Crónica gastronómica: Armonía setas y vino 2014

Buenas gente, aquí les vengo con lo prometido. Ya les conté la última vez que paré por aquí que tenía en la cabeza incluir de la manita el buen comer y el buen beber en los cimientos del ideario del blog. Todo ello por supuesto en la línea de ese afán constructivo (ínfulas de influencer) que tan bien tengo escondido y tal y tal. La idea es presentar una suerte de crónica gastronómica (no tengo ni paladar ni experiencia para atreverme con la crítica) de mi última aventura culinaria. Al lío.

Curiosamente, el asunto empieza como una buena historia de miedo: un apacible encuentro durante el puente de Todos los Santos (que no fue tal, todo sea dicho), en un pueblecito de Soria, allá donde las ánimas llevan empadronadas más de 150 años, a pesar del frío. Algo tiene Soria, oiga.

Aprovechando tan maravilloso contexto, el Restaurante Cintora (El Royo, Soria) lleva celebrando durante el último lustro toda una experiencia mística. De la mano de la Asociación Micológica de El Royo y de José Ignacio Junguitu, “Armonía setas y vino” cumplía su sexta edición, con otro original encuentro culinario.

Un menú degustación de ocho platos, cada uno acompañado de un vino especialmente seleccionado, resume el -tan sencillo como efectivo-  modus operandi en el que se apoyan estas sugerentes jornadas. De esta forma, en Cintora consiguen superarse año tras año, hecho constatable en la creciente dificultad por conseguir mesa, amén de la presencia de -cada vez más- distinguidos comensales. Los que me conocen saben que bien poco puede importarme esto último a la hora de elegir dónde comer, pero uno siempre se alegra de que el trabajo bien hecho tenga su justo reconocimiento.

Dado que no pretendo hacer un análisis gastronómico, he seleccionado las que a mi modo de ver, fueron las claves de una velada fenomenal (yo cené el viernes 31, aunque podía reservarse entre más horarios).

La carta

Armonía Menú 2014

Reconozcámoslo, no soy nadie de fiar a la hora de juzgar si algo esta bueno o no lo está. Lo que por otra parte, no significa que no tenga nada que decir. Y desde luego tengo claro que la carta de este año era una auténtica maravilla. Materias primas de primera calidad, desde las más sencillas a otras más únicas y deseadas, unidas de forma innovadora en platos que no pierden de vista la tradición ni  las influencias de otras cocinas.

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Manitas trufadas y tosta de micuit con colmenilla (morchella), dos de los platos preferidos.

Por otra parte, nos encontramos una selección de vinos variada, atrevida y (en mi modesta opinión) acertadísimamente elegida. Igualmente, la elección tanto de opciones sencillas como  de caldos más exclusivos o peculiares aportó una refrescante nota de diversidad. Curioso debate se trajo la manzanilla sanluqueña.

Selección de los vinos. Destaca el Coto de Imaz embotellado en 1970.

La magnífica elección del menú solo reafirma una conclusión con la que ya trabajaba desde hace tiempo, y que (creo) no conviene perder de vista en estos tiempos de top chefs y estrellas Michelín a la orden del día.  A pesar de que muchos productos de tinte (y coste) premium tan fomentados en algunos sectores de alta cocina, puedan suponer excepcionales vivencias culinarias (como las morchellas o el vino antiguo), para comer y beber de maravilla no hacen falta grandes desembolsos y sí buena mano a la hora de elegir.

El equipo

Una parte fundamental a la hora de conseguir que la cena resultara toda una experiencia, fue la excelente coordinación entre todas las partes del equipo responsable de las jornadas.

En primer lugar, toda la plantilla de Cintora, que encabezados por el jefe de cocina, Jesús Jimeno Medrano “Suso”, consiguieron que el desarrollo del evento resultara realmente satisfactorio, con una combinación de protocolo, buenas formas y cercanía. Desde la cocina hasta el personal encargado de las mesas, todos demostraron tanta profesionalidad como  soltura y simpatía en la atención al cliente.

El equipo en plena faena.

Siempre he considerado que para motivar el gusto de alguien por alguna cuestión en particular, hacen falta expertos, pero también es fundamental que estos sean grandes comunicadores. A los requisitos de esta idea se ajusta perfectamente José Ignacio Junguitu, todo un especialista en vinos (además de un amante de los vinos antiguos), que igualmente puede presumir de un gran carisma y una buena dosis de habilidad comunicativa. Sus explicaciones, apreciaciones y anécdotas son siempre tan ilustrativas como bien recibidas por el cliente.

Finalmente, agradecer su trabajo a todos los participantes de la Asociación Micológica de El Royo, encargados de realizar una pequeña introducción a la parte más técnica de las setas que se degustarían durante la cena, así como de la realización de fotos y la presentación del evento.

El ambiente

Sin querer desprestigiar en absoluto el resto de ingredientes de una cena maravillosa, creo que el ambiente durante la jornada resultó ser el factor que verdaderamente redondeó el asunto.

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Disfrutando rodeado de buenos amigos.

Creo que no hay una mejor forma de sazonar una experiencia gastronómica de tanta calidad que con una atmósfera distendida, cercana y divertida. Y más teniendo en cuenta que con cada plato tocaba una señora copa de vino, con lo que irremediablemente conlleva. Huyendo de egos y “estiramientos”, más habituales de lo que nos gustaría, tanto la clientela como los organizadores y el personal crearon un entorno muy agradable y festivo.

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Un colofón espectacular. Miguel Pérez, componente de Jazset, interpretando a la guitarra uno de los temas que prepara en colaboración con la Asociación Micológica.

Las bromas de Junguitu, los reparos de Suso sobre algún plato, y los cánticos de la clientela y la asociación representan una buena muestra de lo que pretendo contarles. Si mientras disfrutas de la cena los encargados son capaces de mostrar lo que estas comiendo y bebiendo, su origen y proceso de elaboración, sus propias dudas al respecto e incluso se interesan sinceramente por tu opinión,  no sólo aprendes, si no que la noche adquiere otro grado, convirtiéndose en toda una celebración.

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Alternando con las ánimas.

Para acabar, agradecer una vez más todo su esfuerzo a  los responsables de llevar todo esto a cabo, y aprovechar para mentar las jornadas de caza de Cintora, que empiezan próximamente y que no pienso perderme.

Besos y abrazos.

JJG.

*Fotos; cortesía de A. García Tabernero.

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