El discurso del descanso

PcINO

Bueno gente, estamos. Hemos llegado hasta aquí. No os conozco a todos, y probablemente muchos ni siquiera me caeríais bien si no os quisiera ya. Yo tampoco soy – ni de lejos – el primero que llegó aquí, para qué engañarnos. El caso es que no nos encontramos aquí porque sí. Nadie ha hecho equipos por nosotros, ni nadie ha pretendido reteneros aquí. Nunca fuimos muchos, cada vez menos. Unos cuantos se fueron ya, debe estar bien eso de cobrar en mano y no en potencial, nadie culpa, nadie juzga, quizá todos. Lo único cierto es que ya no están de nuestro lado. Si bien siguen siendo amigos, también rivales. Algunos incluso colaboradores ocasionales.

No tenemos nombre, ni título ni carnet de socio. Pero con más o menos orgullo, todos sabemos de lo que hablo. Sabemos quienes sómos, lo que somos. Nunca nos interesó la felicidad, no si no podíamos hacer las cosas bien. Y es tan pretencioso como valiente, pero sí, sabemos con más claridad de la que nos gustaría lo que es bien. No es sencillo.

Claro que, como todos, queremos las cosas fáciles. Pero igualmente sabemos que nunca priorizamos querer. No por satisfacción, no por bondad, no por culpa. Igual sólo por una enfermiza costumbre de la cual no recordamos por qué nos contagiamos. Ocurrió y no tiene cura, sólo es prólogo. Uno que se repetirá cada vez que pasemos página, los que nos dejaron lo saben bien.

Los comentaristas rumorean de un cambio de sistema al descanso, de otra forma estamos condenados, dicen. Joder, cómo si no lo supiéramos. En el fondo lo sabíamos desde el principio. Nunca fuimos mejores, nunca superiores, nunca rebotaron las balas.

Estamos fuera, pero de nada sirve lamentarse, realmente nunca llegamos a entrar. Quien quiera entrar ahora, ha de saber que hay mucha cola, y que el precio, para quien sabe de valor, es inadmisible. Lo que sólo intuyen, es que cada vez que se asoman a ver a qué cojones jugamos, ganamos una batalla.

¿Cómo hasta aquí?, nos hemos perdonado menos de lo que hemos trabajado, y desde dentro se han reído de nosotros los días de cobro. No hemos visto más allá de tratar de dejar mejor las cosas, de dejar caer relativizaciones y abrazar responsabilidades al rojo. De joderla muy fuerte, de disfrutar a nuestra manera. De pasarlo bien, qué coño. Y aunque nadie se lo crea, queremos creer que así también se gana.

Vamos a dar un verdadero espectáculo. Vamos a seguir a lo nuestro. Hasta desfallecer. Sobre todo, vamos a darles un adversario. Uno mas soñador que digno, uno jodido de verdad. Y pasándolo como enanos.

Y volver a ganar.

JJG.

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