre las íes, y a convencer a todos ellos, de que ya han ganado, ya hemos ganado. Todo esto me vino a la mente mientras hablaba con un buen amigo al respecto, madridista para más datos. Entre divertido y acongojado, me recordaba que nadie se acuerda del subcampeón, ni de cómo llegó hasta la final. Eso es cierto, le dije. Pero yo no soy del Atleti para que nadie se acuerde de mí. Y no estoy tratando poner la venda antes de hacerme la herida, consciente de que la herida sería tan profunda que la venda resultaría inútil. Y aún empapado por la sangre de la derrota,con lágrimas en mis ojos, seguiré sintiendo orgullo. Consciente de que puede que el día de mañana nadie se acuerde de este Atleti, el mismo que yo, de seguro, jamás olvidaré. Pase lo que pase. Pese a quien pese. A por las finales. Vamos Atleti. Punto. JJG.  

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