El discurso del descanso

PcINO

Bueno gente, estamos. Hemos llegado hasta aquí. No os conozco a todos, y probablemente muchos ni siquiera me caeríais bien si no os quisiera ya. Yo tampoco soy – ni de lejos – el primero que llegó aquí, para qué engañarnos. El caso es que no nos encontramos aquí porque sí. Nadie ha hecho equipos por nosotros, ni nadie ha pretendido reteneros aquí. Nunca fuimos muchos, cada vez menos. Unos cuantos se fueron ya, debe estar bien eso de cobrar en mano y no en potencial, nadie culpa, nadie juzga, quizá todos. Lo único cierto es que ya no están de nuestro lado. Si bien siguen siendo amigos, también rivales. Algunos incluso colaboradores ocasionales.

No tenemos nombre, ni título ni carnet de socio. Pero con más o menos orgullo, todos sabemos de lo que hablo. Sabemos quienes sómos, lo que somos. Nunca nos interesó la felicidad, no si no podíamos hacer las cosas bien. Y es tan pretencioso como valiente, pero sí, sabemos con más claridad de la que nos gustaría lo que es bien. No es sencillo.

Claro que, como todos, queremos las cosas fáciles. Pero igualmente sabemos que nunca priorizamos querer. No por satisfacción, no por bondad, no por culpa. Igual sólo por una enfermiza costumbre de la cual no recordamos por qué nos contagiamos. Ocurrió y no tiene cura, sólo es prólogo. Uno que se repetirá cada vez que pasemos página, los que nos dejaron lo saben bien.

Los comentaristas rumorean de un cambio de sistema al descanso, de otra forma estamos condenados, dicen. Joder, cómo si no lo supiéramos. En el fondo lo sabíamos desde el principio. Nunca fuimos mejores, nunca superiores, nunca rebotaron las balas.

Estamos fuera, pero de nada sirve lamentarse, realmente nunca llegamos a entrar. Quien quiera entrar ahora, ha de saber que hay mucha cola, y que el precio, para quien sabe de valor, es inadmisible. Lo que sólo intuyen, es que cada vez que se asoman a ver a qué cojones jugamos, ganamos una batalla.

¿Cómo hasta aquí?, nos hemos perdonado menos de lo que hemos trabajado, y desde dentro se han reído de nosotros los días de cobro. No hemos visto más allá de tratar de dejar mejor las cosas, de dejar caer relativizaciones y abrazar responsabilidades al rojo. De joderla muy fuerte, de disfrutar a nuestra manera. De pasarlo bien, qué coño. Y aunque nadie se lo crea, queremos creer que así también se gana.

Vamos a dar un verdadero espectáculo. Vamos a seguir a lo nuestro. Hasta desfallecer. Sobre todo, vamos a darles un adversario. Uno mas soñador que digno, uno jodido de verdad. Y pasándolo como enanos.

Y volver a ganar.

JJG.

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Crónica gastronómica: Armonía setas y vino 2014

Buenas gente, aquí les vengo con lo prometido. Ya les conté la última vez que paré por aquí que tenía en la cabeza incluir de la manita el buen comer y el buen beber en los cimientos del ideario del blog. Todo ello por supuesto en la línea de ese afán constructivo (ínfulas de influencer) que tan bien tengo escondido y tal y tal. La idea es presentar una suerte de crónica gastronómica (no tengo ni paladar ni experiencia para atreverme con la crítica) de mi última aventura culinaria. Al lío.

Curiosamente, el asunto empieza como una buena historia de miedo: un apacible encuentro durante el puente de Todos los Santos (que no fue tal, todo sea dicho), en un pueblecito de Soria, allá donde las ánimas llevan empadronadas más de 150 años, a pesar del frío. Algo tiene Soria, oiga.

Aprovechando tan maravilloso contexto, el Restaurante Cintora (El Royo, Soria) lleva celebrando durante el último lustro toda una experiencia mística. De la mano de la Asociación Micológica de El Royo y de José Ignacio Junguitu, “Armonía setas y vino” cumplía su sexta edición, con otro original encuentro culinario.

Un menú degustación de ocho platos, cada uno acompañado de un vino especialmente seleccionado, resume el -tan sencillo como efectivo-  modus operandi en el que se apoyan estas sugerentes jornadas. De esta forma, en Cintora consiguen superarse año tras año, hecho constatable en la creciente dificultad por conseguir mesa, amén de la presencia de -cada vez más- distinguidos comensales. Los que me conocen saben que bien poco puede importarme esto último a la hora de elegir dónde comer, pero uno siempre se alegra de que el trabajo bien hecho tenga su justo reconocimiento.

Dado que no pretendo hacer un análisis gastronómico, he seleccionado las que a mi modo de ver, fueron las claves de una velada fenomenal (yo cené el viernes 31, aunque podía reservarse entre más horarios).

La carta

Armonía Menú 2014

Reconozcámoslo, no soy nadie de fiar a la hora de juzgar si algo esta bueno o no lo está. Lo que por otra parte, no significa que no tenga nada que decir. Y desde luego tengo claro que la carta de este año era una auténtica maravilla. Materias primas de primera calidad, desde las más sencillas a otras más únicas y deseadas, unidas de forma innovadora en platos que no pierden de vista la tradición ni  las influencias de otras cocinas.

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Manitas trufadas y tosta de micuit con colmenilla (morchella), dos de los platos preferidos.

Por otra parte, nos encontramos una selección de vinos variada, atrevida y (en mi modesta opinión) acertadísimamente elegida. Igualmente, la elección tanto de opciones sencillas como  de caldos más exclusivos o peculiares aportó una refrescante nota de diversidad. Curioso debate se trajo la manzanilla sanluqueña.

Selección de los vinos. Destaca el Coto de Imaz embotellado en 1970.

La magnífica elección del menú solo reafirma una conclusión con la que ya trabajaba desde hace tiempo, y que (creo) no conviene perder de vista en estos tiempos de top chefs y estrellas Michelín a la orden del día.  A pesar de que muchos productos de tinte (y coste) premium tan fomentados en algunos sectores de alta cocina, puedan suponer excepcionales vivencias culinarias (como las morchellas o el vino antiguo), para comer y beber de maravilla no hacen falta grandes desembolsos y sí buena mano a la hora de elegir.

El equipo

Una parte fundamental a la hora de conseguir que la cena resultara toda una experiencia, fue la excelente coordinación entre todas las partes del equipo responsable de las jornadas.

En primer lugar, toda la plantilla de Cintora, que encabezados por el jefe de cocina, Jesús Jimeno Medrano “Suso”, consiguieron que el desarrollo del evento resultara realmente satisfactorio, con una combinación de protocolo, buenas formas y cercanía. Desde la cocina hasta el personal encargado de las mesas, todos demostraron tanta profesionalidad como  soltura y simpatía en la atención al cliente.

El equipo en plena faena.

Siempre he considerado que para motivar el gusto de alguien por alguna cuestión en particular, hacen falta expertos, pero también es fundamental que estos sean grandes comunicadores. A los requisitos de esta idea se ajusta perfectamente José Ignacio Junguitu, todo un especialista en vinos (además de un amante de los vinos antiguos), que igualmente puede presumir de un gran carisma y una buena dosis de habilidad comunicativa. Sus explicaciones, apreciaciones y anécdotas son siempre tan ilustrativas como bien recibidas por el cliente.

Finalmente, agradecer su trabajo a todos los participantes de la Asociación Micológica de El Royo, encargados de realizar una pequeña introducción a la parte más técnica de las setas que se degustarían durante la cena, así como de la realización de fotos y la presentación del evento.

El ambiente

Sin querer desprestigiar en absoluto el resto de ingredientes de una cena maravillosa, creo que el ambiente durante la jornada resultó ser el factor que verdaderamente redondeó el asunto.

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Disfrutando rodeado de buenos amigos.

Creo que no hay una mejor forma de sazonar una experiencia gastronómica de tanta calidad que con una atmósfera distendida, cercana y divertida. Y más teniendo en cuenta que con cada plato tocaba una señora copa de vino, con lo que irremediablemente conlleva. Huyendo de egos y “estiramientos”, más habituales de lo que nos gustaría, tanto la clientela como los organizadores y el personal crearon un entorno muy agradable y festivo.

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Un colofón espectacular. Miguel Pérez, componente de Jazset, interpretando a la guitarra uno de los temas que prepara en colaboración con la Asociación Micológica.

Las bromas de Junguitu, los reparos de Suso sobre algún plato, y los cánticos de la clientela y la asociación representan una buena muestra de lo que pretendo contarles. Si mientras disfrutas de la cena los encargados son capaces de mostrar lo que estas comiendo y bebiendo, su origen y proceso de elaboración, sus propias dudas al respecto e incluso se interesan sinceramente por tu opinión,  no sólo aprendes, si no que la noche adquiere otro grado, convirtiéndose en toda una celebración.

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Alternando con las ánimas.

Para acabar, agradecer una vez más todo su esfuerzo a  los responsables de llevar todo esto a cabo, y aprovechar para mentar las jornadas de caza de Cintora, que empiezan próximamente y que no pienso perderme.

Besos y abrazos.

JJG.

*Fotos; cortesía de A. García Tabernero.

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En defensa de los (mis) vicios

Regreso impuntual (para variar) a la cita con mi alivio personal. Como siempre, lamento el retraso. Esta vez no lo atribuiré a la falta de tiempo o de inspiración artística en un absurdo intento por hacerme el interesante, ya saben, simplemente lo soy. Dejémoslo en que con más frecuencia de la que nos gustaría, encontramos agradables obstáculos personales, de esos que cuesta considerablemente salvar o atravesar, y que desde luego ni nos hacen avanzar demasiado, ni merecen rédito alguno.

Regreso cargado de ideas y con muchas ganas. En el coco manejo las siempre habituales reflexiones, tan pretenciosas como sinceras. Tengo en mente algo de cine, recuperar la sección de moda, más hombres de verdad, mi complicada relación con Podemos, incluso una potente cursilada. También tengo a punto de caramelo un sucedáneo de crónica gastronómica del último fin de semana, me parece muy de recibo incluir el buen comer y el buen beber como uno de los mantras absolutos del blog.  Así que si me iban cogiendo cariño mientras estaba calladito, no se preocupen que les volveré a dar razones para pensar por qué cojones siguen leyendo a este cretino.

Pero antes de nada, les ofrezco otra de esas peroratas biliosas al respecto de actitudes tan molestas como recurrentes en mis “semejantes”. Esta vez no estará incluido dentro de mis amados “Deportes Nacionales” ya que al tratarse de una suerte de new wave tocapelotas, no puedo considerarla una costumbre arraigada por el momento. Y, por qué no decirlo, confío en que desaparezca, quizá para volver esporádicamente y de nuevo diluirse, como los pantalones de campana.

De un tiempo a esta parte, se habrán fijado, la gente va renegando de los vicios ancestrales de práctica habitual. Probablemente atraídos por esta nueva moda del fitness como forma de vida, vicios tan jodidos como dignos llevados con moderación, están al borde de la ilegalidad social. Últimamente me emociono cada vez que encuentro a un tipo de treinta y pocos que sigue jugando de vez en cuando con sus colegas al fútbol-cañas, y no se está preparando una media maratón. Definitivamente, el runner antivicio se reproduce por esporas.

Y ojo no me malinterpreten. Soy un convencido defensor del deporte como parte importante de la vida del ser humano que pueda permitírselo. Practico o he practicado regularmente más de diez deportes distintos a lo largo de mi limitada experiencia vital, y puedo hablar con cierta propiedad al respecto. Además, creo firmemente en la importancia de llevar una buena alimentación, saber lo que se come y el efecto que tiene sobre nuestro cuerpo. Vaya, que me encanta hacer deporte, comer bien y cuidarme en general.

Eso sí. Si salgo a cenar, ceno lo que me da la gana, me tomo un par de copas de vino, quizá un combinado al final, y si se tercia, algún cigarro durante el mus. Si salgo de fiesta, me tomo mis respectivas copas y fumo los cigarros que considero necesario. ¿Son costumbres saludables? respuesta fácil, no. Mi respuesta, pues oiga, según como se vea.

Con cada vez más frecuencia me encuentro personas que me miran como si fuera una especie de monstruo-yonqui por mantener orgulloso estos vicios. Y, honestamente, me repatea. Y más viniendo de personas que van a analgésico diario ya que tienen las rodillas destrozadas a base de entrenar por encima de lo recomendable. Evidentemente el alcohol y el tabaco no son los mejores aliados de una correcta salud, sobretodo cuando su consumo supone una adicción. Sin embargo considero que en unas proporciones razonables y controladas, desde luego no van a aportar maravillas a tu salud física, pero si pueden hacerlo a nivel mental. A pesar del bombardeo televisivo que trata de convencernos que te tomas unas copas de más, y en 2 meses estarás  mendigando vagabundo por una gota de alcohol, o incluso robando la televisión a tu abuela pensionista para comprar algo de jaco, esto no va así. Yo soy el primero que siente rechazo hacia el borracho habitual, el fumador compulsivo o el mórbido que ni respira para zampar. Sería ridículo negar las catastróficas consecuencias que tienen el acoholismo o el tabaquismo para el ser humano, ahí están las cifras. Pero me parece igualmente innegable que su consumo moderado puede aportar una chispa maravillosa a la vida, siempre con responsabilidad.

Y es que eso mismo debe ser un vicio, una responsabilidad, un contrato con uno mismo. Al igual que ocurre con esa preciosidad salvaje y de salud mental difusa que ignoras como narices se fijó en ti, sabes que no será bueno a largo plazo, que no debes encariñarte. Sabes que de hacerlo, te joderá la vida a ti y a quien te quiera para entonces. Pero de la misma forma, si tienes los arrestos de no dejar que se te suba a la chepa, de limitar la relación a magreos esporádicos, o de regularidad amplia,  de disfrutar puntualmente de la compañía mutua, puede suponer una experiencia, un combustible magnífico. Seguramente te quite años de vida, pero no querrás cambiar nada de los vividos.

Hemingway en Pamplona, empinando el codo en buena compañía.

Lo cierto es que muchos de estos vicios denostados (descartemos las drogas duras) han hecho las veces de  lubricante creativo de artistas históricamente reconocidos, han marcado estilo y tendencia, han sido adalides de clase y romanticismo, cuando no de puro arte.

Generación del 27 disfrutando de unos pitillos

Y no nos engañemos, las tragedias asociadas a estos vicios, ya sean el alcohol, el tabaco, las carnes rojas, o los dulces, no son tanta culpa de los propios productos (que la tienen), como de quien elige consumirlos sin control ni en la dosis ni en la situación. Yo mismo tengo mis vicios (considero) razonablemente controlados, y apenas noto consecuencias de su consumo. Cierto es que a veces la frecuencia puede escaparse de las manos, pero con 24 añitos, si no lo hago ahora, no lo haré nunca. Y quiero hacerlo. A día de hoy creo que de su mano he vivido momentos maravillosos (suena feo, pero negarlo me sonaría hipócrita, que es peor) y no está en los planes inmediatos eliminarlos de mi vida, si no restringirlos a esas ocasiones especiales en que puedan ayudar a redondear el panorama. Esa, creo, debe ser su función.

Paul Newman, con el cigarrito de después.

Por todo esto, por lo general no me fío de personas sin vicios aparentes, y apuesto por las que se hacen responsables de ellos y actúan en consecuencia.

De la misma forma que el tiempo en el único sitio que pone a cada uno es en su respectiva tumba, puede que alguno de mis vicios acabe por matarme, pero de no ser por ellos, el camino a ese final habría sido definitivamente menos interesante, y sobre todo más aburrido.

Besos.

JJG.

Bellisimo post de verano

Buenas buenas a todos, amantísimos lectores. Soy consciente de lo inexcusable de mi retraso, ya saben que entre exámenes y demás follones uno tiende a perder las buenas costumbres. En compensación, eso sí, hoy les vengo con una gorda. Con la belleza. La mala puta. Eso sí, en mi renovado afán constructivo, trataré de llevarlo con cierto dinamismo. Ya verán lo que les digo.

Siempre me he llevado mal con la belleza, así, a las claras, por resumir. No tanto por repelente como por mi condición de “explicador”. Cómo habrán podido comprobar, me siento mucho más a gusto en un mundo que puedo razonar, que puedo descifrar, que, en definitiva, puedo controlar. Me dicen que soy muy lógico, que no me dejo llevar. Lo que no saben es que disfruto de esa tan impopular lógica, que me crea poderosas emociones. Me parece mucho más sexy una buena conversación que cualquier baile de apareamiento etílico o el baboseo de orejas con falsos piropos. De ahí lo plasta que soy (que lo soy). Puede que trate de convencer a alguien, puede que me lo pase como un canijo.

Ahora bien, la belleza es tan jodida que no hace falta explicarla, quizá no se pueda. Y ahí, siento reconocer, me tiene bien cogido por los huevos. La belleza ataca y doblega principios pensados y trabajados, la belleza pervierte nobles espíritus y arrodilla honorables orgullos. Es caprichosa, selectiva, y en absoluto equitativa. Trabajas para ella, y sin embargo te humilla, al tiempo que rezas para que no te ignore. Cuando infeliz crees disponer de una digna dosis en propiedad, vuela para no volver (“son malas, tío”).

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Una vez realizadas las aclaraciones previas, me han avisado de la sociedad de blogueros con ínfulas intelectualoides, pidiéndome que por favor hiciera referencia a “La Gran Belleza” (aunque fuera de refilón), o  me prohibirían la entrada a Malasaña. Con intención de no enfadar a tan ilustres modernos y viniendo como viene al caso, a eso voy.

No se piensen por mis palabras que no me gustó la película. De hecho me encantó, pero acabé tan hasta los huevos de la postproducida masturbación colectiva que decidí no hacer mención hasta pasado un tiempo prudencial. Concretando, se trata de un análisis de la belleza mucho más elocuente (y menos resentido) que el mío. Dejando a un lado lo recomendabilísimo de su(s) mensaje(s), la peli me fascinó estéticamente hablando. Todo un poco recargado, muy definido, pero en mi cabeza funcionaba, y aunque sea un rollo muy “esteta”, me convenció. Así que ahí queda la recomendación.

Y tirando del hilo, y con cuidado de no caer, me dispongo a escupir una lista (si, de esas de revista de verano, lamento la originalidad). Una lista de cosas que hacer este verano. Cosas, que desde mi punto de vista, puedan acercarnos a la puta de la belleza. A disfrutarla, compartirla, observarla, incluso a poseerla. Sé que no la importa, pero esta vez voy de buenas. Busco una reconciliación sincera.

Antes de nada, un apunte. Según escribo ignoro cuántos puntos saldrán. Hago esto con el honorable objetivo de no venderles mierda de relleno. Pues ale, al lío.

1. Madrid en verano también mola. De hecho se pone íntima con los prisioneros. Aproveche y métale mano.

2. Baje a tomarse esa cerveza al sol. Aunque sólo sea una. Aunque sólo sean 20 minutos. Ese ritual se echa tanto de menos el resto del año que hay que repetirlo siempre que se pueda. Cañita en mano y que pique el sol.

3. Vaya a dónde vaya, acérquese a un mercado local, compre algo y cómaselo. No hace falta algo muy complicado, unos mejillones del puerto hervidos o un buen queso de esa carnicería será suficiente. Ojo, no vale el pack ultracongelado de “setas de la tierra” del Mercadona.

4. Por supuesto, no se lo coma sólo. Coma en cuántas más casas diferentes mejor. Y no se ponga tonto para poner la propia. “Que cada uno lleve algo” es un invento magnífico.

5. Dele al vino blanco. Hay cosillas mu baratas y mu ricas que permiten dejar al lambrusco en la estantería del súper hasta que la novia tenga cena con las amigas.

6. Si hay que beber, se bebe. Sin chorradas. Agárresela y no vaya de digno. Pero recuerde, su pedo no justifica todas las estupideces que haga, así que selecciónelas con cuidado.

7. Lea. Libros. No me vale el Cuore en la pisci. Algo ligerito si quiere. Pero lea, coño.

8. Estudien. Si, me van a pegar. Pero si han suspendido es lo que toca. Y si no, pueden aprovechar para tirar de coursera y darle caña a ese tema que tanto les  interesa. Así, sin que sirva de “nada”. Sin que les paguen por ello o les den créditos. Hay muchas  más razones para hacer las cosas que por dinero o sexo. Por saber y punto.

9. Postureos los justos. Que sí que sé que todo ese rollo motivacional puede ayudar a conseguir ciertas cosas. Pero no hace falta publicarlo hasta en el BOE, que no somos ni Brad ni Angelina, ni estamos en la California estival.

10. Baile con ella. Pero bien. La coge, bonito y despacito. Sin perreos, saltos ni pasos bajo brazo porque sí.

11. Siéntese con sus mayores. Todo lo que pueda. Son una lección continua, afine el oído para escuchar. ¿Qué habrían hecho si tuvieran tu edad sabiendo lo que saben ahora?. Puede partir con ventaja. Sus mayores no tienen por qué ser precisamente ancianos. Casi cualquier persona con unos años más que usted, probablemente tenga algo que enseñarle.

12. Pasee sólo. Me gusta más de noche. El cigarro es opcional.

13. Aprovechen y dediquen un tiempo a los grandes del cine clásico. Es uno de las mejores cosas que pueden hacer con su tiempo libre. En serio. Aunque sólo sea una película. No se arrepentirán.

14. “Las mujeres no se buscan, se prueban”. Lapsus de sabiduría de un gran amigo. Perfectamente aplicable a la inversa. Ya saben.

15. “Si te sales del rebaño, no te quejes de los ladridos”. Es lo que toca. Si tienen los arrestos a hacerlo, lloros los justos. Sabían dónde se metían. Apechuguen.

16. No sean diferentes por serlo. Si sus actos acaban por diferenciarlos, perfecto, pero no busquen esa exclusividad, no acaben siendo tan “diferente como todos”.

17. Acérquense a alguna exposición o paren en lugares inspiradores. Por una parte dicen que todo se pega. Por otra, a las malas, seguro que aprenden algo.

18. Hagan deporte, pásenlo bien. Un partidito de fútbol, un tenis… suden pero sin obsesiones. La vigorexia es jodidamente hortera. Tampoco es completamente necesario prepararse una maratón al cumplir los treinta. Sobretodo muévanse, no vale el ajedrez.

19. Jueguen una partida de ajedrez. Aunque sea de sparring.

20. Dejen de hacer una cosa que no quieran hacer. Si, de esas que siempre acaban haciendo.

21. Practiquen el noble arte  de la siesta ceporra. Sin pudor. Uno de los vicios más dignos.

22. No confundan humildad con falsa modestia. Si creen ser razonablemente buenos en algo, se dice  (ojo, no se publica).

23. Ponte guapo. Porque sí. Sobretodo va por los chicos. Que está visto que en verano cuesta.

Hasta aquí el tostón. De momento. Me reservo el derecho a añadir alguna cosilla más si así lo considero. Se aceptan sugerencias.

Ahora viene lo divertido. Me comprometo a publicar una foto-prueba cumpliendo punto por punto la lista en mi cuenta de Instagram. De la misma forma, les invito a que hagan lo propio con sus favoritas, cuantas veces crean necesario. A ver que sale. Pásenlo bien.

Besos.

JJG.

PD1: El título pretende que sea leído como bellisimo, en italiano. No falta una tilde, falta poder cambiar la fuente en los títulos. O que yo aprenda esa magia oculta.

PD2: Todas las imágenes están tomadas de la película “La gran belleza”, de Paolo Sorrentino.

 

 

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Ya habéis ganado

Bienvenidos sean queridos lectores a mi regreso por los fueros de la blogosfera. Lamento informar a mis seguidores más poco futboleros, que sí, que hoy toca fútbol. Y toca fútbol porque aunque ya he escrito un par de veces al respecto, no puedo dejar pasar esta oportunidad para dejar clara mi postura, me la pela la poca gente a la que le importe. Por otra parte, ojo, porque toca fútbol, pero toca (mi) vida. Cómo dice aquella famosa frase, ” Aquellos que dicen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida, no sé cuanto sabrán de la vida, pero desde luego no tienen ni puta idea de fútbol”. Al loro. Por esta vez dejaré los argumentos futbolísticos para otros. Para los analistas deportivos del carajillo y el sol y sombra. Hoy vengo a hablar de sentimientos, que si bien no son suficientes por ellos mismos, han sido el punto distintivo de este año. Un antiguo entrenador mío decía que las habilidades técnicas eran sumatorias, pero la actitud siempre resultaba por revelarse multiplicadora. Y eso ha sido este año el Atlético de Madrid. El esfuerzo no se negocia, partido a partido. Al final, a los chicos de los millones les toca batallar con el tolái que le echa cojones.       El caso es que mi Atleti esta a dos partidos de alcanzar la gloria más absoluta. Dos partidos, curiosamente contra los dos gigantes, los poderosos, los equipos más omnipresentes y de mayor presupuesto del planeta. No sólo son los títulos, también son los rivales. Y como les iba diciendo, es mi vida. O al menos como yo he elegido verla. Desde que tengo uso de razón, sólo he escuchado que debía de ser bueno. Que tenía que ser trabajador, honrado, sincero, generoso y solidario. Que con esfuerzo y buena fe todo puede llegar a conseguirse. Que los que siguen otros caminos, o consiguen sus cosas sin esfuerzo, están condenados a la frustración y a la soledad, por no decir al mismísimo infierno. Pero resulta que casi 24 años después del día de mi nacimiento aún me pregunto a veces si todo esto fue una broma pesada. Si todo ese ritual de la bondad es un arma retorcida para engañar a los chavales y quitarse rivales de en medio para el futuro. Todo el éxito que me rodeaba, siempre había venido de un talento sobrenatural, una situación privilegiada, o de unas actuaciones perversas (cuando no todo junto).  Nunca de parte de todo aquello que me enseñaron. De esa zona sólo me he cruzado con la resignación y el orgullo ciego de quien cree hacer lo correcto, y que encontraba en mí mismo. Pero un día llegó el Cholo y cambió todo eso. Demostró que se puede llegar a lo más alto sin ser los más rápidos, los más buenos ni los más guapos. Que se puede luchar por todo sin disfrutar de una posición privilegiada,  un talento por encima de la media, o dinero que lo compre. Vino a constatar que el esfuerzo sirve para algo más que para acostarte hecho mierda y llevarte de vez en cuando una medalla por participar. Esta siendo, sin lugar a dudas, el ejemplo que yo necesitaba.     Por todo esto, quiero creer, estoy obligado a creer. Pero no puedo dejar de lado ese sentimiento que todo atlético, ya sea por pupismo absurdo o por el tembleque previo a la batalla, padece. Y es que estamos todos con el corazón en un puño, sabiendo que es posible que nos vayamos de vacío. Tenemos todo en contra, menos nuestra actitud. Después de la excelencia absoluta, después de competir toda la temporada al nivel de los gigantes, incluso por encima.  Después de ser el único equipo invicto en Champions y siendo líder durante las once últimas jornadas. A la mayoría de Atléticos  les atormenta esta idea, sin descanso. Yo mismo soy incapaz de conciliar bien el sueño últimamente. Pero he tenido lo que creo, una revelación. ¿Voy a ser yo el que venga a tranquilizarles con mi predicción del doblete? no. Pero si voy a ser el que venga a tratar de poner los puntos sobre las íes, y a convencer a todos ellos, de que ya han ganado, ya hemos ganado. Todo esto me vino a la mente mientras hablaba con un buen amigo al respecto, madridista para más datos. Entre divertido y acongojado, me recordaba que nadie se acuerda del subcampeón, ni de cómo llegó hasta la final. Eso es cierto, le dije. Pero yo no soy del Atleti para que nadie se acuerde de mí. Y no estoy tratando poner la venda antes de hacerme la herida, consciente de que la herida sería tan profunda que la venda resultaría inútil. Y aún empapado por la sangre de la derrota,con lágrimas en mis ojos, seguiré sintiendo orgullo. Consciente de que puede que el día de mañana nadie se acuerde de este Atleti, el mismo que yo, de seguro, jamás olvidaré. Pase lo que pase. Pese a quien pese. A por las finales. Vamos Atleti. Punto. JJG.  

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