Archivos Mensuales: mayo 2016

Memorias de la Copa de Europa

“Qué nos va a contar uno del Atleti sobre Copas de Europa. Por fin este tío hará un post breve y conciso”.  Puedo entender la reacción, la mayoría quizá no comprendan por dónde van los tiros. El caso es que escribo ahora, pase lo que pase. Hablar a toro pasado es de cobardes.

“Son veintidós tíos en calzones corriendo por un prado, y aún está por ver que alguno te ayude a poner comida en la mesa”. Es cómo decir que un libro es un puñado de recortes de celulosa unidos en un cartón prensado.

¿Es el fútbol lo más importante de la vida?  No ¿de mi vida?  Ni muchísimo menos.

Sin embargo, de la misma forma que nos identificamos con los protagonistas de la literatura, el cine u otro tipo de arte, yo me identifico (entre otras influencias) con el Atleti. Del mismo modo que las acciones de grandes héroes de ficción inspiran nuestra forma de vida o nuestros objetivos, el Atleti me sirve de motivación e inspiración en mí día a día.

¿Es realmente comparable el devenir del Atlético de Madrid con mi vida? Pues no lo sé. ¿Realmente era Aquiles el bueno para Homero? ¿lo era Héctor? ¿Eran ‘Top Gun’ o ‘El Señor de los Anillos’ historias de amor homosexual encubiertas? ¿Es Pablo Iglesias un extraterrestre invasor que desea destruir España? Quién sabe. Al final, las mejores historias son aquellas resueltas a libre interpretación. No son más que lo que entendemos que son, que lo que queremos que sean.

Hasta que no he tenido una edad, evidentemente, no he tenido capacidad para perpetrar  toda esta perorata. Así que mentiría si dijera que el Atleti es una decisión personal. A fin de cuentas,  como casi todo hijo de vecino, acabas siendo del equipo de tu familia, del de la gente que te quiere y te influencia desde canijo. Y luego por el camino. Y de ahí, de ahí vienen mis memorias.

Por paradójico que pueda parecer, la Copa de Europa ha estado en mi vida desde que tengo uso de razón.

Recuerdo a mi abuelo (paterno) Jorge, ingeniero, farmacéutico y biólogo. Profesor y militar de profesión.  Recuerdo que nunca fue muy futbolero, supongo que era alguien excesivamente brillante para sacarle el jugo a tanta frivolidad. No me olvido de aquellas tardes en las que me iba a su casa a recibir clases de Matemáticas o Física, y acabábamos viendo el partido de Champions que emitían en abierto, mientras el Ateti deambulaba por la Intertoto. Y ahí, de vez en cuando, soltaba algunas de esas pocas palabras que le dedicaba al fútbol. Unas eran para sus compañeros y amigos del Aviación, en especial para Germán. Otras eran para contarme que, una vez hace mucho, el Atleti jugó una final de aquella competición.

Una final que vieron todos juntos en casa de mi madre, como siempre rememora a pesar de sus (calculo) 12 tiernos años, allá por Mayo  del 74. Apiñados en la pequeña habitación del televisor, vio junto a sus padres y sus dos hermanas como el Atleti tuvo aquella final en la mano. Junto a mis tías, siempre recuerdan la conferencia de mi tío Pepe desde Alemania (a dónde había ido a buscarse la vida) para felicitar por el título, poco antes de que el sueño se desvaneciera. A mi abuelo Tino lo conocí poco, una lástima dada  su fama de atlético de pro. Hoy, para atestiguarlo, sólo me queda un álbum de fotos con el escudo del Atleti grabado. Eso, y el tiempo que pasé con mi yaya, que sin ser una forofa al uso siempre tenía tiempo para su Atleti y para los infantiles berrinches de su nieto, que estoicamente trataba de consolar, mientras nuestro equipo volvía a hacer de las suyas.

Recuerdo vagamente aquellos cuartos de final contra el Ajax, junto a mis padres en el Calderón, con apenas  5 años. Recuerdo las peripecias de lo que cariñosamente llamo la ‘Peña del 16’ que formamos los pocos vecinos atléticos del número de mi calle. Recuerdo perfectamente el lugar exacto en el que pateé el escritorio con el gol de Ramos. Veo la tremenda expresión de déjà vu que se le quedó a mi padre (con quien tantas veces he compartido sofá y sufrimiento), convencido de que no habría más oportunidades de llevarnos la orejona, mientras Juanfran aseguraba al micrófono que volveríamos tras la derrota. No me olvido de las lágrimas de Alberto, el insigne atlético portero del edificio, que consolaba  la rabia de mi combativo hermano pequeño (convencido de que aún se podía en la prórroga). Tampoco del abrazo que le di a Pitu en el gol de Godín, uno de tantos con cada gol del Atleti en el Calderón. Recuerdo las efusivas llamadas tras cada victoria europea a mi amigo Mota, un convencido desde hace mucho de que si se cree y se trabaja, se puede.  Tampoco olvido que Kenji no dejó que me quedara en casa tras la caída, y no me permitió regresar hasta las 12 del día siguiente. En mi cabeza están muchas aventuras europeas en el Calderón con mi madre, haga frío o calor. Está ganar mil veces la Champions en el Pro con la rojiblanca. Está aquella parábola canalla que un grande de Rugby Atleti se sacó de la manga hace dos años, y que desde entonces espera su ‘final feliz’.

También tengo buena memoria para el rival. Recuerdo madridistas de bien (sí, alguno queda), que cuento entre mis amigos, consolándome en la derrota. Ahí están  los amigables debates por Facebook con mi primo Jose tras las noches europeas o los mensajes que se enviaba mi madre con mi primo Constan mientras sufríamos contra el Bayern. Recuerdo a otro Jose, muy del Madrid, sufrir conmigo los penalties frente al PSV. No podré sacarme de la cabeza, un cariñoso mensaje de enhorabuena por la décima, que fue lo último que pude decirle a mi amigo, a quien tanto quería.

Recuerdo muchas cosas y a muchas personas, y seguro me olvido de tantas otras. Por todo esto y ‘nada más’, llevo tres semanas en vilo, alternando euforia con pesimismo,  soñando fuerte. Una hipotética derrota sería dura, pero también traería más anécdotas, más recuerdos al baúl, mas por lo que seguir luchando.

Por toda esta memoria, y por la de tantos que se fueron sin ver levantar al Atleti una Copa de Europa, para mí, persona razonable donde las haya (ja), esto no es solo un partido de fútbol. No es un examen, no es un puesto de trabajo, no es la seguridad de la gente a la que quiero. No es mi vida, pero desde luego no es solo un partido de fútbol.

Aúpa Atleti!.