Bellisimo post de verano

Buenas buenas a todos, amantísimos lectores. Soy consciente de lo inexcusable de mi retraso, ya saben que entre exámenes y demás follones uno tiende a perder las buenas costumbres. En compensación, eso sí, hoy les vengo con una gorda. Con la belleza. La mala puta. Eso sí, en mi renovado afán constructivo, trataré de llevarlo con cierto dinamismo. Ya verán lo que les digo.

Siempre me he llevado mal con la belleza, así, a las claras, por resumir. No tanto por repelente como por mi condición de “explicador”. Cómo habrán podido comprobar, me siento mucho más a gusto en un mundo que puedo razonar, que puedo descifrar, que, en definitiva, puedo controlar. Me dicen que soy muy lógico, que no me dejo llevar. Lo que no saben es que disfruto de esa tan impopular lógica, que me crea poderosas emociones. Me parece mucho más sexy una buena conversación que cualquier baile de apareamiento etílico o el baboseo de orejas con falsos piropos. De ahí lo plasta que soy (que lo soy). Puede que trate de convencer a alguien, puede que me lo pase como un canijo.

Ahora bien, la belleza es tan jodida que no hace falta explicarla, quizá no se pueda. Y ahí, siento reconocer, me tiene bien cogido por los huevos. La belleza ataca y doblega principios pensados y trabajados, la belleza pervierte nobles espíritus y arrodilla honorables orgullos. Es caprichosa, selectiva, y en absoluto equitativa. Trabajas para ella, y sin embargo te humilla, al tiempo que rezas para que no te ignore. Cuando infeliz crees disponer de una digna dosis en propiedad, vuela para no volver (“son malas, tío”).

lgb

 

Una vez realizadas las aclaraciones previas, me han avisado de la sociedad de blogueros con ínfulas intelectualoides, pidiéndome que por favor hiciera referencia a “La Gran Belleza” (aunque fuera de refilón), o  me prohibirían la entrada a Malasaña. Con intención de no enfadar a tan ilustres modernos y viniendo como viene al caso, a eso voy.

No se piensen por mis palabras que no me gustó la película. De hecho me encantó, pero acabé tan hasta los huevos de la postproducida masturbación colectiva que decidí no hacer mención hasta pasado un tiempo prudencial. Concretando, se trata de un análisis de la belleza mucho más elocuente (y menos resentido) que el mío. Dejando a un lado lo recomendabilísimo de su(s) mensaje(s), la peli me fascinó estéticamente hablando. Todo un poco recargado, muy definido, pero en mi cabeza funcionaba, y aunque sea un rollo muy “esteta”, me convenció. Así que ahí queda la recomendación.

Y tirando del hilo, y con cuidado de no caer, me dispongo a escupir una lista (si, de esas de revista de verano, lamento la originalidad). Una lista de cosas que hacer este verano. Cosas, que desde mi punto de vista, puedan acercarnos a la puta de la belleza. A disfrutarla, compartirla, observarla, incluso a poseerla. Sé que no la importa, pero esta vez voy de buenas. Busco una reconciliación sincera.

Antes de nada, un apunte. Según escribo ignoro cuántos puntos saldrán. Hago esto con el honorable objetivo de no venderles mierda de relleno. Pues ale, al lío.

1. Madrid en verano también mola. De hecho se pone íntima con los prisioneros. Aproveche y métale mano.

2. Baje a tomarse esa cerveza al sol. Aunque sólo sea una. Aunque sólo sean 20 minutos. Ese ritual se echa tanto de menos el resto del año que hay que repetirlo siempre que se pueda. Cañita en mano y que pique el sol.

3. Vaya a dónde vaya, acérquese a un mercado local, compre algo y cómaselo. No hace falta algo muy complicado, unos mejillones del puerto hervidos o un buen queso de esa carnicería será suficiente. Ojo, no vale el pack ultracongelado de “setas de la tierra” del Mercadona.

4. Por supuesto, no se lo coma sólo. Coma en cuántas más casas diferentes mejor. Y no se ponga tonto para poner la propia. “Que cada uno lleve algo” es un invento magnífico.

5. Dele al vino blanco. Hay cosillas mu baratas y mu ricas que permiten dejar al lambrusco en la estantería del súper hasta que la novia tenga cena con las amigas.

6. Si hay que beber, se bebe. Sin chorradas. Agárresela y no vaya de digno. Pero recuerde, su pedo no justifica todas las estupideces que haga, así que selecciónelas con cuidado.

7. Lea. Libros. No me vale el Cuore en la pisci. Algo ligerito si quiere. Pero lea, coño.

8. Estudien. Si, me van a pegar. Pero si han suspendido es lo que toca. Y si no, pueden aprovechar para tirar de coursera y darle caña a ese tema que tanto les  interesa. Así, sin que sirva de “nada”. Sin que les paguen por ello o les den créditos. Hay muchas  más razones para hacer las cosas que por dinero o sexo. Por saber y punto.

9. Postureos los justos. Que sí que sé que todo ese rollo motivacional puede ayudar a conseguir ciertas cosas. Pero no hace falta publicarlo hasta en el BOE, que no somos ni Brad ni Angelina, ni estamos en la California estival.

10. Baile con ella. Pero bien. La coge, bonito y despacito. Sin perreos, saltos ni pasos bajo brazo porque sí.

11. Siéntese con sus mayores. Todo lo que pueda. Son una lección continua, afine el oído para escuchar. ¿Qué habrían hecho si tuvieran tu edad sabiendo lo que saben ahora?. Puede partir con ventaja. Sus mayores no tienen por qué ser precisamente ancianos. Casi cualquier persona con unos años más que usted, probablemente tenga algo que enseñarle.

12. Pasee sólo. Me gusta más de noche. El cigarro es opcional.

13. Aprovechen y dediquen un tiempo a los grandes del cine clásico. Es uno de las mejores cosas que pueden hacer con su tiempo libre. En serio. Aunque sólo sea una película. No se arrepentirán.

14. “Las mujeres no se buscan, se prueban”. Lapsus de sabiduría de un gran amigo. Perfectamente aplicable a la inversa. Ya saben.

15. “Si te sales del rebaño, no te quejes de los ladridos”. Es lo que toca. Si tienen los arrestos a hacerlo, lloros los justos. Sabían dónde se metían. Apechuguen.

16. No sean diferentes por serlo. Si sus actos acaban por diferenciarlos, perfecto, pero no busquen esa exclusividad, no acaben siendo tan “diferente como todos”.

17. Acérquense a alguna exposición o paren en lugares inspiradores. Por una parte dicen que todo se pega. Por otra, a las malas, seguro que aprenden algo.

18. Hagan deporte, pásenlo bien. Un partidito de fútbol, un tenis… suden pero sin obsesiones. La vigorexia es jodidamente hortera. Tampoco es completamente necesario prepararse una maratón al cumplir los treinta. Sobretodo muévanse, no vale el ajedrez.

19. Jueguen una partida de ajedrez. Aunque sea de sparring.

20. Dejen de hacer una cosa que no quieran hacer. Si, de esas que siempre acaban haciendo.

21. Practiquen el noble arte  de la siesta ceporra. Sin pudor. Uno de los vicios más dignos.

22. No confundan humildad con falsa modestia. Si creen ser razonablemente buenos en algo, se dice  (ojo, no se publica).

23. Ponte guapo. Porque sí. Sobretodo va por los chicos. Que está visto que en verano cuesta.

Hasta aquí el tostón. De momento. Me reservo el derecho a añadir alguna cosilla más si así lo considero. Se aceptan sugerencias.

Ahora viene lo divertido. Me comprometo a publicar una foto-prueba cumpliendo punto por punto la lista en mi cuenta de Instagram. De la misma forma, les invito a que hagan lo propio con sus favoritas, cuantas veces crean necesario. A ver que sale. Pásenlo bien.

Besos.

JJG.

PD1: El título pretende que sea leído como bellisimo, en italiano. No falta una tilde, falta poder cambiar la fuente en los títulos. O que yo aprenda esa magia oculta.

PD2: Todas las imágenes están tomadas de la película “La gran belleza”, de Paolo Sorrentino.

 

 

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